José Antonio Pérez: “Tenía unos cuatro años cuando mi padre me llevó a ver una función de cine…”

José Antonio Pérez Navarro se declara un “cinéfilo empedernido”, y por el brillo que asoma en sus ojos cuando habla del séptimo arte, puedo asegurar que lo es.

Descubrió la magia del cine siendo un niño, y desde entonces le ha dedicado parte de su vida, incluso como gerente de uno de los antiguos cines existentes en Bigastro. Sobre la amplia mesa de su despacho, colmada de maravillosos carteles antiguos y de entrañables recuerdos, José Antonio nos conduce en un viaje a través del tiempo, donde rememoramos aquellas inolvidables tardes de cine de pueblo.

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José Antonio junto a su maravillosa colección de material cinematrográfico

Pascual Segura.  Te declaras un cinéfilo empedernido. ¿Cuándo surge tu afición al cine?

José Antonio. Tenía unos cuatro años cuando mi padre me llevó a ver una función de cine a la sala existente en el pueblo, por aquel entonces era el “Cine de Alberto”. Debido a un corte de electricidad la proyección se suspendió -esto ocurría con mucha frecuencia en aquella época-, y tuvieron que aplazar la proyección para el día siguiente. La ansiedad que me produjo querer ver la función y no poder, me convirtió en un cinéfilo empedernido.

P.S. ¿Cuándo supiste cómo debía gestionarse un negocio de cine?

J.A. Tendría entre los diez y quince años. Estaba aprendiendo el oficio de mancebo en la farmacia de mi primo el farmacéutico, Antonio Gálvez.  Hubo una época en la que Antonio junto a mi otro primo Francisco Andreu, llevaron en arriendo el “Cine Pérez-Miravete”, y la programación se ejecutaba en la farmacia. La contabilizaba mi maestro D. José Nieto, que me daba acceso a la publicidad y a la programación de las pelis que se proyectaban con posterioridad. Como niño que era, me producía mucha emoción conocer de antemano las películas que se proyectarían días después en Bigastro.

PS. ¿Cuántos cines hubo en Bigastro?

J.A. Tres. Primero fue el Cine Alberto. Una vez desaparecido éste llegaron los cines Pérez-Miravete y Grau.

P.S. ¿Cómo eran aquellos cines?

J.A. Del “Cine de Alberto”  recuerdo  un grandioso salón llenos de filas de butacas, con grandes pasquines de publicidad de películas pegados a las paredes con una cartelera junto a una de las puertas de la entrada.

Del “Pérez-Miravete” recuerdo un gran patio de butacas pintadas de rojo de más de quinientas localidades. Había un pasillo central ancho y dos laterales más estrechos. En la mitad de la sala otro pasillo algo más ancho. Tenía un anfiteatro -conocido como gallinero- con butacas en la parte frontal, y detrás con cuatro o cinco grandes escalones de obra. Recuerdo que desde el último escalón los niños podíamos poner la mano para interferir en la proyección.

Las paredes tenían corcho y fibra de vidrio para conseguir un buen sonido. Frente a la pantalla había una gran cortina roja, y en el flequillo de la parte superior un letrero que ponía “Cine Pérez-Miravete”.

El vestíbulo tenía tres puertas que daban acceso al salón a través de los tres pasillos. Estaba repleto de pasquines de las próximas películas a proyectar. Había una cantina con una barra que daba al vestíbulo, donde se vendían cartuchos de pipas a real, sidras y limonadas. Junto a la cantina unos aseos independientes de los del anfiteatro, ya que se accedía por distinta puerta. Por último, había una pequeña habitación con su puerta que era la taquilla donde se dispensaban las entradas.

Del “Cine Grau “. Manuel Grau, su propietario, trasformó parte de su almacén de almendra – situado en la fachada de la calle General  Yagüe- en un cine de verano, ubicándolo en la parte interior y dejando de almacén la parte con acceso a la calle, donde con posterioridad se instalaría el cine de invierno.  Se inauguró con la proyección de la película “El halcón y la flecha” con un lleno impresionante.

Mi tío Tomás Navarro, con quien trabajé toda mi vida, se convirtió en el dueño de todas las salas, así como de la construcción del cine de invierno, y yo ejercí el puesto de gerente, derivando en mí todo lo relacionado con la contratación, programación, billetaje, transporte, contabilidad, actas de inspección, conformidad etc.

Existía una red de empleados para el buen funcionamiento del cine: taquillero, operador, acomodador, portero, personal de limpieza, etc.

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Antiguas etiquetas empleadas para el transporte de los rollos de películas

P.S. ¿Cómo traían y llevaban las películas a otros cines?

J.A. Al tener contratado de jueves a domingo, los distribuidores enviaban las películas por transporte -normalmente a través del autobús de línea-, para que obrase en nuestro poder el jueves. Lunes por la mañana la devolvíamos a través del mismo medio de transporte.

En los últimos años el transporte se organizó a través de “Transportes Films”, una empresa especializada en películas. Los empresarios las recogíamos y devolvíamos en un lugar determinado. Primero en el garaje del “Hotel Palas” y después en el garaje Duque, de la vecina Orihuela.

P.S. ¿Con qué criterio se compraban las películas que más tarde se proyectaban?

J.A. Para la contratación de las películas, las casas distribuidoras tenían su red de agentes que se desplazaban a todas las localidades del país, para presentar sus listas de contratación compuestas por varias películas. Podían oscilar entre una y veinticinco, en función de la fecha de presentación de la siguiente lista.

Por ejemplo en Bigastro, cuando el agente visitaba la plaza para contratar la lista juntos, negociábamos los precios de cada una de las películas que componían la lista y se firmaba dando conformidad por el alquiler, que normalmente era de jueves a domingo.

P.S. ¿Dónde y cómo se anunciaban las películas que iban a proyectar?

Recuerdo que las funciones que se proyectaban en la sala del “Pérez Miravete”, en programas dobles, se publicitaban a través de una cartelera rodeada de luces que se encendían un par de horas antes del comienzo, y donde se indicaban las películas a proyectar y la hora de comienzo. Estaba instalado en la casa de Paco el del Molino, ángulo de la Calle Purísima con el pasaje Dr. Fleming. Aquel que no había visto ninguna publicidad, viendo la cartelera con la luz encendida sabía que a continuación había función de cine.

Una vez que se contrataba una película era anunciada en un gran afiche que se colgaba en la pared del vestíbulo del cine. La semana de la proyección se colocaban diez o doce afiches de cartón en las carteleras, tanto en la puerta del cine como en el centro del pueblo,  tanto en la esquina del pestillo como junto al “Bar Pachicha”.

Los domingos en el vestíbulo de la iglesia se mostraban los afiches  –pequeños programas-  de las películas. Éstos venían con la calificación establecida por la censura de la época recomendada por edades del siguiente modo: un 1 para todos los públicos, el 2 para mayores de catorce años, el 3 para los mayores de dieciocho, el 3R para las películas “con reparo”, y el 4 para aquellas que solo podían ver unos pocos…

También los domingos a la salida de misa se distribuían unos afiches de mano de una de las películas a proyectar, que previamente se habían llevado a la imprenta, y por detrás se ponía la hora de las películas con un pequeño comentario. Algunas veces se publicitada en la radio.

P.S. ¿En qué momento desaparecen los negocios de cine y por qué motivo?

J.A. Fue a consecuencia de la popularidad alcanzada por la televisión, y posteriormente por ser la época en la que empezaron a florecer los llamados “videoclub”, los cuales permitían el alquiler de películas que podías ver cómodamente en el salón de tu casa, sin la necesidad de desplazarte a una sala de cine, que además era más caro. También influyó el negocio de la construcción, pues los empresarios se encontraron con enormes solares para poder edificar situados en los centros de los pueblos.

P.S. ¿Qué anécdotas recuerdas?

J.A. Recuerdo una anécdota de aquellas fechas en la que un domingo que estaban anunciadas dos películas, no sé por qué motivo no vino una de ellas y con premura mi primo Toni se tuvo que desplazar con su Volkswagen escarabajo a una casa distribuidora de las que había en Murcia. Trajo una película sustituta y no veas mi alegría cuando ví que era “Atila Rey de los Hunos”, ¡una película de acción!, que eran de las que nos gustaban a los jóvenes.

En cierta ocasión el “Cine Cano” de Jacarilla y el “Pérez-Miravete” de Bigastro compartieron películas para que saliera más económica su adquisición.  Cuando acababa una película en Bigastro tenía que llevarla rápidamente en coche a Jacarilla.

Recuerdo que un día íbamos muy pillados de tiempo y a la altura del puente de Jacarilla, al coger la curva más rápido de lo normal, el coche me dio un trompo y quedé cruzado en la carretera con el morro fuera del puente.

Intenté arrancarlo lo más rápido posible, pero como tenía una velocidad metida lo que hice fue darle otro empujón hacia el vacío. Tuve que calmarme y cuando estuve seguro de poder hacer las cosas correctamente, lo arranqué y metí la marcha atrás. Entonces pude salir de allí y llevé el rollo de la película a Jacarilla, donde me esperaban desde hacía rato.

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Migas

Ingredientes

Sin título

  • Medio kilo de pan del día anterior.
  • 4 chorizos.
  • 200 gramos de tocino.
  • 2 pimientos verdes.
  • 8 dientes de ajo.
  • 120 mililitros de aceite de oliva virgen extra.
  • Unos 100 mililitros de agua.
  • Sal.

 

 

Preparación para cuatro personas

  • Ponemos en la sartén o cazuela el aceite y freímos el chorizo y el tocino que cortamos en trozos.
  • Sacamos y reservamos.
  • Freímos los pimientos, lavados y cortados, sacamos y reservamos.
  • Incorporamos los ajos, sin pelar en el aceite y cuando comiencen a dorarse añadimos el pan, que hemos desmigado, lo mojamos un poco con el agua en la que diluimos un poco de sal, y comenzamos a cocinarlas.
  • Tendremos que ir removiendo constantemente para que el pan se suelte y comience a dorarse, ese es el momento en que ya están listas, tardarán unos 20 o 30 minutos.
  • Añadimos todo lo que teníamos reservado y mezclamos un par de minutos.

¡Buen provecho!

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La Vela Nocturna. Una antigua formación mística bigastrense

Días atrás conversaba con un amigo sobre la venida de las fiestas patronales en los pueblos que integran nuestra comarca. También sobre la actividad de sus asociaciones culturales y colectivos festeros. Y es que cada pueblo tiene su patrón, su patrona, su banda de música, sus tradiciones y sus formaciones. Unas conservadas, otras desdichadamente olvidadas.

En la que será la última reseña, escribiré sobre “La Vela Nocturna”, una antigua y desaparecida formación mística bigastrense. Y que mejor manera de llegar hasta ella, que viajando en el tiempo hasta el mismo día de su fundación. Para ello, retrocedemos las manecillas de nuestro reloj hasta la madrugada del doce de septiembre de 1909.

La vela, símbolo de Fe

La vela, símbolo de Fe

Nos encontramos en la Plaza de la Iglesia. Una plaza amplia, rodeada de desiguales, sencillas y bonitas casas de pueblo. Justo cuando la campana de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén anuncia las doce de la noche, levantamos la vista al cielo donde surgen dos grandes bolas de fuego desde dos de las principales entradas a Bigastro. La primera bola brota desde la entrada a Bigastro desde Orihuela, estallando en el cielo con una fuerza que zarandea los corazones de todos sus vecinos. La segunda bola se eleva desde el camino de Jacarilla, y aunque ya no espanta, asombra explotando e iluminando el cielo del pequeño y tranquilo lugar de Bigastro.

El olor a pólvora quemada anuncia la llegada de cuatro comisiones procedentes de Elche, Almoradí, Orihuela y Crevillente. Una vez anunciada su presencia, penetran en el interior de sus callejuelas, alumbradas para la ocasión con decenas de lámparas de aceite en sus cruces, y centenares de velas que dispuestas sobre las ventanas y portales de las casas, iluminan el camino que los comisionados deben seguir hasta llegar al mismísimo corazón de Bigastro, su Plaza de la Iglesia. Lugar donde las comisiones serán recibidas por las autoridades civiles conducidas por el alcalde Agustín Fuentes Vaíllo, por las autoridades eclesiásticas y por nuestra Unión Musical de Bigastro. Son los prolegómenos de una importante fundación mística: la adoración nocturna.

Una vez reunidas todas las comisiones, ingresan en el interior de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén para saludar a la patrona de Bigastro. Para ello entonaron todos juntos la Salve Regina. Después celebran misa y entonan letras e himnos hasta las cuatro de la madrugada, momento en el que da comienzo una procesión que recorre todas y cada una de las calles del pueblo.

Casas engalanadas con vistosas colgaduras, calles tapizadas de verde follaje y enramado, aromas de olivo y romero, vivas, marchas y pasodobles tocados por la Unión Musical de Bigastro. Un escenario festivo acorde a una celebración mayor en la que se respiraba un aire especial de solemnidad.

Una hora después, y con la llegada de la primera luz del alba, el grupo festivo llega a la Plaza de la Iglesia y allí se dispersa. Había sido fundada la adoración nocturna bigastrense.

La adoración nocturna -renombrada en Bigastro posteriormente como “La Vela Nocturna”- era una agrupación de fieles que, en grupos o de forma individual, se turnaban en las horas de la noche para velar la imagen de Jesucristo muerto. Durante toda la madrugada eran varios los vecinos que, a la luz de las velas, cuidaban y acompañaban a la imagen del Cristo yacente, la cual permanecía en el interior de una urna de cristal. En Bigastro se hacía el Jueves Santo, aunque no era algo único, puesto que este tipo de sociedades religiosas eran muy populares en nuestra comarca a principios del siglo pasado.

Cristo yacente en urna de cristal

Cristo yacente en urna de cristal

Cinco años antes se inauguraban las obras de la antigua, minúscula –apenas cabían diez personas- pero querida por su pueblo, Ermita del Santo Sepulcro.  Una ermita establecida frente a la que hoy conocemos como “la puerta de Álvaro”. Construida en 1752 gracias a los donativos de los vecinos de Bigastro, fue inaugurada y bendecida un año después por el párroco Jacinto Vigo.

Las obras que tuvieron lugar en 1904 maquillaron el daño causado a la querida ermita por el intransigente paso del tiempo, embelleciendo el reducido espacio que ocupaban un hermoso Cristo yacente, protegido en el interior de una urna de cristal con puntas plateadas, y un precioso lienzo de ocho palmos de latitud y cinco de longitud, situado en la cara frontal de la ermita, cuya belleza podía admirarse gracias a las numerosas velas diseminadas cuidadosamente por la pequeña estancia.

En este espacio de voluntad, constancia y fe, construido en el siglo XVIII, reposaba la imagen del Cristo yacente que daría nombre a todo un barrio –Barrio del Santo Sepulcro- el cual sería cuidado y velado durante décadas por una antigua formación mística bigastrense -La Vela Nocturna- hasta el fin de los días de la ermita y la imagen de Cristo. Pero esa es otra historia que ocurrió en otro tiempo. Quizás para otro momento.

Cartel del 50 aniversario de la Adoración Nocturna

Cartel del 50 aniversario de la Adoración Nocturna

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Bigastro, antiguo vicus del Imperio Romano

Hace años tuve la ocasión de participar en la organización de unas jornadas sobre ciudades romanas, que tuvieron lugar en el MARQ.  En ellas dieron a conocer la actualidad de la investigación histórico-arqueológica romana, estableciendo los asentamientos romanos más importantes ubicados en territorio valenciano, incluidos los vicus. En ese instante, debido a su vínculo con Bigastro, comencé a interesarme por este tipo de formaciones urbanas.

Legión romana sobre una extensa llanura

Legión romana sobre una extensa llanura

En la Antigua Roma, un vicus era un grupo de viviendas que pertenecía a un pueblo o a una gran ciudad. Lo que hoy todos conocemos por un barrio. Pero, si Bigastro tiene su origen en el siglo XVIII, con la decisión del Cabildo de la Catedral de Orihuela de fundar en estas tierras su Lugar Nuevo.  ¿Cómo es posible que Bigastro perteneciera en tiempos antiguos al monumental y portentoso Imperio Romano?

La respuesta más natural es la más sensata. Efectivamente, el Bigastro que hoy conocemos jamás perteneció al Imperio Romano, pero sí los habitantes que ocupaban estas tierras antes que nosotros. Y es que la historia de Bigastro no comienza cuando irrumpe como Lugar Nuevo, sino cuando estas tierras son habitadas. Dicho esto, comenzamos nuestro viaje en el tiempo hasta el mismísimo Imperio Romano.

Giramos las sombras de nuestro reloj de sol dos mil años atrás, hasta el periodo en el que se funda la colonia de ilici Augusta (Elche). Una colonia poblada en su mayor parte por veteranos de guerra a los que el Imperio, en agradecimiento a sus servicios prestados, regaló lotes de tierra en el actual campo de Elche.

Estos veteranos contaban  con su propio puerto -situado en Santa Pola-,incluso con sus “carreteras” -la popular Vía Augusta-, gracias a la construcción del ramal que unió el antiguo Camino de Aníbal desde Caudete -en Albacete- hasta Cartago Nova (Cartagena), pasando por Ilici (Elche) y por nuestra Vega Baja.

A lo largo de estas “carreteras romanas” se fueron  instalando albergues dedicados al alojamiento y descanso de viajeros y guerreros, y también pequeños poblados o barriadas construidas en torno a las grandes ciudades romanas.

Por aquel entonces Orihuela estaba compuesta por una serie de aldeas, villas y fincas estacionadas a lo largo del cauce del río Segura –el Thader-, las cuales estaban dedicadas a la explotación agrícola y ganadera. Y ahí, en esa miscelánea de elementos privilegiados donde se cruzaban los caminos de paso del Imperio con los cauces naturales del agua, surgió el vicus de Bigastro.

Tierra fértil, agua en abundancia, la cercanía de las grandes vías de comunicación, espacios elevados. En definitiva, un conglomerado de condiciones óptimas para la construcción de una pequeña población, la cual ofreciera descanso a los guerreros romanos, a la vez que produjera alimentos con los que colmar la gigantesca despensa romana. Pero, ¿cómo era el vicus de Bigastro?, ¿dónde se encontraba? Y finalmente,  ¿cómo se desvaneció en el tiempo?

Figura en pie, con los hombros marcados y con incisiones en el cuerpo. Localizada en Bigastro

Figura en pie, con los hombros marcados y con incisiones en el cuerpo. Localizada en Bigastro

El vicus romano bigastrense no debemos suponerlo como un conjunto de casas agrupadas en torno a una gran plaza,  pues esa aldea inicial que todos hemos imaginado alguna vez aparecería muchos siglos después, ya con el Cabildo de la Catedral de Orihuela.

En base a los estudios realizados sobre el terreno, y tras diversas intervenciones arqueológicas,  podemos suponer a este vicus como una serie de casas o fincas repartidas por las cercanías y los espacios que hoy ocupa Bigastro. Fincas propiedad de veteranos de guerra y señores instalados en un territorio fértil, y cuyas labores domésticas y trabajos eran realizados por familias de colonos y esclavos.

Actualmente podemos documentar la finca de Los Palacios (en la entrada a Bigastro desde Orihuela), y también cuatro fincas más en el entorno natural de La Pedrera. Además, existe constancia documental de vestigios romanos en el mismísimo corazón de Bigastro, reconocido por todos como la plaza de la iglesia.

Todas las fincas bigastrenses -las manifestadas a día de hoy y las ocultas a la investigación- componían una pequeña barriada cuyos habitantes se alimentaban de su huerta y del ganado, beneficiándose del agua de su formidable río Thader. Recursos naturales de un entorno privilegiado que les permitieron comercializar con poblados mayores, intercambiando provisiones por utensilios procedentes de todos los lugares del Imperio, pues así lo ratifican las piezas arqueológicas que han sido rescatadas de las entrañas del terreno bigastrense:

Ánfora Oberaden, empleada para el transporte de vino o aceite

Ánfora Oberaden, empleada para el transporte de vino o aceite

Ánforas comunes y republicanas, monedas, morteros, cuencos, platos, copas, terras sigillatas itálicas procedentes de Italia Central, también de Pisa, de África, ánforas Dressel, empleadas para transportar el mítico garum -salsa de pescado elaborada con vísceras y sangre- y la Oberaden, empleada para el transporte de vino. Lámparas de aceite con una cronología que se extiende desde el mandato de Augusto hasta los inicios de la época Flavia, y así decenas y decenas de piezas arqueológicas que bosquejan con minúsculos trazos una cultura romana tan sumamente rica, que a partir del siglo XVIII confundiría a decenas de investigadores y arqueólogos, los cuales llegaron a atribuir a Bigastro teorías sobre ciudades romanas de mayor rango.

Mapa del s. XIX con la localización correcta de Begastrum

Mapa del s. XIX con la localización correcta de Begastrum

Durante más de cuatro siglos, los hogares del vicus bigastrense, construidos con grandes rocas procedentes de sus lomas y cabezos, y acicalados con grandes arcos de sillería, documentados por diversos viajeros, cumplieron con su principal objetivo: abastecer a la despensa romana gracias a su producción agropecuaria, y servir de lugar de descanso a señores y guerreros. Pero a partir del siglo IV d.C., sus días como vicus del gran Imperio estaban contados.

Ocurrió que comenzó la decadencia del Imperio Romano, y sus ciudades comenzaron a debilitarse, afectando al mantenimiento de las infraestructuras viarias romanas (aquellas carreteras del principio).  Como resultado, el ramal directo de la Vía Augusta entre Elche y Cartagena fue desvaneciéndose, desarrollándose por otra parte una variante interior a través de la ciudad de Orihuela, quedando el resto de barriadas marginadas.

Sin tráfico de viajeros ni guerreros, y sin comerciantes que alentaran la vida de sus habitantes, el vicus bigastrense quedó apartado y condenado a muerte. Paulatinamente, sus vecinos fueron dispersándose por otros vicus, villas y ciudades con mayor población, comercio y vistas de futuro.

Y así quedaron abandonados sus antiguos hogares, testigos de un antiguo vicus, heridos por el desarrollo de los nuevos tiempos, abatidos por el implacable paso del tiempo, en un lugar de paso de una cultura extraordinaria que dejó su huella en el Bigastro más antiguo.

FD: Historia de la Roma Antigua [Lucien Jerphagnon] Época romana. Museo Arqueológico Provincial de Alicante [Manuel H. Olcina]. Historia de la Provincia de Alicante. Bastitania y Contestania del Reino de Murcia [Juan Lozano.] Historia de Orihuela [Francisco Cánovas]. Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano [Edward Gibbon]

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Keith Williamson: “Espero que en un futuro mis fotos ayuden a la gente a recordar el Bigastro actual”

Todo documentalista, investigador o apasionado de un lugar sabe, que no hay crónica más seductora y fiel que la del viajero extranjero. Siglos atrás cientos de forasteros/as como Richard Ford, Lady Holland, Charles Rochfort o George Borrow visitaron nuestro país en busca de conocimiento, de usanzas sociales o de simplemente una tierra exótica como era la nuestra, donde poder vivir aventuras que rompiesen en mil pedazos el rígido molde de su vida cotidiana.

El legado que dejaron a su paso por nuestro país fue cuantioso y trascendente. Y es que si un lugareño puede verse incapaz de despotricar hacia su pueblo, el viajero que llega de fuera no. De esta manera sus crónicas repletas de detalles y críticas son muy valoradas, porque en la mayoría de los casos dicen la verdad.

Bigastro tiene la fortuna de contar con un viajero. Un viajero inglés que durante años ha inmortalizado nuestro día a día con su cámara de fotos. Miles de instantáneas que hablan de tu banda, de tu San Joaquín, de tu Señora Virgen de Belén, de ti, de los tuyos, de tu calle, de tu pueblo. Pasado un tiempo no quedará nadie de los de ahora, ni tú ni yo, quedarán nuestros hijos. Y cuando sus pasos se pierdan en las callejuelas del Bigastro más antiguo se preguntarán… ¿cómo ocurrió todo? Entonces no quedarán huérfanos de historia, pues tendrán la crónica fotográfica de un viajero inglés que años atrás, quizás siglos, dedicó parte de su vida a retratarnos tal y como fuimos, tal como somos, y espero que por muchos años, tal y como seremos. Un maravilloso legado, inmortalizado en el tiempo, y solo a cambio del bello gesto que provoca sus fotografías, una sonrisa. Valga desde mi pequeño blog mi mayor gratitud. Gracias por tu trabajo amigo Keith Williamson.

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Keith Williamson. Asistente de Director jubilado. Fotógrafo

Pascual Segura: En un momento de tu vida decides venir a vivir a Bigastro. ¿Cuándo ocurre ese momento y por qué?

Keith Williamson: Después de nuestra jubilación teníamos intención de mudarnos a otro país y enfrentarnos a nuevos desafíos. Ya que habíamos disfrutado de muchas visitas a España, esta fue la elección lógica. Bigastro nos ofreció una vida en España lejos de Gran Bretaña. Nos pareció una ciudad en la que podíamos integrarnos y aprender español, además de conocer las auténticas costumbres españolas.

PS: Aunque vives muchos años en nuestro país, que ya es tuyo también, debes conservar muchísimos recuerdos de tu ciudad de origen. ¿Cuál era tu ciudad?, ¿y tu profesión?

KW: Nací en Manchester, viví en Yorkshire y después en Canadá. Regresé de nuevo a Yorkshire, y finalmente viví en Wirral. Comencé mi carrera como profesor de arte en una escuela secundaria de Liverpool. Ascendí a Jefe del Departamento de Arte y, por último, Jefe Adjunto a cargo de las Finanzas Locales y la Administración.

PS: Todos te reconocemos junto a tu inseparable cámara de fotos. ¿Cuándo surge tu afición por la fotografía?

KW: Tuve mi primera cámara a la edad de 11 años. Luego compraría mi primera cámara “seria” mientras estaba en la Universidad. Desde entonces he tenido muchas cámaras, ¡la nueva siempre más cara que la anterior!

PS: Tu trabajo con la cámara de fotos ha generado un gran legado fotográfico. ¿Sabes cuantas fotografías has realizado? ¿Cuánto tiempo dedicas a esta afición?

KW: En mi casa tengo miles de fotografías y diapositivas en películas. También tengo carretes de cine que tomé cuando mis hijos eran pequeños. Ahora tengo una cuenta Flickr online con 6.500 fotos que se han visto más de tres millones veces, y un archivo de fotos almacenado en discos duros con más de 100.000 imágenes digitales, junto con muchas horas de vídeo digital.

¡Mi esposa dice que gasto todo mi tiempo en mi afición!. Normalmente paso dos o tres horas cada día trabajando en mis fotografías. Por cada hora que paso tomando fotografías, necesito por lo menos cuatro horas de trabajo para procesarlas en el ordenador y publicarlas en internet.

PS: Durante muchos años has fotografiado las actuaciones de la Unión Musical de Bigastro. ¿Cuál es tu opinión respecto a la tradición musical bigastrense?

KW: La tradición musical de Bigastro es fundamental para la historia y la cultura de la ciudad. Es la base sobre la que está construida. Todavía existe una gran tradición musical en Inglaterra, pero la formación de bandas locales ya no existe. En el norte de Inglaterra había muchas bandas de metales creadas por los trabajadores de las fábricas -especialmente de las minas de carbón- que consiguieron ser aclamadas internacionalmente. La banda de Bigastro me recuerda mucho a ese antiguo orgullo británico.

PS: El antiguo callejero del pueblo o el uso de su huerta invitan a pensar que vivimos en un lugar antiguo. ¿Qué sabes sobre la historia de Bigastro?

KW: Sé un poco sobre la historia de la ciudad gracias a tu excelente sitio web, pero me gustaría saber mucho más. Las diferencias entre la historia de Bigastro y los pueblos en los que viví me fascinan.

PS: De sus calles, plazas, espacios recreativos o áreas naturales. ¿Qué lugar de Bigastro destacarías?

KW: Me gusta especialmente la zona de la Pedrera por su belleza natural y la huerta, que me recuerda a la horticultura de los pueblos donde me crié. Para mí los espacios verdes en las ciudades son muy importantes, y por eso me gustan mucho los jardines y los parques infantiles. Por supuesto, el Auditorio es un gran activo para la ciudad, es un lugar donde hemos disfrutado de muchos conciertos y otros eventos. ¿Sabía usted que, mi esposa y yo actuamos en el escenario para los niños de las escuelas locales? Estuvimos en dos producciones organizadas por la Escuela de Educación de Adultos. También estuvimos involucrados en una producción en el Centro Social Integrado y durante varios años cantamos villancicos a niños en las escuelas locales antes de Navidad.

PS: Bigastro es un lugar donde perduran antiguas tradiciones a las que con el paso del tiempo se han incorporado otras nuevas. ¿Qué tradición o aspecto cultural destacarías?

KW: Aparte de su tradición musical, disfruto de sus celebraciones religiosas, como el Encuentro y Corpus Christi y por supuesto las fiestas, juegos y otras celebraciones.

PS: El Bigastro de hoy debe ser un poco distinto al que viste por primera vez. ¿En qué piensas que ha mejorado? ¿Qué se ha descuidado?

KW: Cuando llegamos nuestra primera impresión fue que la ciudad estaba desaliñada en algunas partes y elegante en otras. Aunque todavía hay mucho trabajo por hacer, se han hecho muchos progresos para mejorar la ciudad. Hay ciudades más hermosas para vivir, pero sin duda no hay ninguna tan amable, acogedora y orgullosa como Bigastro.

PS: Si un amigo de tu país te pidiera que definieses a Bigastro ayudándote únicamente de tres palabras. ¿Qué tres palabras utilizarías?

KW: Amistosa, tradicional y tranquila. Pascual, si bien es importante que Bigastro busque progresar hacia el futuro, es vital que recuerde su pasado. Espero que en un futuro mis fotos ayuden a la gente a recordar el Bigastro actual. Más importante aún, espero que la gente disfrute de mi trabajo. Gracias por tu tiempo.

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