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La Vela Nocturna. Una antigua formación mística bigastrense

Días atrás conversaba con un amigo sobre la venida de las fiestas patronales en los pueblos que integran nuestra comarca. También sobre la actividad de sus asociaciones culturales y colectivos festeros. Y es que cada pueblo tiene su patrón, su patrona, su banda de música, sus tradiciones y sus formaciones. Unas conservadas, otras desdichadamente olvidadas.

En la que será la última reseña, escribiré sobre “La Vela Nocturna”, una antigua y desaparecida formación mística bigastrense. Y que mejor manera de llegar hasta ella, que viajando en el tiempo hasta el mismo día de su fundación. Para ello, retrocedemos las manecillas de nuestro reloj hasta la madrugada del doce de septiembre de 1909.

La vela, símbolo de Fe

La vela, símbolo de Fe

Nos encontramos en la Plaza de la Iglesia. Una plaza amplia, rodeada de desiguales, sencillas y bonitas casas de pueblo. Justo cuando la campana de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén anuncia las doce de la noche, levantamos la vista al cielo donde surgen dos grandes bolas de fuego desde dos de las principales entradas a Bigastro. La primera bola brota desde la entrada a Bigastro desde Orihuela, estallando en el cielo con una fuerza que zarandea los corazones de todos sus vecinos. La segunda bola se eleva desde el camino de Jacarilla, y aunque ya no espanta, asombra explotando e iluminando el cielo del pequeño y tranquilo lugar de Bigastro.

El olor a pólvora quemada anuncia la llegada de cuatro comisiones procedentes de Elche, Almoradí, Orihuela y Crevillente. Una vez anunciada su presencia, penetran en el interior de sus callejuelas, alumbradas para la ocasión con decenas de lámparas de aceite en sus cruces, y centenares de velas que dispuestas sobre las ventanas y portales de las casas, iluminan el camino que los comisionados deben seguir hasta llegar al mismísimo corazón de Bigastro, su Plaza de la Iglesia. Lugar donde las comisiones serán recibidas por las autoridades civiles conducidas por el alcalde Agustín Fuentes Vaíllo, por las autoridades eclesiásticas y por nuestra Unión Musical de Bigastro. Son los prolegómenos de una importante fundación mística: la adoración nocturna.

Una vez reunidas todas las comisiones, ingresan en el interior de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén para saludar a la patrona de Bigastro. Para ello entonaron todos juntos la Salve Regina. Después celebran misa y entonan letras e himnos hasta las cuatro de la madrugada, momento en el que da comienzo una procesión que recorre todas y cada una de las calles del pueblo.

Casas engalanadas con vistosas colgaduras, calles tapizadas de verde follaje y enramado, aromas de olivo y romero, vivas, marchas y pasodobles tocados por la Unión Musical de Bigastro. Un escenario festivo acorde a una celebración mayor en la que se respiraba un aire especial de solemnidad.

Una hora después, y con la llegada de la primera luz del alba, el grupo festivo llega a la Plaza de la Iglesia y allí se dispersa. Había sido fundada la adoración nocturna bigastrense.

La adoración nocturna -renombrada en Bigastro posteriormente como “La Vela Nocturna”- era una agrupación de fieles que, en grupos o de forma individual, se turnaban en las horas de la noche para velar la imagen de Jesucristo muerto. Durante toda la madrugada eran varios los vecinos que, a la luz de las velas, cuidaban y acompañaban a la imagen del Cristo yacente, la cual permanecía en el interior de una urna de cristal. En Bigastro se hacía el Jueves Santo, aunque no era algo único, puesto que este tipo de sociedades religiosas eran muy populares en nuestra comarca a principios del siglo pasado.

Cristo yacente en urna de cristal

Cristo yacente en urna de cristal

Cinco años antes se inauguraban las obras de la antigua, minúscula –apenas cabían diez personas- pero querida por su pueblo, Ermita del Santo Sepulcro.  Una ermita establecida frente a la que hoy conocemos como “la puerta de Álvaro”. Construida en 1752 gracias a los donativos de los vecinos de Bigastro, fue inaugurada y bendecida un año después por el párroco Jacinto Vigo.

Las obras que tuvieron lugar en 1904 maquillaron el daño causado a la querida ermita por el intransigente paso del tiempo, embelleciendo el reducido espacio que ocupaban un hermoso Cristo yacente, protegido en el interior de una urna de cristal con puntas plateadas, y un precioso lienzo de ocho palmos de latitud y cinco de longitud, situado en la cara frontal de la ermita, cuya belleza podía admirarse gracias a las numerosas velas diseminadas cuidadosamente por la pequeña estancia.

En este espacio de voluntad, constancia y fe, construido en el siglo XVIII, reposaba la imagen del Cristo yacente que daría nombre a todo un barrio –Barrio del Santo Sepulcro- el cual sería cuidado y velado durante décadas por una antigua formación mística bigastrense -La Vela Nocturna- hasta el fin de los días de la ermita y la imagen de Cristo. Pero esa es otra historia que ocurrió en otro tiempo. Quizás para otro momento.

Cartel del 50 aniversario de la Adoración Nocturna

Cartel del 50 aniversario de la Adoración Nocturna

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Bigastro, antiguo vicus del Imperio Romano

Hace años tuve la ocasión de participar en la organización de unas jornadas sobre ciudades romanas, que tuvieron lugar en el MARQ.  En ellas dieron a conocer la actualidad de la investigación histórico-arqueológica romana, estableciendo los asentamientos romanos más importantes ubicados en territorio valenciano, incluidos los vicus. En ese instante, debido a su vínculo con Bigastro, comencé a interesarme por este tipo de formaciones urbanas.

Legión romana sobre una extensa llanura

Legión romana sobre una extensa llanura

En la Antigua Roma, un vicus era un grupo de viviendas que pertenecía a un pueblo o a una gran ciudad. Lo que hoy todos conocemos por un barrio. Pero, si Bigastro tiene su origen en el siglo XVIII, con la decisión del Cabildo de la Catedral de Orihuela de fundar en estas tierras su Lugar Nuevo.  ¿Cómo es posible que Bigastro perteneciera en tiempos antiguos al monumental y portentoso Imperio Romano?

La respuesta más natural es la más sensata. Efectivamente, el Bigastro que hoy conocemos jamás perteneció al Imperio Romano, pero sí los habitantes que ocupaban estas tierras antes que nosotros. Y es que la historia de Bigastro no comienza cuando irrumpe como Lugar Nuevo, sino cuando estas tierras son habitadas. Dicho esto, comenzamos nuestro viaje en el tiempo hasta el mismísimo Imperio Romano.

Giramos las sombras de nuestro reloj de sol dos mil años atrás, hasta el periodo en el que se funda la colonia de ilici Augusta (Elche). Una colonia poblada en su mayor parte por veteranos de guerra a los que el Imperio, en agradecimiento a sus servicios prestados, regaló lotes de tierra en el actual campo de Elche.

Estos veteranos contaban  con su propio puerto -situado en Santa Pola-,incluso con sus “carreteras” -la popular Vía Augusta-, gracias a la construcción del ramal que unió el antiguo Camino de Aníbal desde Caudete -en Albacete- hasta Cartago Nova (Cartagena), pasando por Ilici (Elche) y por nuestra Vega Baja.

A lo largo de estas “carreteras romanas” se fueron  instalando albergues dedicados al alojamiento y descanso de viajeros y guerreros, y también pequeños poblados o barriadas construidas en torno a las grandes ciudades romanas.

Por aquel entonces Orihuela estaba compuesta por una serie de aldeas, villas y fincas estacionadas a lo largo del cauce del río Segura –el Thader-, las cuales estaban dedicadas a la explotación agrícola y ganadera. Y ahí, en esa miscelánea de elementos privilegiados donde se cruzaban los caminos de paso del Imperio con los cauces naturales del agua, surgió el vicus de Bigastro.

Tierra fértil, agua en abundancia, la cercanía de las grandes vías de comunicación, espacios elevados. En definitiva, un conglomerado de condiciones óptimas para la construcción de una pequeña población, la cual ofreciera descanso a los guerreros romanos, a la vez que produjera alimentos con los que colmar la gigantesca despensa romana. Pero, ¿cómo era el vicus de Bigastro?, ¿dónde se encontraba? Y finalmente,  ¿cómo se desvaneció en el tiempo?

Figura en pie, con los hombros marcados y con incisiones en el cuerpo. Localizada en Bigastro

Figura en pie, con los hombros marcados y con incisiones en el cuerpo. Localizada en Bigastro

El vicus romano bigastrense no debemos suponerlo como un conjunto de casas agrupadas en torno a una gran plaza,  pues esa aldea inicial que todos hemos imaginado alguna vez aparecería muchos siglos después, ya con el Cabildo de la Catedral de Orihuela.

En base a los estudios realizados sobre el terreno, y tras diversas intervenciones arqueológicas,  podemos suponer a este vicus como una serie de casas o fincas repartidas por las cercanías y los espacios que hoy ocupa Bigastro. Fincas propiedad de veteranos de guerra y señores instalados en un territorio fértil, y cuyas labores domésticas y trabajos eran realizados por familias de colonos y esclavos.

Actualmente podemos documentar la finca de Los Palacios (en la entrada a Bigastro desde Orihuela), y también cuatro fincas más en el entorno natural de La Pedrera. Además, existe constancia documental de vestigios romanos en el mismísimo corazón de Bigastro, reconocido por todos como la plaza de la iglesia.

Todas las fincas bigastrenses -las manifestadas a día de hoy y las ocultas a la investigación- componían una pequeña barriada cuyos habitantes se alimentaban de su huerta y del ganado, beneficiándose del agua de su formidable río Thader. Recursos naturales de un entorno privilegiado que les permitieron comercializar con poblados mayores, intercambiando provisiones por utensilios procedentes de todos los lugares del Imperio, pues así lo ratifican las piezas arqueológicas que han sido rescatadas de las entrañas del terreno bigastrense:

Ánfora Oberaden, empleada para el transporte de vino o aceite

Ánfora Oberaden, empleada para el transporte de vino o aceite

Ánforas comunes y republicanas, monedas, morteros, cuencos, platos, copas, terras sigillatas itálicas procedentes de Italia Central, también de Pisa, de África, ánforas Dressel, empleadas para transportar el mítico garum -salsa de pescado elaborada con vísceras y sangre- y la Oberaden, empleada para el transporte de vino. Lámparas de aceite con una cronología que se extiende desde el mandato de Augusto hasta los inicios de la época Flavia, y así decenas y decenas de piezas arqueológicas que bosquejan con minúsculos trazos una cultura romana tan sumamente rica, que a partir del siglo XVIII confundiría a decenas de investigadores y arqueólogos, los cuales llegaron a atribuir a Bigastro teorías sobre ciudades romanas de mayor rango.

Mapa del s. XIX con la localización correcta de Begastrum

Mapa del s. XIX con la localización correcta de Begastrum

Durante más de cuatro siglos, los hogares del vicus bigastrense, construidos con grandes rocas procedentes de sus lomas y cabezos, y acicalados con grandes arcos de sillería, documentados por diversos viajeros, cumplieron con su principal objetivo: abastecer a la despensa romana gracias a su producción agropecuaria, y servir de lugar de descanso a señores y guerreros. Pero a partir del siglo IV d.C., sus días como vicus del gran Imperio estaban contados.

Ocurrió que comenzó la decadencia del Imperio Romano, y sus ciudades comenzaron a debilitarse, afectando al mantenimiento de las infraestructuras viarias romanas (aquellas carreteras del principio).  Como resultado, el ramal directo de la Vía Augusta entre Elche y Cartagena fue desvaneciéndose, desarrollándose por otra parte una variante interior a través de la ciudad de Orihuela, quedando el resto de barriadas marginadas.

Sin tráfico de viajeros ni guerreros, y sin comerciantes que alentaran la vida de sus habitantes, el vicus bigastrense quedó apartado y condenado a muerte. Paulatinamente, sus vecinos fueron dispersándose por otros vicus, villas y ciudades con mayor población, comercio y vistas de futuro.

Y así quedaron abandonados sus antiguos hogares, testigos de un antiguo vicus, heridos por el desarrollo de los nuevos tiempos, abatidos por el implacable paso del tiempo, en un lugar de paso de una cultura extraordinaria que dejó su huella en el Bigastro más antiguo.

FD: Historia de la Roma Antigua [Lucien Jerphagnon] Época romana. Museo Arqueológico Provincial de Alicante [Manuel H. Olcina]. Historia de la Provincia de Alicante. Bastitania y Contestania del Reino de Murcia [Juan Lozano.] Historia de Orihuela [Francisco Cánovas]. Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano [Edward Gibbon]

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Keith Williamson: “Espero que en un futuro mis fotos ayuden a la gente a recordar el Bigastro actual”

Todo documentalista, investigador o apasionado de un lugar sabe, que no hay crónica más seductora y fiel que la del viajero extranjero. Siglos atrás cientos de forasteros/as como Richard Ford, Lady Holland, Charles Rochfort o George Borrow visitaron nuestro país en busca de conocimiento, de usanzas sociales o de simplemente una tierra exótica como era la nuestra, donde poder vivir aventuras que rompiesen en mil pedazos el rígido molde de su vida cotidiana.

El legado que dejaron a su paso por nuestro país fue cuantioso y trascendente. Y es que si un lugareño puede verse incapaz de despotricar hacia su pueblo, el viajero que llega de fuera no. De esta manera sus crónicas repletas de detalles y críticas son muy valoradas, porque en la mayoría de los casos dicen la verdad.

Bigastro tiene la fortuna de contar con un viajero. Un viajero inglés que durante años ha inmortalizado nuestro día a día con su cámara de fotos. Miles de instantáneas que hablan de tu banda, de tu San Joaquín, de tu Señora Virgen de Belén, de ti, de los tuyos, de tu calle, de tu pueblo. Pasado un tiempo no quedará nadie de los de ahora, ni tú ni yo, quedarán nuestros hijos. Y cuando sus pasos se pierdan en las callejuelas del Bigastro más antiguo se preguntarán… ¿cómo ocurrió todo? Entonces no quedarán huérfanos de historia, pues tendrán la crónica fotográfica de un viajero inglés que años atrás, quizás siglos, dedicó parte de su vida a retratarnos tal y como fuimos, tal como somos, y espero que por muchos años, tal y como seremos. Un maravilloso legado, inmortalizado en el tiempo, y solo a cambio del bello gesto que provoca sus fotografías, una sonrisa. Valga desde mi pequeño blog mi mayor gratitud. Gracias por tu trabajo amigo Keith Williamson.

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Keith Williamson. Asistente de Director jubilado. Fotógrafo

Pascual Segura: En un momento de tu vida decides venir a vivir a Bigastro. ¿Cuándo ocurre ese momento y por qué?

Keith Williamson: Después de nuestra jubilación teníamos intención de mudarnos a otro país y enfrentarnos a nuevos desafíos. Ya que habíamos disfrutado de muchas visitas a España, esta fue la elección lógica. Bigastro nos ofreció una vida en España lejos de Gran Bretaña. Nos pareció una ciudad en la que podíamos integrarnos y aprender español, además de conocer las auténticas costumbres españolas.

PS: Aunque vives muchos años en nuestro país, que ya es tuyo también, debes conservar muchísimos recuerdos de tu ciudad de origen. ¿Cuál era tu ciudad?, ¿y tu profesión?

KW: Nací en Manchester, viví en Yorkshire y después en Canadá. Regresé de nuevo a Yorkshire, y finalmente viví en Wirral. Comencé mi carrera como profesor de arte en una escuela secundaria de Liverpool. Ascendí a Jefe del Departamento de Arte y, por último, Jefe Adjunto a cargo de las Finanzas Locales y la Administración.

PS: Todos te reconocemos junto a tu inseparable cámara de fotos. ¿Cuándo surge tu afición por la fotografía?

KW: Tuve mi primera cámara a la edad de 11 años. Luego compraría mi primera cámara “seria” mientras estaba en la Universidad. Desde entonces he tenido muchas cámaras, ¡la nueva siempre más cara que la anterior!

PS: Tu trabajo con la cámara de fotos ha generado un gran legado fotográfico. ¿Sabes cuantas fotografías has realizado? ¿Cuánto tiempo dedicas a esta afición?

KW: En mi casa tengo miles de fotografías y diapositivas en películas. También tengo carretes de cine que tomé cuando mis hijos eran pequeños. Ahora tengo una cuenta Flickr online con 6.500 fotos que se han visto más de tres millones veces, y un archivo de fotos almacenado en discos duros con más de 100.000 imágenes digitales, junto con muchas horas de vídeo digital.

¡Mi esposa dice que gasto todo mi tiempo en mi afición!. Normalmente paso dos o tres horas cada día trabajando en mis fotografías. Por cada hora que paso tomando fotografías, necesito por lo menos cuatro horas de trabajo para procesarlas en el ordenador y publicarlas en internet.

PS: Durante muchos años has fotografiado las actuaciones de la Unión Musical de Bigastro. ¿Cuál es tu opinión respecto a la tradición musical bigastrense?

KW: La tradición musical de Bigastro es fundamental para la historia y la cultura de la ciudad. Es la base sobre la que está construida. Todavía existe una gran tradición musical en Inglaterra, pero la formación de bandas locales ya no existe. En el norte de Inglaterra había muchas bandas de metales creadas por los trabajadores de las fábricas -especialmente de las minas de carbón- que consiguieron ser aclamadas internacionalmente. La banda de Bigastro me recuerda mucho a ese antiguo orgullo británico.

PS: El antiguo callejero del pueblo o el uso de su huerta invitan a pensar que vivimos en un lugar antiguo. ¿Qué sabes sobre la historia de Bigastro?

KW: Sé un poco sobre la historia de la ciudad gracias a tu excelente sitio web, pero me gustaría saber mucho más. Las diferencias entre la historia de Bigastro y los pueblos en los que viví me fascinan.

PS: De sus calles, plazas, espacios recreativos o áreas naturales. ¿Qué lugar de Bigastro destacarías?

KW: Me gusta especialmente la zona de la Pedrera por su belleza natural y la huerta, que me recuerda a la horticultura de los pueblos donde me crié. Para mí los espacios verdes en las ciudades son muy importantes, y por eso me gustan mucho los jardines y los parques infantiles. Por supuesto, el Auditorio es un gran activo para la ciudad, es un lugar donde hemos disfrutado de muchos conciertos y otros eventos. ¿Sabía usted que, mi esposa y yo actuamos en el escenario para los niños de las escuelas locales? Estuvimos en dos producciones organizadas por la Escuela de Educación de Adultos. También estuvimos involucrados en una producción en el Centro Social Integrado y durante varios años cantamos villancicos a niños en las escuelas locales antes de Navidad.

PS: Bigastro es un lugar donde perduran antiguas tradiciones a las que con el paso del tiempo se han incorporado otras nuevas. ¿Qué tradición o aspecto cultural destacarías?

KW: Aparte de su tradición musical, disfruto de sus celebraciones religiosas, como el Encuentro y Corpus Christi y por supuesto las fiestas, juegos y otras celebraciones.

PS: El Bigastro de hoy debe ser un poco distinto al que viste por primera vez. ¿En qué piensas que ha mejorado? ¿Qué se ha descuidado?

KW: Cuando llegamos nuestra primera impresión fue que la ciudad estaba desaliñada en algunas partes y elegante en otras. Aunque todavía hay mucho trabajo por hacer, se han hecho muchos progresos para mejorar la ciudad. Hay ciudades más hermosas para vivir, pero sin duda no hay ninguna tan amable, acogedora y orgullosa como Bigastro.

PS: Si un amigo de tu país te pidiera que definieses a Bigastro ayudándote únicamente de tres palabras. ¿Qué tres palabras utilizarías?

KW: Amistosa, tradicional y tranquila. Pascual, si bien es importante que Bigastro busque progresar hacia el futuro, es vital que recuerde su pasado. Espero que en un futuro mis fotos ayuden a la gente a recordar el Bigastro actual. Más importante aún, espero que la gente disfrute de mi trabajo. Gracias por tu tiempo.

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Bigastro y su participación en la Guerra de Sucesión Española

La semana pasada me encontraba en la vecina Orihuela haciendo unos recados cuando pasé junto al Palacio del Conde de la Granja. Estaba mirando su portada cuando me fijé en su balcón, imaginando una vez más el importante suceso que tuvo lugar en su interior.

Y es que allí, desde ese balcón en plena Guerra de Sucesión, el Marqués de Rafal, por aquel entonces Gobernador de Orihuela, proclamó a favor del Archiduque Carlos con una frase que pasaría a la historia: “Hijos míos, ¡viva Carlos III!”

Batlla de Denain. Obra de Jean Alaux

Batalla de Denain. Jean Alaux

Poco después de ese gran acontecimiento tendrían lugar otros que tendrían como escenario Orihuela, pero también las tierras de Bigastro. Y que mejor forma de conocer aquel suceso que viajar en el tiempo hasta el lugar de los hechos.

Giramos las manecillas del reloj hasta el año 1700, momento en el que fallece sin descendencia el monarca Carlos II, dando comienzo un conflicto que duraría doce años en los que los dos candidatos al trono -Felipe V y el Archiduque Carlos- se disputarían la corona española en una sangrienta guerra que pasaría a la historia como la Guerra de Sucesión Española.

Como en toda guerra los bandos participantes tenían sus apoyos y sus detractores. De esta manera a nivel nacional el candidato Felipe V tenía el apoyo de la Corona de Castilla, mientras que el Archiduque Carlos contaba con el de la Corona de Aragón. Orihuela, ciudad en la que tendrían lugar episodios de auténtico terror durante el transcurso de la guerra, apoyaba de forma tajante la causa de Felipe V, y para manifestar dicho apoyo suministraba recursos económicos y también… celestiales.

En octubre de 1705 Felipe V, conocedor de sus apoyos en nuestra comarca, envió una carta al Cabildo de la Catedral de Orihuela solicitando ayuda para el sustento de sus tropas que se encontraban en Murcia, y el Cabildo se la concedió.

Retrato de Felipe V. Obra de Jean Ranc

Retrato de Felipe V. Jean Ranc

Solo cuatro años antes el propio Cabildo había invertido grandes esfuerzos en la fundación de su Lugar Nuevo, con la intención de que éste produjera cuantiosos beneficios en forma de ganado y cereal, pero la gestión del nuevo poblado -que finalmente denominaron Bigastro- no resultó sencilla y en el mejor de los casos podían obtener 355 libras anuales de beneficio.

Aun así el Cabildo, necesitado de víveres con los que apoyar la causa de Felipe V, el 21 de diciembre de 1707 decidió que entre los suministros que se facilitarían al candidato a la corona española enviarían 50 cahíces de trigo y de cebada de Bigastro. Aquí cabe aclarar que el cahíz era una antigua medida de capacidad que variaba según las regiones.

Un total de 100 cahíces de cereal bigastrense viajarían desde su misma huerta hasta llegar a las tropas de Felipe V, una cantidad muy considerable si tenemos en cuenta que Bigastro todavía no contaba con molino propio y los colonos debían desplazarse a otros lugares para moler el grano.

Además, por aquel entonces el pósito bigastrense -emplazado donde hoy vemos la casa del párroco- apenas contaba con una reserva de 50 cahíces de cada cereal por si ocurriera alguna desgracia, por lo que podemos llegar a la conclusión de que después de esta aportación a la causa de la guerra las arcas de Bigastro quedaron más que tiritando.

Campo de trigo

Campo de trigo

Y no sólo las arcas quedaron afectadas, también su población, pues si Bigastro por aquel entonces apenas contaba con un centenar de habitantes, fueron suficientes para que sus hombres fueran llamados a la guerra.

Luís Togores Valenzuela, remplazado del gobernador D. Vicente Falcó, decidió tomar las riendas en la defensa de nuestra comarca formando una tropa de cuarenta valientes campesinos, entre los que reclutó al menos a diez bigastrenses, dispuestos a servir al rey Felipe V hasta perder la vida.

Este ejército, que se perfeccionaría hasta formar un batallón de milicias de cuatro compañías de infantes, setenta por cada una, y tres compañías de caballos, acudirían varias veces en socorro de Alicante, ciudad muy castigada ante las constantes embestidas de las tropas del Archiduque Carlos.

La Guerra de Sucesión Española llegaría a su fin seis años después, en 1713, con el conocido Tratado de Utrecht. Una guerra que casi llegó a consumir por completo a la vecina Orihuela, saqueada, maltratada e incendiada.

Una guerra que en Bigastro perturbó la vida de sus primeros pobladores, testigos del desabastecimiento de las reservas de cereal de su pósito, y encomendados a formar parte de las milicias con la honorable misión de defender la tierra en la que habían decidido vivir. Una tierra por la que hoy paseamos tranquilamente disfrutando de sus construcciones y paisajes, atisbando lugares que invitan a recordar los hechos que en esta tierra tuvieron lugar.

FD: La Guerra de Sucesión de España [J. Albareda]. El señorío eclesiástico de Bigastro [G. Canales, I. Martínez], Togores, señores de Jacarilla [M. Gálvez], La posición del Cabildo Catedral de Orihuela en la Guerra de Sucesión [G. Ruiz, A. J. Mazón, M. Cecilia]

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Frontignan y Bigastro, el vínculo histórico de dos pueblos

Hace unos meses un investigador francés, Christophe, halló entre sus búsquedas la página de Recuerdos de Bigastro, poniéndose en contacto conmigo para profundizar en la investigación que estaba llevando a cabo sobre el lugar de origen de su familia.

Christophe averiguó que algunos de sus antepasados fueron bigastrenses que en tiempos pasados emigraron a Frontignan, un bonito pueblo del sureste de Francia. Gracias a sus interesantes datos genealógicos, a la generosidad de Christophe por contarme su historia familiar y a las búsquedas que pude realizar en el Archivo de la Parroquia de Nuestra de Belén gracias a la colaboración de nuestro párroco D. Antonio, pude conocer el antiguo y singular vínculo que une los pueblos de Frontignan y Bigastro.

Giramos las manecillas de nuestro reloj hasta el primer cuarto del siglo pasado, momento en el que cientos de miles de españoles tomaron la firme decisión de emigrar a Francia en busca de una vida mejor para sus hijos y ellos mismos.

Allí encontraron un país necesitado de mucha mano de obra, puesto que millones de franceses se encontraban luchando en el frente que pasaría a la historia como la Primera Guerra Mundial. Los testimonios dicen que de cada seis soldados que iban al frente uno moría y dos volvían heridos. Con estos datos es fácil suponer que la mano de obra española fue más que bienvenida.

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Cientos de miles de españoles abandonaron sus pueblos

Puestas así las cosas comenzaría un importante movimiento migratorio a través de los Pirineos con el objetivo de llegar al país vecino. Fueron muchos los españoles que emigraron al norte de Francia, donde dedicaron sus esfuerzos a trabajar en las grandes fábricas metalúrgicas, siderúrgicas y químicas que se dedicaban a la industria de guerra, pero la mayoría acabaron instalándose en el sureste de Francia, donde era relativamente sencillo encontrar un puesto de trabajo como jornalero. Y si algo tenían en común Bigastro y Frontignan era precisamente la agricultura.

Decenas de familias bigastrenses se vieron obligadas a dejar atrás la tierra que les vio nacer – muchas para siempre- en favor de un futuro mejor. Con la razón en la cabeza, las penas en el corazón y sus recuerdos e ilusiones en maletas de cartón, abandonaron Bigastro cruzando los Pirineos hasta llegar a su nuevo hogar en la localidad de Frontignan.

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Vista actual del bonito pueblo de Frontignan

Hoy contamos con antiguos documentos que prueban la presencia de más de medio centenar de bigastrenses en este pueblo francés. Familias enteras que años después tuvieron allí su descendencia llevando consigo las historias de su pueblo, sus costumbres y por supuesto, sus apellidos.

Sabemos que los Gálvez y los Escobedo ya vivían en Frontignan a finales del siglo XIX, hace más de cien años. Seguidamente llegarían los Grau, los Navarro, los Arce, Celedonio, Arques, Perales… apellidos muy familiares e incluso primigenios para Bigastro, pues muchos coinciden con los de sus primeros colonos, encontrando además nombres como Joaquín y Joaquina. La presencia bigastrense en Frontignan es  indudable y privilegiada.

Cada familia bigastrense que emigró en tiempos pasados merece su historia, pues todas cuentan con méritos y memoria, pero la de Trinidad Arques, una bigastrense nacida en 1873 es una historia escrita con el corazón y el valor que tuvo para sobreponerse a la muerte de su marido y buscar un futuro mejor lejos de su Bigastro natal para ella y sus cinco hijos.

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Trinidad Arques, nacida en Bigastro

En Frontignan aprendió rápidamente a hablar y escribir en francés, dando una vida mejor a sus hijos (uno de los cuales participó en el conflicto social, bélico y político que pasó a la historia como la Guerra Civil Española) hasta el fin de sus días, allá por 1950.

Solo es un ejemplo de los muchos que podríamos encontrar de lo que supuso para muchos bigastrenses dejar su tierra para buscar un futuro mejor.

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Carmen, hija de Trinidad Arques

Curiosamente en octubre de 2001 Bigastro firmó un protocolo de hermanamiento con el pueblo francés de Le Vigan – situado en la comarca de Languedoc  Roussillon, la misma que Frontignan – empujados por “el deseo de fomentar un espíritu de apertura al resto de pueblos, basado en la tolerancia, la solidaridad, la profundización en los aspectos culturales y la proyección de nuestro futuro socioeconómico”, deseos muy nobles en los que sin embargo echamos en falta una connotación histórica.

Sin duda esta comarca, la de de Languedoc  Roussillon, por su semejanza con nuestra Vega Baja por ser la agricultura su principal motor económico, debió acoger a gentes venidas de todos los pueblos.

Es el caso del lazo que une los pueblos de Bigastro y  Frontignan, un pueblo francés en cuya historia un día quedaron grabados los nombres y apellidos de más de medio centenar de bigastrenses, fundando un vínculo sustentado sobre una base histórica que aún languidecida por el inquebrantable y obstinado paso del tiempo nos habla de Bigastro más allá de nuestras fronteras.

 

FD: Agradecimiento especial a Christophe, investigador francés especializado en genealogía; Un siglo de inmigración española en Francia [Crónicas de la emigración]; La emigración española a Francia en el siglo XX; Cuantificación de la emigración española a Europa

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