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Keith Williamson: “Espero que en un futuro mis fotos ayuden a la gente a recordar el Bigastro actual”

Todo documentalista, investigador o apasionado de un lugar sabe, que no hay crónica más seductora y fiel que la del viajero extranjero. Siglos atrás cientos de forasteros/as como Richard Ford, Lady Holland, Charles Rochfort o George Borrow visitaron nuestro país en busca de conocimiento, de usanzas sociales o de simplemente una tierra exótica como era la nuestra, donde poder vivir aventuras que rompiesen en mil pedazos el rígido molde de su vida cotidiana.

El legado que dejaron a su paso por nuestro país fue cuantioso y trascendente. Y es que si un lugareño puede verse incapaz de despotricar hacia su pueblo, el viajero que llega de fuera no. De esta manera sus crónicas repletas de detalles y críticas son muy valoradas, porque en la mayoría de los casos dicen la verdad.

Bigastro tiene la fortuna de contar con un viajero. Un viajero inglés que durante años ha inmortalizado nuestro día a día con su cámara de fotos. Miles de instantáneas que hablan de tu banda, de tu San Joaquín, de tu Señora Virgen de Belén, de ti, de los tuyos, de tu calle, de tu pueblo. Pasado un tiempo no quedará nadie de los de ahora, ni tú ni yo, quedarán nuestros hijos. Y cuando sus pasos se pierdan en las callejuelas del Bigastro más antiguo se preguntarán… ¿cómo ocurrió todo? Entonces no quedarán huérfanos de historia, pues tendrán la crónica fotográfica de un viajero inglés que años atrás, quizás siglos, dedicó parte de su vida a retratarnos tal y como fuimos, tal como somos, y espero que por muchos años, tal y como seremos. Un maravilloso legado, inmortalizado en el tiempo, y solo a cambio del bello gesto que provoca sus fotografías, una sonrisa. Valga desde mi pequeño blog mi mayor gratitud. Gracias por tu trabajo amigo Keith Williamson.

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Keith Williamson. Asistente de Director jubilado. Fotógrafo

Pascual Segura: En un momento de tu vida decides venir a vivir a Bigastro. ¿Cuándo ocurre ese momento y por qué?

Keith Williamson: Después de nuestra jubilación teníamos intención de mudarnos a otro país y enfrentarnos a nuevos desafíos. Ya que habíamos disfrutado de muchas visitas a España, esta fue la elección lógica. Bigastro nos ofreció una vida en España lejos de Gran Bretaña. Nos pareció una ciudad en la que podíamos integrarnos y aprender español, además de conocer las auténticas costumbres españolas.

PS: Aunque vives muchos años en nuestro país, que ya es tuyo también, debes conservar muchísimos recuerdos de tu ciudad de origen. ¿Cuál era tu ciudad?, ¿y tu profesión?

KW: Nací en Manchester, viví en Yorkshire y después en Canadá. Regresé de nuevo a Yorkshire, y finalmente viví en Wirral. Comencé mi carrera como profesor de arte en una escuela secundaria de Liverpool. Ascendí a Jefe del Departamento de Arte y, por último, Jefe Adjunto a cargo de las Finanzas Locales y la Administración.

PS: Todos te reconocemos junto a tu inseparable cámara de fotos. ¿Cuándo surge tu afición por la fotografía?

KW: Tuve mi primera cámara a la edad de 11 años. Luego compraría mi primera cámara “seria” mientras estaba en la Universidad. Desde entonces he tenido muchas cámaras, ¡la nueva siempre más cara que la anterior!

PS: Tu trabajo con la cámara de fotos ha generado un gran legado fotográfico. ¿Sabes cuantas fotografías has realizado? ¿Cuánto tiempo dedicas a esta afición?

KW: En mi casa tengo miles de fotografías y diapositivas en películas. También tengo carretes de cine que tomé cuando mis hijos eran pequeños. Ahora tengo una cuenta Flickr online con 6.500 fotos que se han visto más de tres millones veces, y un archivo de fotos almacenado en discos duros con más de 100.000 imágenes digitales, junto con muchas horas de vídeo digital.

¡Mi esposa dice que gasto todo mi tiempo en mi afición!. Normalmente paso dos o tres horas cada día trabajando en mis fotografías. Por cada hora que paso tomando fotografías, necesito por lo menos cuatro horas de trabajo para procesarlas en el ordenador y publicarlas en internet.

PS: Durante muchos años has fotografiado las actuaciones de la Unión Musical de Bigastro. ¿Cuál es tu opinión respecto a la tradición musical bigastrense?

KW: La tradición musical de Bigastro es fundamental para la historia y la cultura de la ciudad. Es la base sobre la que está construida. Todavía existe una gran tradición musical en Inglaterra, pero la formación de bandas locales ya no existe. En el norte de Inglaterra había muchas bandas de metales creadas por los trabajadores de las fábricas -especialmente de las minas de carbón- que consiguieron ser aclamadas internacionalmente. La banda de Bigastro me recuerda mucho a ese antiguo orgullo británico.

PS: El antiguo callejero del pueblo o el uso de su huerta invitan a pensar que vivimos en un lugar antiguo. ¿Qué sabes sobre la historia de Bigastro?

KW: Sé un poco sobre la historia de la ciudad gracias a tu excelente sitio web, pero me gustaría saber mucho más. Las diferencias entre la historia de Bigastro y los pueblos en los que viví me fascinan.

PS: De sus calles, plazas, espacios recreativos o áreas naturales. ¿Qué lugar de Bigastro destacarías?

KW: Me gusta especialmente la zona de la Pedrera por su belleza natural y la huerta, que me recuerda a la horticultura de los pueblos donde me crié. Para mí los espacios verdes en las ciudades son muy importantes, y por eso me gustan mucho los jardines y los parques infantiles. Por supuesto, el Auditorio es un gran activo para la ciudad, es un lugar donde hemos disfrutado de muchos conciertos y otros eventos. ¿Sabía usted que, mi esposa y yo actuamos en el escenario para los niños de las escuelas locales? Estuvimos en dos producciones organizadas por la Escuela de Educación de Adultos. También estuvimos involucrados en una producción en el Centro Social Integrado y durante varios años cantamos villancicos a niños en las escuelas locales antes de Navidad.

PS: Bigastro es un lugar donde perduran antiguas tradiciones a las que con el paso del tiempo se han incorporado otras nuevas. ¿Qué tradición o aspecto cultural destacarías?

KW: Aparte de su tradición musical, disfruto de sus celebraciones religiosas, como el Encuentro y Corpus Christi y por supuesto las fiestas, juegos y otras celebraciones.

PS: El Bigastro de hoy debe ser un poco distinto al que viste por primera vez. ¿En qué piensas que ha mejorado? ¿Qué se ha descuidado?

KW: Cuando llegamos nuestra primera impresión fue que la ciudad estaba desaliñada en algunas partes y elegante en otras. Aunque todavía hay mucho trabajo por hacer, se han hecho muchos progresos para mejorar la ciudad. Hay ciudades más hermosas para vivir, pero sin duda no hay ninguna tan amable, acogedora y orgullosa como Bigastro.

PS: Si un amigo de tu país te pidiera que definieses a Bigastro ayudándote únicamente de tres palabras. ¿Qué tres palabras utilizarías?

KW: Amistosa, tradicional y tranquila. Pascual, si bien es importante que Bigastro busque progresar hacia el futuro, es vital que recuerde su pasado. Espero que en un futuro mis fotos ayuden a la gente a recordar el Bigastro actual. Más importante aún, espero que la gente disfrute de mi trabajo. Gracias por tu tiempo.

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Bigastro y su participación en la Guerra de Sucesión Española

La semana pasada me encontraba en la vecina Orihuela haciendo unos recados cuando pasé junto al Palacio del Conde de la Granja. Estaba mirando su portada cuando me fijé en su balcón, imaginando una vez más el importante suceso que tuvo lugar en su interior.

Y es que allí, desde ese balcón en plena Guerra de Sucesión, el Marqués de Rafal, por aquel entonces Gobernador de Orihuela, proclamó a favor del Archiduque Carlos con una frase que pasaría a la historia: “Hijos míos, ¡viva Carlos III!”

Batlla de Denain. Obra de Jean Alaux

Batalla de Denain. Jean Alaux

Poco después de ese gran acontecimiento tendrían lugar otros que tendrían como escenario Orihuela, pero también las tierras de Bigastro. Y que mejor forma de conocer aquel suceso que viajar en el tiempo hasta el lugar de los hechos.

Giramos las manecillas del reloj hasta el año 1700, momento en el que fallece sin descendencia el monarca Carlos II, dando comienzo un conflicto que duraría doce años en los que los dos candidatos al trono -Felipe V y el Archiduque Carlos- se disputarían la corona española en una sangrienta guerra que pasaría a la historia como la Guerra de Sucesión Española.

Como en toda guerra los bandos participantes tenían sus apoyos y sus detractores. De esta manera a nivel nacional el candidato Felipe V tenía el apoyo de la Corona de Castilla, mientras que el Archiduque Carlos contaba con el de la Corona de Aragón. Orihuela, ciudad en la que tendrían lugar episodios de auténtico terror durante el transcurso de la guerra, apoyaba de forma tajante la causa de Felipe V, y para manifestar dicho apoyo suministraba recursos económicos y también… celestiales.

En octubre de 1705 Felipe V, conocedor de sus apoyos en nuestra comarca, envió una carta al Cabildo de la Catedral de Orihuela solicitando ayuda para el sustento de sus tropas que se encontraban en Murcia, y el Cabildo se la concedió.

Retrato de Felipe V. Obra de Jean Ranc

Retrato de Felipe V. Jean Ranc

Solo cuatro años antes el propio Cabildo había invertido grandes esfuerzos en la fundación de su Lugar Nuevo, con la intención de que éste produjera cuantiosos beneficios en forma de ganado y cereal, pero la gestión del nuevo poblado -que finalmente denominaron Bigastro- no resultó sencilla y en el mejor de los casos podían obtener 355 libras anuales de beneficio.

Aun así el Cabildo, necesitado de víveres con los que apoyar la causa de Felipe V, el 21 de diciembre de 1707 decidió que entre los suministros que se facilitarían al candidato a la corona española enviarían 50 cahíces de trigo y de cebada de Bigastro. Aquí cabe aclarar que el cahíz era una antigua medida de capacidad que variaba según las regiones.

Un total de 100 cahíces de cereal bigastrense viajarían desde su misma huerta hasta llegar a las tropas de Felipe V, una cantidad muy considerable si tenemos en cuenta que Bigastro todavía no contaba con molino propio y los colonos debían desplazarse a otros lugares para moler el grano.

Además, por aquel entonces el pósito bigastrense -emplazado donde hoy vemos la casa del párroco- apenas contaba con una reserva de 50 cahíces de cada cereal por si ocurriera alguna desgracia, por lo que podemos llegar a la conclusión de que después de esta aportación a la causa de la guerra las arcas de Bigastro quedaron más que tiritando.

Campo de trigo

Campo de trigo

Y no sólo las arcas quedaron afectadas, también su población, pues si Bigastro por aquel entonces apenas contaba con un centenar de habitantes, fueron suficientes para que sus hombres fueran llamados a la guerra.

Luís Togores Valenzuela, remplazado del gobernador D. Vicente Falcó, decidió tomar las riendas en la defensa de nuestra comarca formando una tropa de cuarenta valientes campesinos, entre los que reclutó al menos a diez bigastrenses, dispuestos a servir al rey Felipe V hasta perder la vida.

Este ejército, que se perfeccionaría hasta formar un batallón de milicias de cuatro compañías de infantes, setenta por cada una, y tres compañías de caballos, acudirían varias veces en socorro de Alicante, ciudad muy castigada ante las constantes embestidas de las tropas del Archiduque Carlos.

La Guerra de Sucesión Española llegaría a su fin seis años después, en 1713, con el conocido Tratado de Utrecht. Una guerra que casi llegó a consumir por completo a la vecina Orihuela, saqueada, maltratada e incendiada.

Una guerra que en Bigastro perturbó la vida de sus primeros pobladores, testigos del desabastecimiento de las reservas de cereal de su pósito, y encomendados a formar parte de las milicias con la honorable misión de defender la tierra en la que habían decidido vivir. Una tierra por la que hoy paseamos tranquilamente disfrutando de sus construcciones y paisajes, atisbando lugares que invitan a recordar los hechos que en esta tierra tuvieron lugar.

FD: La Guerra de Sucesión de España [J. Albareda]. El señorío eclesiástico de Bigastro [G. Canales, I. Martínez], Togores, señores de Jacarilla [M. Gálvez], La posición del Cabildo Catedral de Orihuela en la Guerra de Sucesión [G. Ruiz, A. J. Mazón, M. Cecilia]

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Frontignan y Bigastro, el vínculo histórico de dos pueblos

Hace unos meses un investigador francés, Christophe, halló entre sus búsquedas la página de Recuerdos de Bigastro, poniéndose en contacto conmigo para profundizar en la investigación que estaba llevando a cabo sobre el lugar de origen de su familia.

Christophe averiguó que algunos de sus antepasados fueron bigastrenses que en tiempos pasados emigraron a Frontignan, un bonito pueblo del sureste de Francia. Gracias a sus interesantes datos genealógicos, a la generosidad de Christophe por contarme su historia familiar y a las búsquedas que pude realizar en el Archivo de la Parroquia de Nuestra de Belén gracias a la colaboración de nuestro párroco D. Antonio, pude conocer el antiguo y singular vínculo que une los pueblos de Frontignan y Bigastro.

Giramos las manecillas de nuestro reloj hasta el primer cuarto del siglo pasado, momento en el que cientos de miles de españoles tomaron la firme decisión de emigrar a Francia en busca de una vida mejor para sus hijos y ellos mismos.

Allí encontraron un país necesitado de mucha mano de obra, puesto que millones de franceses se encontraban luchando en el frente que pasaría a la historia como la Primera Guerra Mundial. Los testimonios dicen que de cada seis soldados que iban al frente uno moría y dos volvían heridos. Con estos datos es fácil suponer que la mano de obra española fue más que bienvenida.

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Cientos de miles de españoles abandonaron sus pueblos

Puestas así las cosas comenzaría un importante movimiento migratorio a través de los Pirineos con el objetivo de llegar al país vecino. Fueron muchos los españoles que emigraron al norte de Francia, donde dedicaron sus esfuerzos a trabajar en las grandes fábricas metalúrgicas, siderúrgicas y químicas que se dedicaban a la industria de guerra, pero la mayoría acabaron instalándose en el sureste de Francia, donde era relativamente sencillo encontrar un puesto de trabajo como jornalero. Y si algo tenían en común Bigastro y Frontignan era precisamente la agricultura.

Decenas de familias bigastrenses se vieron obligadas a dejar atrás la tierra que les vio nacer – muchas para siempre- en favor de un futuro mejor. Con la razón en la cabeza, las penas en el corazón y sus recuerdos e ilusiones en maletas de cartón, abandonaron Bigastro cruzando los Pirineos hasta llegar a su nuevo hogar en la localidad de Frontignan.

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Vista actual del bonito pueblo de Frontignan

Hoy contamos con antiguos documentos que prueban la presencia de más de medio centenar de bigastrenses en este pueblo francés. Familias enteras que años después tuvieron allí su descendencia llevando consigo las historias de su pueblo, sus costumbres y por supuesto, sus apellidos.

Sabemos que los Gálvez y los Escobedo ya vivían en Frontignan a finales del siglo XIX, hace más de cien años. Seguidamente llegarían los Grau, los Navarro, los Arce, Celedonio, Arques, Perales… apellidos muy familiares e incluso primigenios para Bigastro, pues muchos coinciden con los de sus primeros colonos, encontrando además nombres como Joaquín y Joaquina. La presencia bigastrense en Frontignan es  indudable y privilegiada.

Cada familia bigastrense que emigró en tiempos pasados merece su historia, pues todas cuentan con méritos y memoria, pero la de Trinidad Arques, una bigastrense nacida en 1873 es una historia escrita con el corazón y el valor que tuvo para sobreponerse a la muerte de su marido y buscar un futuro mejor lejos de su Bigastro natal para ella y sus cinco hijos.

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Trinidad Arques, nacida en Bigastro

En Frontignan aprendió rápidamente a hablar y escribir en francés, dando una vida mejor a sus hijos (uno de los cuales participó en el conflicto social, bélico y político que pasó a la historia como la Guerra Civil Española) hasta el fin de sus días, allá por 1950.

Solo es un ejemplo de los muchos que podríamos encontrar de lo que supuso para muchos bigastrenses dejar su tierra para buscar un futuro mejor.

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Carmen, hija de Trinidad Arques

Curiosamente en octubre de 2001 Bigastro firmó un protocolo de hermanamiento con el pueblo francés de Le Vigan – situado en la comarca de Languedoc  Roussillon, la misma que Frontignan – empujados por “el deseo de fomentar un espíritu de apertura al resto de pueblos, basado en la tolerancia, la solidaridad, la profundización en los aspectos culturales y la proyección de nuestro futuro socioeconómico”, deseos muy nobles en los que sin embargo echamos en falta una connotación histórica.

Sin duda esta comarca, la de de Languedoc  Roussillon, por su semejanza con nuestra Vega Baja por ser la agricultura su principal motor económico, debió acoger a gentes venidas de todos los pueblos.

Es el caso del lazo que une los pueblos de Bigastro y  Frontignan, un pueblo francés en cuya historia un día quedaron grabados los nombres y apellidos de más de medio centenar de bigastrenses, fundando un vínculo sustentado sobre una base histórica que aún languidecida por el inquebrantable y obstinado paso del tiempo nos habla de Bigastro más allá de nuestras fronteras.

 

FD: Agradecimiento especial a Christophe, investigador francés especializado en genealogía; Un siglo de inmigración española en Francia [Crónicas de la emigración]; La emigración española a Francia en el siglo XX; Cuantificación de la emigración española a Europa

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La antigua cantera de Bigastro

Como consecuencia de las insistentes lluvias, hace unas semanas una de las principales vías de comunicación de Bigastro – carretera Bigastro a Orihuela – quedaba totalmente anegada, imposibilitando el paso de vehículos hacia la ciudad vecina. Yo fui uno de los afectados, y con mi coche parado frente a la carretera cortada al tráfico no me quedó otra que dar la vuelta y volver a Bigastro.

Mientras regresaba por dónde había venido me quedé mirando a la derecha de la carretera, donde se puede ver una hermosa vista de la loma bigastrense con un pequeño montículo delante. Recordé entonces el suceso que tuvo lugar hace más de cien años y que uniría para siempre esta pequeña colina con un camino viejo.

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Desde que surgieron los primeros asentamientos humanos en lo que hoy conocemos como Bigastro, y de todos los recursos naturales con los que cuenta el pueblo, hay dos que siempre estuvieron presentes en el discurrir de la vida diaria de las diferentes culturas que nos antecedieron. Uno es el agua y el otro su loma y los cerros colindantes. Hoy me centraré en el segundo, y en una etapa concreta de la historia, el siglo XIX. Quizás otro día avance o retroceda en el tiempo.

Giramos las manecillas de nuestro reloj hasta la segunda mitad del siglo XIX, exactamente hasta el año 1886. Por aquel entonces Bigastro contaba con algo más de 1500 habitantes dedicados en su mayoría a las labores agrícolas, y tenía por alcalde a Manuel Navarro Mesples, aunque por poco tiempo, pues al poco de serlo iría a prisión por delitos de desobediencia a la autoridad.

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Todavía siendo alcalde Manuel Navarro Mesples, un día Bigastro recibió la visita del ingeniero militar Santiago Moreno Tovillas, el cual comunicó que ante la necesidad de adecentar el camino que lleva de Orihuela a Torrevieja, iban a dar comienzo una serie de obras que afectarían al pueblo de Bigastro. Las obras formaban parte de un plan organizado por el Ministro de Fomento de la época, Montero Ríos, cuyo fin era mejorar las vías de comunicación de los pueblos, así como dar trabajo a las clases jornaleras.

Debemos apartar de nuestra memoria la actual carretera asfaltada que lleva a Orihuela, y hacer un esfuerzo en imaginar un malogrado camino de tierra colmado de socavones que entorpecían el tránsito de carruajes que atravesaban Bigastro en su camino a Torrevieja.

Tenemos constancia documental de que este camino viejo era regado periódicamente con el fin de que el paso de carruajes no provocaran auténticas cortinas de polvo, molesto y perjudicial para los vecinos que vivían junto al camino, pero eso era pan para hoy y hambre para mañana. Había que llevar a cabo una actuación más eficiente, y hasta aquí se desplazó el ingeniero militar Santiago Moreno para estudiar el caso.

5Santiago Moreno Tovillas

Comenzó recorriendo el camino, mirando con detalle cada uno de sus tramos y señalando líneas por aquí y por allá ante la atenta mirada del alcalde y los vecinos. Entonces levantó la cabeza, dirigió su mirada a Bigastro y encontró la solución: “visitemos esa colina”.

Hasta los pies de la misma se desplazaron ingeniero, alcalde y vecinos, y allí se acordó lo que iban a realizar en los días sucesivos. La loma de Bigastro y los cerros se componen casi en su totalidad de arenisca, un tipo de roca sedimentaria resultado de los depósitos de arenas marinas consolidadas en el periodo Cuaternario – hace aproximadamente 2500 millones de años- y compuesta primariamente por pequeños granos de arena, siendo especialmente buena para un tipo de uso: la construcción.

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Utilizarían parte de la loma y los cerros de Bigastro construyendo una cantera, o como lo llamaban antiguamente, una pedrera. Hasta allí se desplazaron los obreros –la mayoría reclutados entre los jornaleros bigastrenses-  los cuales ayudados probablemente por grandes cuñas de madera extrajeron grandes bloques de roca arenisca que poco después, en carros arrastrados por animales de tiro (burros, mulas, bueyes, etc…) transportarían hasta la orilla del camino. Una vez allí y a golpe de mazo descompondrían la roca en arena, esparciéndola sobre el camino dando forma y sustento a éste.

Hoy todavía podemos ver en el pueblo curiosos, bonitos y antiguos ejemplos de los bloques extraídos de la antigua cantera de la loma y los cerros de Bigastro. Algunos realizados de forma tosca e irregular, pero otros realizados con formas muy bellas, resultado de un trabajo ejecutado con una técnica exquisita. Pero esas son historias de otras épocas para otro momento…

 

FD: Vicerrectorado de Investigación y Transferencia Universidad de Málaga; Concejalía de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Orihuela; El oriolano, Apuntes sobre encuentros y congresos en los que las vías pecuarias son objeto de estudio [Tomás Herrero], Las canteras [Región de Murcia].

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Cien años de una hazaña bigastrense

Siempre que puedo aprovecho las horas que siguen a la lluvia para dar un paseo por las veredas de la huerta. Es como si el rastro de la lluvia dejara tras su paso formas, matices y aromas capaces de multiplicar la belleza del paisaje que siempre vemos pero que pocas veces miramos.

La lluvia es vida, más en nuestra comarca, pero faltaría a la verdad si no dijera que a menudo es sinónimo de destrucción y muerte. La lluvia será la excusa, la huerta el escenario, unos valerosos bigastrenses  los protagonistas, y el relato de un suceso que el próximo lunes cumplirá cien años será mi recuerdo y homenaje a todos ellos.

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Giramos las manecillas de nuestro reloj hasta el amanecer del 28 de noviembre de 1916. El pueblo se despertó sumido en el ambiente húmedo y frío propio de noviembre, con los primeros rayos del sol ahogados por un tupido manto de lluvia.

Poco a poco y según avanzaban las primeras horas de la mañana el suave murmullo de la lluvia se convirtió en un rumor ensordecedor. Pese a la elevada situación geográfica de Bigastro, las plazas del pueblo quedaron totalmente anegadas al tiempo que las calles inmediatas a los cabezos escupían de forma incesante centenares de litros de agua que descendían por sus callejuelas al encuentro de la vieja Alquibla.

Las gentes resguardadas en sus hogares comenzaron a temer por los techos de sus casas, por sus familias y por sus cosechas al tiempo que el endiablado Segura se desbordaba una vez más. Y es que el Segura en tiempos antiguos era mucho río.

Bien entrada la noche comenzó a decaer la lluvia y los nervios se apaciguaron, aunque comenzaron a escucharse unos quejidos que despertaron la curiosidad y el temor de algunos bigastrenses. Voces distantes, como de otro mundo, parecían pedir auxilio entre lamentos de dolor y miedo. Algunos vecinos se asomaron a las calles y preguntándose entre ellos de dónde procedían los lamentos pudieron percibir que procedían de la misma huerta. Voces de socorro de más allá de la acequia, más allá del molino, lejanas, casi imperceptibles, las voces llegaban desde la pedanía oriolana de Molins.

Molins, asediada por el río Segura y el Azarbe Mayor, con la huerta convertida en una gigante laguna y con el nivel del agua a 2,80 metros de altura era la viva imagen de la destrucción. Sus vecinos, atemorizados, tuvieron que subir a tejados y árboles con el fin de poder salvar el pellejo.

Mientras, en Bigastro algunos vecinos se preguntaban qué hacer para socorrer a las gentes de Molins, donde muchos tenían amigos y familia. Entre ellos se encontraba Vicente Villanueva, secretario del Ayuntamiento de Bigastro que por aquel entonces regía el alcalde conservador Enrique Andréu Soriano, propietario además del molino.

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Vicente Villanueva, secretario del Ayuntamiento, propuso a un grupo de vecinos del pueblo emprender una misión en la que se jugarían la vida. Pidieron a un vecino del pueblo unas viejas y podridas embarcaciones de las que disponía para navegar por el río. Y así, arrastrando unas barcas casi desechas cargadas de mantas, ropas, candiles y comida un grupo de jóvenes valientes capitaneados por Vicente Villanueva salieron al encuentro de sus vecinos en la profunda oscuridad de la noche.

Con las barcas y los víveres a cuestas se introdujeron en la huerta por las veredas por las que hoy paseamos alegremente, alejándose del pueblo poco a poco. Gracias a la luz que proyectaban sus candiles de aceite muy pronto se percataron de que el nivel del agua se elevaba hasta casi los tres metros. Temiéndose lo peor subieron a las embarcaciones y comenzaron a remar rumbo al corazón de la huerta.

Por las turbulentas y ennegrecidas aguas avanzaban despacio, sin perderse de vista los unos a los otros, sujetando firmemente los candiles que proyectaban imágenes desalentadoras: casas desgarradas, árboles abatidos y barracas desvanecidas. La huerta convertida en una gran laguna de lodo pestilente dónde se sucedían imágenes terribles. Difícil imaginar una estampa tan sombría, tétrica e increíble a la vez.

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Así llegaron a Molins, dónde libraron de una muerte segura a más de cincuenta personas, repartiendo además los víveres que entre los vecinos de Bigastro habían conseguido reunir.

Las pérdidas materiales fueron incontables, las cosechas desaparecieron y la ruina fue inmensa. Hasta que las aguas volvieron a su cauce y la cotidianidad de la vida sencilla, austera y rematadamente dura se impusiera de nuevo pasaría mucho tiempo,  y es que después del desastre había mucho por reconstruir, prácticamente todo eran ruinas. Todo excepto la esperanza de unos vecinos y la solidaridad de otros, ambas intactas.

FD: Cronología de la Confederación Hidrográfica del Segura; La Vega; La actuación municipal de Bigastro en la primera mitad del siglo XX [José Mª Cabañés Pérez]

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