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Efrén Pamies “Conociendo un poco más nuestra fauna, conseguiremos poco a poco el respeto y admiración que merece…”

Efrén Pamies no es un vecino cualquiera. Dicen que en la mayoría de los casos la primera impresión es la que cuenta, y en nuestro caso debió ser así, pues la primera impresión que me produjo cuando nos conocimos fue la de una  persona cordial, sensata y enérgica. Impresión que lejos de cambiar con el transcurso de los años, se ha acentuado en vez de aminorar.

Un tipo que habla claro, escucha atento y que muestra un escrupuloso respeto hacia aquello que le rodea, sin distinciones entre personas, objetos o especies animales o vegetales, pues como muestra en sus vídeos publicados en su página personal de Facebook, para él todo merece ser respetado y admirado dentro de su entorno natural.

De Efrén Pamies y de su interés por la protección de la naturaleza podríamos hablar largo y tendido, pero quién mejor para contarnos sus inquietudes que él mismo.

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Efrén Pamies fotografía un nido de búho real

Pascual Segura. Efrén, aunque muchos te conocemos por tu faceta de amigo y/o compañero, son muchos los que te conocen por tus vídeos como “Efrén de la loma”. ¿Qué representa para ti la loma? ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de este entorno natural?

Efrén Pamies. La Loma Ancha de Bigastro significa para mí un trocito de ecosistema natural, pues ya desde niño sentí esa atracción y admiración especial por ella. Para mí es un emblema muy importante de Bigastro, donde resalta todo su esplendor a espaldas del casco urbano.

Tengo muchos recuerdos de la Loma, a la que siempre podía admirar desde la ventana de mi cuarto y la terraza de mi casa, imaginándome nuevas aventuras con los amigos. La Loma fue durante toda mi infancia mi lugar favorito de juego, donde podía permanecer hasta el anochecer, mi sitio de encuentro con los seres vivos y toda la fauna autóctona. Lo mejor de aquellos días era terminar las clases en el colegio y perderme en la Loma y sus alrededores.

P.S. ¿De dónde viene tu interés por la naturaleza?

E.P. Creo que tuvo mucho que ver el naturalista y maestro Félix Rodríguez De La Fuente, que con su famosa serie de TV “El Hombre Y La Tierra” hizo que despertara en mí ese maravilloso sentimiento de amor y respeto hacia nuestra fauna y a la naturaleza en general. Después ya fue un interés personal hacia las distintas especies de animales, siempre interesado e intrigado por los “bichos” más raros y menos favorecidos por su mala reputación: artrópodos, reptiles, anfibios, etc.

P.S. En los vídeos que realizas siempre dejas entrever un mensaje de respeto hacia la naturaleza. ¿Qué quieres contar con ellos? ¿Cómo te gustaría que influyeran en las personas que los ven?

E.P. Siempre procuro que mis videos tengan un mensaje de respeto, tanto hacia la fauna autóctona como a la naturaleza en general. Se puede dar el caso de que alguno de mis vídeos se pueda malinterpretar por ciertas personas, insinuando indirectamente que pudiera estar estresando y molestando a ciertos animales a la hora de manipularlos mientras los documento y los doy a conocer.

Pienso que a veces es necesario “molestarlos” y manipularlos un poco si con ello conseguimos que el desconocimiento humano hacia las especies que nos rodean, se vaya reduciendo y en un futuro podamos salvar estas especies de morir atropelladas, pisadas o incluso golpeadas directamente y a conciencia.

La mayor amenaza de muchas de las especies es sin duda el desconocimiento humano, como ya he comentado. Por eso el mensaje que intento transmitir es ese, enseñar y documentar las especies  que nos podemos encontrar por el monte y acabar con ciertos mitos o leyendas urbanas y poder desmitificar tanta documentación errónea o falsa que se han trasmitido de generación en generación.

Creo que conociendo un poco más nuestra fauna conseguiremos poco a poco el respeto y admiración que merece.

P.S. ¿Qué es lo primero que metes en la mochila cuando sales de ruta?

E.P. Lo primero que meto en mi mochila son toallitas húmedas o un paño para limpiarme las manos después de “acariciar” los sapos o las culebras que me encuentro (risas). Bueno, bromas aparte, además de eso nunca me olvido de llevar el móvil, para inmortalizar o filmar alguna de las especies, el gancho para inmovilizar reptiles, una navaja afilada por si algún agricultor me regala una naranja y poder pelarla (más risas), y por supuesto una botella de agua para hidratarme.

P.S. ¿Cuál es el hallazgo que más te ha impresionado?

E.P. He tenido varios hallazgos que me han impresionado bastante, como fue hace unos meses y de forma casual, encontrarme con dos polluelos de búho real en un nido situado en un acantilado mientras recolectaba “alcaparras”. Fue algo increíble y que pude documentar y compartir. Otro hallazgo y también muy cercano a la Loma Ancha de Bigastro fueron los restos de vertebras y fragmentos óseos fosilizados en una roca, posiblemente de un “manatí” o “vaca marina” de hace varios millones de años. Además de una especie única en Europa de peces ya extintos fosilizados. La Paleontología es otra ciencia que me atrae y admiro muchísimo.

 P.S. ¿Recuerdas alguna anécdota especial?

E.P. Muchísimas anécdotas, sobre todo de niño, como por ejemplo llevar a casa escorpiones para tenerlos de mascota o culebras, que finalmente me negaban en casa y tras mucho insistir solo podía convencer a mi madre para conservar en un balde alguna pequeña e inofensiva rana, que tras varios días en cautividad volvía a dejarla libre donde fue encontrada (cosas de niños).

En dos ocasiones sufrí las consecuencias alérgicas y tóxicas por manipular “bolsas” o nidos de “procesionaria”, necesitando asistencia médica y alguna que otra reprimenda en casa posteriormente. Atravesar de extremo a extremo la que llamábamos la Cueva del “Lobo”, donde apenas cogíamos los más grandes o los más rellenitos, y salir de tierra hasta las orejas y llenos de telarañas. Bañarnos en verano en las enormes balsas de riego y bien entrada la noche para no ser descubiertos (imprudencias y travesuras de niños).

Me han mordido culebras sin mayor consecuencia, pero las anécdotas que más me alegran y emocionan son la de ser requerido por conocidos o vecinos de Bigastro para rescatar reptiles, colonias de murciélagos o aves rapaces que se han extraviado, y que han sido localizadas en viviendas o lugares al que no corresponden… Eso sí son anécdotas especiales.

Otra anécdota muy simpática y divertida que me pasó junto con los amigos, fue después de varios días de la famosa riada de 1987 que afectó a toda la Vega Baja del Segura. Aquella tarde salimos como de costumbre al campo y esta vez nos alejamos un poco más de la Loma. Fuimos hasta ‘’Los Manantiales’’, en el barranco del término de Hurchillo (Orihuela), conocida la zona como el barranco de ‘‘El Saltaor’’, y nuestra mayor sorpresa fue divisar ¡¡una oveja junto a su borrego!!, y tras esperar a casi el anochecer y ver que no había ni rebaño ni pastores por la zona, decidimos llevárnoslo al pueblo. Ninguno se atrevía a acercarse a los animales hasta que uno de nosotros valientemente cogió en brazos al ‘’ borreguito’’ y la madre, simplemente, se dedicó a seguirnos por sí sola. Hasta ahí todos con la incertidumbre de cómo habían llegado los animales hasta el barranco. Las risas fueron apareciendo conforme empezábamos a negarnos a llevar en brazos al animal porque no hacía más que defecar, y no era precisamente muy agradable que te lo hiciera encima. Finalmente entre todos fuimos compartiendo el traslado del animal sosteniéndolo a pulso entre risas y al llegar al pueblo imagínate el panorama. La gente mirando y preguntando de dónde habíamos sacado a las ovejas, insinuando que las habíamos robado de algún rebaño. Mientras tanto, nosotros, gestionábamos cómo íbamos a cuidarlos y sobre todo, dónde íbamos a guardarlos. Aquella anécdota fue tan divertida que quedó guardada en la memoria de muchos amigos de la infancia. Finalmente y a la mañana siguiente, apareció un vecino, que nos había visto llegar con los animales al pueblo, junto con el pastor y dueño, vecino de Hurchillo. Éste nos comentó que perdió a la oveja madre, preñada, hacía varias semanas a consecuencia de la riada. La recompensa o donativo que éste señor nos dio fue de cincuenta pesetas y con ellas nos compramos un bollo de chocolate que nos comimos a ‘’pellizcos’’, con una decepción visible en nuestras caras y que nunca olvidaremos.

P.S. ¿Cuál es la amenaza más grande para la naturaleza de nuestro entorno?

E.P. La amenaza más grande a la que se enfrenta la naturaleza de nuestro entorno es sin duda EL SER HUMANO y sus acciones de destrucción, transformaciones agrarias y ocupación urbanística de algunos espacios. Por suerte la Loma está bien protegida y debemos de conservarla SIEMPRE.

P.S. ¿Qué podemos hacer a nivel personal para evitar este problema?

E.P. Sobre todo concienciar a los más jóvenes y en especial a los niños. Creo que los centros educativos podrían ayudar bastante con este tema, además de los ayuntamientos, organizando excursiones, jornadas de convivencia y charlas sobre el medioambiente. No se trata solamente de plantar un árbol, ser trata de cuidarlo y respetarlo también.

 P.S. Además de tu entusiasmo hacia el medio natural que nos rodea, en muchos de tus vídeos haces interpretaciones musicales. ¿Dónde y cuándo surge esta pasión hacia la música?

E.P. La música y el poder interpretarla a mi manera es otro de mis hobbies favoritos, cuya afición también me viene desde muy joven. Creo que influenció bastante un profesor que tuve en 5º de E.G.B que solía cantarnos en clase acompañado de una guitarra. En ese instante de mi vida sentí atracción por ese instrumento y posteriormente el saber que mi padre conocía algunos acordes, de los que pude aprender rápidamente. Me regalaron una guitarra que todavía conservo y empecé a “tararear” y componer mis primeras canciones.

La música siempre formará parte de mi vida y me acompaña muchísimo en mis momentos personales. Realmente creo que es una “vía” directa para poder llegar al interior de uno mismo.

P.S. Por último. ¿Qué tres palabras utilizarías para describir a un visitante el entorno natural de Bigastro?

EP. Naturaleza, diversidad e historia.

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Bigastro, ataques piratas y un convento perdido

Hace unas semanas tuve ocasión de visitar el Museo de Semana Santa de la vecina Orihuela. Un museo instalado en el interior del antiquísimo Convento de la Merced, del que dicen que acogió a San Vicente Ferrer a principios del siglo XV.

Paseando por su interior intenté imaginar cómo debió ser aquel convento con su claustro anexo –  ahora instalado en la Santa Iglesia Catedral del Salvador -, pues durante parte de su historia el convento perteneció al Cabildo de la Catedral de Orihuela, fundador del Lugar Nuevo de los Canónigos, el antiguo Bigastro.

Entonces recordé que en tiempos muy antiguos Bigastro pudo tener un extraordinario convento, pues debido a la autoridad de un señor muy poderoso estuvo destinado a tenerlo, pero ese convento nunca llegó a hacerse realidad. ¿Por qué motivo? Viajemos pues.

Piratas

Ataque pirata

Retrocedemos las manecillas del reloj hasta el 5 de marzo de 1639. Un día de una importancia capital para la historia de Bigastro, pues de lo ocurrido ese día dependió su fundación.

Ese día un caballero llamado Tomás Pedrós – poseedor de amplios territorios en toda la comarca de la Vega Baja – redactó su testamento. En él dejo por escrito que parte de su patrimonio debía pasar a manos de los padres cartujanos una vez aconteciera su muerte, pero con una condición, y es que los cartujos debían construir un gran convento en el lugar que él expresamente indicó. Y el lugar escogido fue el mismo corazón de Bigastro, su Plaza de la Iglesia (por entonces inexistente).

Si pasado un tiempo los padres cartujos no cumplían con su palabra de construir el convento en dicho lugar, todos los derechos de propiedad de los terrenos pasarían al Cabildo de la Catedral de Orihuela.

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Orden de los cartujos

Sucedió que cuando los cartujos – que por entonces vivían en un monasterio de San Ginés- recibieron la herencia de Tomás Pedrós, aprovecharon la ocasión para en 1654 trasladar su residencia al actual Bigastro, viviendo en una gran finca que había en lo que hoy es la Plaza de la Iglesia, donde debían construir el convento exigido por Tomás Pedrós.

Duraron poco, y es que las penurias que aquí sufrían ante la falta de alimentos y las malas condiciones higiénicas provocaron que tan solo dos años después – en 1656 – decidieran volver al monasterio de San Ginés, pero no para siempre.

Poco después – en 1662 – los frecuentes ataques piratas que sufrían por la cercanía al mar de su monasterio de San Ginés provocaron que los atemorizados cartujos se refugiaran nuevamente en el actual Bigastro, hasta que pasado el peligro pirata regresaron de nuevo al monasterio de San Ginés.

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Emblema de los cartujos

Veinte años después, debido a la falta de recursos y ante la imposibilidad de poder cumplir con su palabra, la orden de los padres cartujos abandonaron su monasterio de San Ginés y perdieron el legado heredado.

Puestas así las cosas el actual Bigastro se quedaría sin el convento soñado por Tomás Pedrós, pasando la propiedad de los terrenos bigastrenses al Cabildo de la Catedral de Orihuela, los cuales decidieron aceptar el reto y sacar partido a la antigua herencia de Tomás Pedros, pero no para construir un convento como él había soñado, sino para construir toda una nueva población. El antiguo Lugar Nuevo de los Canónigos, actual Bigastro.

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Migas

Ingredientes

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  • Medio kilo de pan del día anterior.
  • 4 chorizos.
  • 200 gramos de tocino.
  • 2 pimientos verdes.
  • 8 dientes de ajo.
  • 120 mililitros de aceite de oliva virgen extra.
  • Unos 100 mililitros de agua.
  • Sal.

 

 

Preparación para cuatro personas

  • Ponemos en la sartén o cazuela el aceite y freímos el chorizo y el tocino que cortamos en trozos.
  • Sacamos y reservamos.
  • Freímos los pimientos, lavados y cortados, sacamos y reservamos.
  • Incorporamos los ajos, sin pelar en el aceite y cuando comiencen a dorarse añadimos el pan, que hemos desmigado, lo mojamos un poco con el agua en la que diluimos un poco de sal, y comenzamos a cocinarlas.
  • Tendremos que ir removiendo constantemente para que el pan se suelte y comience a dorarse, ese es el momento en que ya están listas, tardarán unos 20 o 30 minutos.
  • Añadimos todo lo que teníamos reservado y mezclamos un par de minutos.

¡Buen provecho!

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La Vela Nocturna. Una antigua formación mística bigastrense

Días atrás conversaba con un amigo sobre la venida de las fiestas patronales en los pueblos que integran nuestra comarca. También sobre la actividad de sus asociaciones culturales y colectivos festeros. Y es que cada pueblo tiene su patrón, su patrona, su banda de música, sus tradiciones y sus formaciones. Unas conservadas, otras desdichadamente olvidadas.

En la que será la última reseña, escribiré sobre “La Vela Nocturna”, una antigua y desaparecida formación mística bigastrense. Y que mejor manera de llegar hasta ella, que viajando en el tiempo hasta el mismo día de su fundación. Para ello, retrocedemos las manecillas de nuestro reloj hasta la madrugada del doce de septiembre de 1909.

La vela, símbolo de Fe

La vela, símbolo de Fe

Nos encontramos en la Plaza de la Iglesia. Una plaza amplia, rodeada de desiguales, sencillas y bonitas casas de pueblo. Justo cuando la campana de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén anuncia las doce de la noche, levantamos la vista al cielo donde surgen dos grandes bolas de fuego desde dos de las principales entradas a Bigastro. La primera bola brota desde la entrada a Bigastro desde Orihuela, estallando en el cielo con una fuerza que zarandea los corazones de todos sus vecinos. La segunda bola se eleva desde el camino de Jacarilla, y aunque ya no espanta, asombra explotando e iluminando el cielo del pequeño y tranquilo lugar de Bigastro.

El olor a pólvora quemada anuncia la llegada de cuatro comisiones procedentes de Elche, Almoradí, Orihuela y Crevillente. Una vez anunciada su presencia, penetran en el interior de sus callejuelas, alumbradas para la ocasión con decenas de lámparas de aceite en sus cruces, y centenares de velas que dispuestas sobre las ventanas y portales de las casas, iluminan el camino que los comisionados deben seguir hasta llegar al mismísimo corazón de Bigastro, su Plaza de la Iglesia. Lugar donde las comisiones serán recibidas por las autoridades civiles conducidas por el alcalde Agustín Fuentes Vaíllo, por las autoridades eclesiásticas y por nuestra Unión Musical de Bigastro. Son los prolegómenos de una importante fundación mística: la adoración nocturna.

Una vez reunidas todas las comisiones, ingresan en el interior de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén para saludar a la patrona de Bigastro. Para ello entonaron todos juntos la Salve Regina. Después celebran misa y entonan letras e himnos hasta las cuatro de la madrugada, momento en el que da comienzo una procesión que recorre todas y cada una de las calles del pueblo.

Casas engalanadas con vistosas colgaduras, calles tapizadas de verde follaje y enramado, aromas de olivo y romero, vivas, marchas y pasodobles tocados por la Unión Musical de Bigastro. Un escenario festivo acorde a una celebración mayor en la que se respiraba un aire especial de solemnidad.

Una hora después, y con la llegada de la primera luz del alba, el grupo festivo llega a la Plaza de la Iglesia y allí se dispersa. Había sido fundada la adoración nocturna bigastrense.

La adoración nocturna -renombrada en Bigastro posteriormente como “La Vela Nocturna”- era una agrupación de fieles que, en grupos o de forma individual, se turnaban en las horas de la noche para velar la imagen de Jesucristo muerto. Durante toda la madrugada eran varios los vecinos que, a la luz de las velas, cuidaban y acompañaban a la imagen del Cristo yacente, la cual permanecía en el interior de una urna de cristal. En Bigastro se hacía el Jueves Santo, aunque no era algo único, puesto que este tipo de sociedades religiosas eran muy populares en nuestra comarca a principios del siglo pasado.

Cristo yacente en urna de cristal

Cristo yacente en urna de cristal

Cinco años antes se inauguraban las obras de la antigua, minúscula –apenas cabían diez personas- pero querida por su pueblo, Ermita del Santo Sepulcro.  Una ermita establecida frente a la que hoy conocemos como “la puerta de Álvaro”. Construida en 1752 gracias a los donativos de los vecinos de Bigastro, fue inaugurada y bendecida un año después por el párroco Jacinto Vigo.

Las obras que tuvieron lugar en 1904 maquillaron el daño causado a la querida ermita por el intransigente paso del tiempo, embelleciendo el reducido espacio que ocupaban un hermoso Cristo yacente, protegido en el interior de una urna de cristal con puntas plateadas, y un precioso lienzo de ocho palmos de latitud y cinco de longitud, situado en la cara frontal de la ermita, cuya belleza podía admirarse gracias a las numerosas velas diseminadas cuidadosamente por la pequeña estancia.

En este espacio de voluntad, constancia y fe, construido en el siglo XVIII, reposaba la imagen del Cristo yacente que daría nombre a todo un barrio –Barrio del Santo Sepulcro- el cual sería cuidado y velado durante décadas por una antigua formación mística bigastrense -La Vela Nocturna- hasta el fin de los días de la ermita y la imagen de Cristo. Pero esa es otra historia que ocurrió en otro tiempo. Quizás para otro momento.

Cartel del 50 aniversario de la Adoración Nocturna

Cartel del 50 aniversario de la Adoración Nocturna

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Bigastro, antiguo vicus del Imperio Romano

Hace años tuve la ocasión de participar en la organización de unas jornadas sobre ciudades romanas, que tuvieron lugar en el MARQ.  En ellas dieron a conocer la actualidad de la investigación histórico-arqueológica romana, estableciendo los asentamientos romanos más importantes ubicados en territorio valenciano, incluidos los vicus. En ese instante, debido a su vínculo con Bigastro, comencé a interesarme por este tipo de formaciones urbanas.

Legión romana sobre una extensa llanura

Legión romana sobre una extensa llanura

En la Antigua Roma, un vicus era un grupo de viviendas que pertenecía a un pueblo o a una gran ciudad. Lo que hoy todos conocemos por un barrio. Pero, si Bigastro tiene su origen en el siglo XVIII, con la decisión del Cabildo de la Catedral de Orihuela de fundar en estas tierras su Lugar Nuevo.  ¿Cómo es posible que Bigastro perteneciera en tiempos antiguos al monumental y portentoso Imperio Romano?

La respuesta más natural es la más sensata. Efectivamente, el Bigastro que hoy conocemos jamás perteneció al Imperio Romano, pero sí los habitantes que ocupaban estas tierras antes que nosotros. Y es que la historia de Bigastro no comienza cuando irrumpe como Lugar Nuevo, sino cuando estas tierras son habitadas. Dicho esto, comenzamos nuestro viaje en el tiempo hasta el mismísimo Imperio Romano.

Giramos las sombras de nuestro reloj de sol dos mil años atrás, hasta el periodo en el que se funda la colonia de ilici Augusta (Elche). Una colonia poblada en su mayor parte por veteranos de guerra a los que el Imperio, en agradecimiento a sus servicios prestados, regaló lotes de tierra en el actual campo de Elche.

Estos veteranos contaban  con su propio puerto -situado en Santa Pola-,incluso con sus “carreteras” -la popular Vía Augusta-, gracias a la construcción del ramal que unió el antiguo Camino de Aníbal desde Caudete -en Albacete- hasta Cartago Nova (Cartagena), pasando por Ilici (Elche) y por nuestra Vega Baja.

A lo largo de estas “carreteras romanas” se fueron  instalando albergues dedicados al alojamiento y descanso de viajeros y guerreros, y también pequeños poblados o barriadas construidas en torno a las grandes ciudades romanas.

Por aquel entonces Orihuela estaba compuesta por una serie de aldeas, villas y fincas estacionadas a lo largo del cauce del río Segura –el Thader-, las cuales estaban dedicadas a la explotación agrícola y ganadera. Y ahí, en esa miscelánea de elementos privilegiados donde se cruzaban los caminos de paso del Imperio con los cauces naturales del agua, surgió el vicus de Bigastro.

Tierra fértil, agua en abundancia, la cercanía de las grandes vías de comunicación, espacios elevados. En definitiva, un conglomerado de condiciones óptimas para la construcción de una pequeña población, la cual ofreciera descanso a los guerreros romanos, a la vez que produjera alimentos con los que colmar la gigantesca despensa romana. Pero, ¿cómo era el vicus de Bigastro?, ¿dónde se encontraba? Y finalmente,  ¿cómo se desvaneció en el tiempo?

Figura en pie, con los hombros marcados y con incisiones en el cuerpo. Localizada en Bigastro

Figura en pie, con los hombros marcados y con incisiones en el cuerpo. Localizada en Bigastro

El vicus romano bigastrense no debemos suponerlo como un conjunto de casas agrupadas en torno a una gran plaza,  pues esa aldea inicial que todos hemos imaginado alguna vez aparecería muchos siglos después, ya con el Cabildo de la Catedral de Orihuela.

En base a los estudios realizados sobre el terreno, y tras diversas intervenciones arqueológicas,  podemos suponer a este vicus como una serie de casas o fincas repartidas por las cercanías y los espacios que hoy ocupa Bigastro. Fincas propiedad de veteranos de guerra y señores instalados en un territorio fértil, y cuyas labores domésticas y trabajos eran realizados por familias de colonos y esclavos.

Actualmente podemos documentar la finca de Los Palacios (en la entrada a Bigastro desde Orihuela), y también cuatro fincas más en el entorno natural de La Pedrera. Además, existe constancia documental de vestigios romanos en el mismísimo corazón de Bigastro, reconocido por todos como la plaza de la iglesia.

Todas las fincas bigastrenses -las manifestadas a día de hoy y las ocultas a la investigación- componían una pequeña barriada cuyos habitantes se alimentaban de su huerta y del ganado, beneficiándose del agua de su formidable río Thader. Recursos naturales de un entorno privilegiado que les permitieron comercializar con poblados mayores, intercambiando provisiones por utensilios procedentes de todos los lugares del Imperio, pues así lo ratifican las piezas arqueológicas que han sido rescatadas de las entrañas del terreno bigastrense:

Ánfora Oberaden, empleada para el transporte de vino o aceite

Ánfora Oberaden, empleada para el transporte de vino o aceite

Ánforas comunes y republicanas, monedas, morteros, cuencos, platos, copas, terras sigillatas itálicas procedentes de Italia Central, también de Pisa, de África, ánforas Dressel, empleadas para transportar el mítico garum -salsa de pescado elaborada con vísceras y sangre- y la Oberaden, empleada para el transporte de vino. Lámparas de aceite con una cronología que se extiende desde el mandato de Augusto hasta los inicios de la época Flavia, y así decenas y decenas de piezas arqueológicas que bosquejan con minúsculos trazos una cultura romana tan sumamente rica, que a partir del siglo XVIII confundiría a decenas de investigadores y arqueólogos, los cuales llegaron a atribuir a Bigastro teorías sobre ciudades romanas de mayor rango.

Mapa del s. XIX con la localización correcta de Begastrum

Mapa del s. XIX con la localización correcta de Begastrum

Durante más de cuatro siglos, los hogares del vicus bigastrense, construidos con grandes rocas procedentes de sus lomas y cabezos, y acicalados con grandes arcos de sillería, documentados por diversos viajeros, cumplieron con su principal objetivo: abastecer a la despensa romana gracias a su producción agropecuaria, y servir de lugar de descanso a señores y guerreros. Pero a partir del siglo IV d.C., sus días como vicus del gran Imperio estaban contados.

Ocurrió que comenzó la decadencia del Imperio Romano, y sus ciudades comenzaron a debilitarse, afectando al mantenimiento de las infraestructuras viarias romanas (aquellas carreteras del principio).  Como resultado, el ramal directo de la Vía Augusta entre Elche y Cartagena fue desvaneciéndose, desarrollándose por otra parte una variante interior a través de la ciudad de Orihuela, quedando el resto de barriadas marginadas.

Sin tráfico de viajeros ni guerreros, y sin comerciantes que alentaran la vida de sus habitantes, el vicus bigastrense quedó apartado y condenado a muerte. Paulatinamente, sus vecinos fueron dispersándose por otros vicus, villas y ciudades con mayor población, comercio y vistas de futuro.

Y así quedaron abandonados sus antiguos hogares, testigos de un antiguo vicus, heridos por el desarrollo de los nuevos tiempos, abatidos por el implacable paso del tiempo, en un lugar de paso de una cultura extraordinaria que dejó su huella en el Bigastro más antiguo.

FD: Historia de la Roma Antigua [Lucien Jerphagnon] Época romana. Museo Arqueológico Provincial de Alicante [Manuel H. Olcina]. Historia de la Provincia de Alicante. Bastitania y Contestania del Reino de Murcia [Juan Lozano.] Historia de Orihuela [Francisco Cánovas]. Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano [Edward Gibbon]

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