Reseñas

La Vela Nocturna. Una antigua formación mística bigastrense

Días atrás conversaba con un amigo sobre la venida de las fiestas patronales en los pueblos que integran nuestra comarca. También sobre la actividad de sus asociaciones culturales y colectivos festeros. Y es que cada pueblo tiene su patrón, su patrona, su banda de música, sus tradiciones y sus formaciones. Unas conservadas, otras desdichadamente olvidadas.

En la que será la última reseña, escribiré sobre “La Vela Nocturna”, una antigua y desaparecida formación mística bigastrense. Y que mejor manera de llegar hasta ella, que viajando en el tiempo hasta el mismo día de su fundación. Para ello, retrocedemos las manecillas de nuestro reloj hasta la madrugada del doce de septiembre de 1909.

La vela, símbolo de Fe

La vela, símbolo de Fe

Nos encontramos en la Plaza de la Iglesia. Una plaza amplia, rodeada de desiguales, sencillas y bonitas casas de pueblo. Justo cuando la campana de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén anuncia las doce de la noche, levantamos la vista al cielo donde surgen dos grandes bolas de fuego desde dos de las principales entradas a Bigastro. La primera bola brota desde la entrada a Bigastro desde Orihuela, estallando en el cielo con una fuerza que zarandea los corazones de todos sus vecinos. La segunda bola se eleva desde el camino de Jacarilla, y aunque ya no espanta, asombra explotando e iluminando el cielo del pequeño y tranquilo lugar de Bigastro.

El olor a pólvora quemada anuncia la llegada de cuatro comisiones procedentes de Elche, Almoradí, Orihuela y Crevillente. Una vez anunciada su presencia, penetran en el interior de sus callejuelas, alumbradas para la ocasión con decenas de lámparas de aceite en sus cruces, y centenares de velas que dispuestas sobre las ventanas y portales de las casas, iluminan el camino que los comisionados deben seguir hasta llegar al mismísimo corazón de Bigastro, su Plaza de la Iglesia. Lugar donde las comisiones serán recibidas por las autoridades civiles conducidas por el alcalde Agustín Fuentes Vaíllo, por las autoridades eclesiásticas y por nuestra Unión Musical de Bigastro. Son los prolegómenos de una importante fundación mística: la adoración nocturna.

Una vez reunidas todas las comisiones, ingresan en el interior de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén para saludar a la patrona de Bigastro. Para ello entonaron todos juntos la Salve Regina. Después celebran misa y entonan letras e himnos hasta las cuatro de la madrugada, momento en el que da comienzo una procesión que recorre todas y cada una de las calles del pueblo.

Casas engalanadas con vistosas colgaduras, calles tapizadas de verde follaje y enramado, aromas de olivo y romero, vivas, marchas y pasodobles tocados por la Unión Musical de Bigastro. Un escenario festivo acorde a una celebración mayor en la que se respiraba un aire especial de solemnidad.

Una hora después, y con la llegada de la primera luz del alba, el grupo festivo llega a la Plaza de la Iglesia y allí se dispersa. Había sido fundada la adoración nocturna bigastrense.

La adoración nocturna -renombrada en Bigastro posteriormente como “La Vela Nocturna”- era una agrupación de fieles que, en grupos o de forma individual, se turnaban en las horas de la noche para velar la imagen de Jesucristo muerto. Durante toda la madrugada eran varios los vecinos que, a la luz de las velas, cuidaban y acompañaban a la imagen del Cristo yacente, la cual permanecía en el interior de una urna de cristal. En Bigastro se hacía el Jueves Santo, aunque no era algo único, puesto que este tipo de sociedades religiosas eran muy populares en nuestra comarca a principios del siglo pasado.

Cristo yacente en urna de cristal

Cristo yacente en urna de cristal

Cinco años antes se inauguraban las obras de la antigua, minúscula –apenas cabían diez personas- pero querida por su pueblo, Ermita del Santo Sepulcro.  Una ermita establecida frente a la que hoy conocemos como “la puerta de Álvaro”. Construida en 1752 gracias a los donativos de los vecinos de Bigastro, fue inaugurada y bendecida un año después por el párroco Jacinto Vigo.

Las obras que tuvieron lugar en 1904 maquillaron el daño causado a la querida ermita por el intransigente paso del tiempo, embelleciendo el reducido espacio que ocupaban un hermoso Cristo yacente, protegido en el interior de una urna de cristal con puntas plateadas, y un precioso lienzo de ocho palmos de latitud y cinco de longitud, situado en la cara frontal de la ermita, cuya belleza podía admirarse gracias a las numerosas velas diseminadas cuidadosamente por la pequeña estancia.

En este espacio de voluntad, constancia y fe, construido en el siglo XVIII, reposaba la imagen del Cristo yacente que daría nombre a todo un barrio –Barrio del Santo Sepulcro- el cual sería cuidado y velado durante décadas por una antigua formación mística bigastrense -La Vela Nocturna- hasta el fin de los días de la ermita y la imagen de Cristo. Pero esa es otra historia que ocurrió en otro tiempo. Quizás para otro momento.

Cartel del 50 aniversario de la Adoración Nocturna

Cartel del 50 aniversario de la Adoración Nocturna

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Bigastro, antiguo vicus del Imperio Romano

Hace años tuve la ocasión de participar en la organización de unas jornadas sobre ciudades romanas, que tuvieron lugar en el MARQ.  En ellas dieron a conocer la actualidad de la investigación histórico-arqueológica romana, estableciendo los asentamientos romanos más importantes ubicados en territorio valenciano, incluidos los vicus. En ese instante, debido a su vínculo con Bigastro, comencé a interesarme por este tipo de formaciones urbanas.

Legión romana sobre una extensa llanura

Legión romana sobre una extensa llanura

En la Antigua Roma, un vicus era un grupo de viviendas que pertenecía a un pueblo o a una gran ciudad. Lo que hoy todos conocemos por un barrio. Pero, si Bigastro tiene su origen en el siglo XVIII, con la decisión del Cabildo de la Catedral de Orihuela de fundar en estas tierras su Lugar Nuevo.  ¿Cómo es posible que Bigastro perteneciera en tiempos antiguos al monumental y portentoso Imperio Romano?

La respuesta más natural es la más sensata. Efectivamente, el Bigastro que hoy conocemos jamás perteneció al Imperio Romano, pero sí los habitantes que ocupaban estas tierras antes que nosotros. Y es que la historia de Bigastro no comienza cuando irrumpe como Lugar Nuevo, sino cuando estas tierras son habitadas. Dicho esto, comenzamos nuestro viaje en el tiempo hasta el mismísimo Imperio Romano.

Giramos las sombras de nuestro reloj de sol dos mil años atrás, hasta el periodo en el que se funda la colonia de ilici Augusta (Elche). Una colonia poblada en su mayor parte por veteranos de guerra a los que el Imperio, en agradecimiento a sus servicios prestados, regaló lotes de tierra en el actual campo de Elche.

Estos veteranos contaban  con su propio puerto -situado en Santa Pola-,incluso con sus “carreteras” -la popular Vía Augusta-, gracias a la construcción del ramal que unió el antiguo Camino de Aníbal desde Caudete -en Albacete- hasta Cartago Nova (Cartagena), pasando por Ilici (Elche) y por nuestra Vega Baja.

A lo largo de estas “carreteras romanas” se fueron  instalando albergues dedicados al alojamiento y descanso de viajeros y guerreros, y también pequeños poblados o barriadas construidas en torno a las grandes ciudades romanas.

Por aquel entonces Orihuela estaba compuesta por una serie de aldeas, villas y fincas estacionadas a lo largo del cauce del río Segura –el Thader-, las cuales estaban dedicadas a la explotación agrícola y ganadera. Y ahí, en esa miscelánea de elementos privilegiados donde se cruzaban los caminos de paso del Imperio con los cauces naturales del agua, surgió el vicus de Bigastro.

Tierra fértil, agua en abundancia, la cercanía de las grandes vías de comunicación, espacios elevados. En definitiva, un conglomerado de condiciones óptimas para la construcción de una pequeña población, la cual ofreciera descanso a los guerreros romanos, a la vez que produjera alimentos con los que colmar la gigantesca despensa romana. Pero, ¿cómo era el vicus de Bigastro?, ¿dónde se encontraba? Y finalmente,  ¿cómo se desvaneció en el tiempo?

Figura en pie, con los hombros marcados y con incisiones en el cuerpo. Localizada en Bigastro

Figura en pie, con los hombros marcados y con incisiones en el cuerpo. Localizada en Bigastro

El vicus romano bigastrense no debemos suponerlo como un conjunto de casas agrupadas en torno a una gran plaza,  pues esa aldea inicial que todos hemos imaginado alguna vez aparecería muchos siglos después, ya con el Cabildo de la Catedral de Orihuela.

En base a los estudios realizados sobre el terreno, y tras diversas intervenciones arqueológicas,  podemos suponer a este vicus como una serie de casas o fincas repartidas por las cercanías y los espacios que hoy ocupa Bigastro. Fincas propiedad de veteranos de guerra y señores instalados en un territorio fértil, y cuyas labores domésticas y trabajos eran realizados por familias de colonos y esclavos.

Actualmente podemos documentar la finca de Los Palacios (en la entrada a Bigastro desde Orihuela), y también cuatro fincas más en el entorno natural de La Pedrera. Además, existe constancia documental de vestigios romanos en el mismísimo corazón de Bigastro, reconocido por todos como la plaza de la iglesia.

Todas las fincas bigastrenses -las manifestadas a día de hoy y las ocultas a la investigación- componían una pequeña barriada cuyos habitantes se alimentaban de su huerta y del ganado, beneficiándose del agua de su formidable río Thader. Recursos naturales de un entorno privilegiado que les permitieron comercializar con poblados mayores, intercambiando provisiones por utensilios procedentes de todos los lugares del Imperio, pues así lo ratifican las piezas arqueológicas que han sido rescatadas de las entrañas del terreno bigastrense:

Ánfora Oberaden, empleada para el transporte de vino o aceite

Ánfora Oberaden, empleada para el transporte de vino o aceite

Ánforas comunes y republicanas, monedas, morteros, cuencos, platos, copas, terras sigillatas itálicas procedentes de Italia Central, también de Pisa, de África, ánforas Dressel, empleadas para transportar el mítico garum -salsa de pescado elaborada con vísceras y sangre- y la Oberaden, empleada para el transporte de vino. Lámparas de aceite con una cronología que se extiende desde el mandato de Augusto hasta los inicios de la época Flavia, y así decenas y decenas de piezas arqueológicas que bosquejan con minúsculos trazos una cultura romana tan sumamente rica, que a partir del siglo XVIII confundiría a decenas de investigadores y arqueólogos, los cuales llegaron a atribuir a Bigastro teorías sobre ciudades romanas de mayor rango.

Mapa del s. XIX con la localización correcta de Begastrum

Mapa del s. XIX con la localización correcta de Begastrum

Durante más de cuatro siglos, los hogares del vicus bigastrense, construidos con grandes rocas procedentes de sus lomas y cabezos, y acicalados con grandes arcos de sillería, documentados por diversos viajeros, cumplieron con su principal objetivo: abastecer a la despensa romana gracias a su producción agropecuaria, y servir de lugar de descanso a señores y guerreros. Pero a partir del siglo IV d.C., sus días como vicus del gran Imperio estaban contados.

Ocurrió que comenzó la decadencia del Imperio Romano, y sus ciudades comenzaron a debilitarse, afectando al mantenimiento de las infraestructuras viarias romanas (aquellas carreteras del principio).  Como resultado, el ramal directo de la Vía Augusta entre Elche y Cartagena fue desvaneciéndose, desarrollándose por otra parte una variante interior a través de la ciudad de Orihuela, quedando el resto de barriadas marginadas.

Sin tráfico de viajeros ni guerreros, y sin comerciantes que alentaran la vida de sus habitantes, el vicus bigastrense quedó apartado y condenado a muerte. Paulatinamente, sus vecinos fueron dispersándose por otros vicus, villas y ciudades con mayor población, comercio y vistas de futuro.

Y así quedaron abandonados sus antiguos hogares, testigos de un antiguo vicus, heridos por el desarrollo de los nuevos tiempos, abatidos por el implacable paso del tiempo, en un lugar de paso de una cultura extraordinaria que dejó su huella en el Bigastro más antiguo.

FD: Historia de la Roma Antigua [Lucien Jerphagnon] Época romana. Museo Arqueológico Provincial de Alicante [Manuel H. Olcina]. Historia de la Provincia de Alicante. Bastitania y Contestania del Reino de Murcia [Juan Lozano.] Historia de Orihuela [Francisco Cánovas]. Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano [Edward Gibbon]

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Bigastro y su moneda de cartón

Días atrás tomaba café con un compañero y amigo cuando surgió el tema del patrimonio cultural de Bigastro, de Orihuela, de historia en general… y entre tema y tema hablamos un poco sobre sigilografía y numismática. Finalmente acabamos hablando de esta pequeña moneda de cartón de Bigastro emitida en el año 1937.

Fotografía_moneda

Cartón moneda de uso provisional de Bigastro

Mucho y nada se puede contar sobre ella, y es que lleva detrás una historia peculiar rubricada por la leyenda y la verdad, pero para conocerla en su contexto debemos trasladarnos hasta el tiempo en el que fue creada. Una fecha que nos transporta de forma inmediata al conflicto bélico por excelencia que marcó la historia actual de nuestro país: la Guerra Civil Española.

Giramos las manecillas del reloj hasta el 17 de julio de 1936, día en el que tendría lugar en Melilla la sublevación militar que se extendería al protectorado español de Marruecos y poco después a la península.

Batalla tras batalla la rebelión fue tomando territorios resultando una España dividida en dos bandos: el nacional y el republicano. Nuestra comunidad quedó cercada en el interior del bando republicano, por lo que en nuestra provincia y por ende, en Bigastro, los acontecimientos ocurridos entre los años 1936 y 1939 estuvieron supeditados a las situaciones propias de la zona en la que nos encontrábamos, la zona republicana.

De esta manera, en Bigastro, gobernado por entonces por D. José Aureliano Díaz, se tomaron algunas decisiones favorables a este bando, como fueron las de destinar un porcentaje del presupuesto municipal para ayudar al ejército republicano, o imprimir folletos en apoyo de los batallones de aviación murciana, para más tarde repartirlos por el pueblo con la finalidad de que los jóvenes bigastrenses se alistaran en dichas compañías.

A estas actuaciones ocurridas en el pueblo se sucedieron otras en favor de uno u otro bando según soplaran los sombríos vientos de la guerra: manifestaciones, mítines, reprimendas y desfiles tuvieron sus momentos de gloria en las calles y plazas del pueblo, en ocasiones acompañados por el olor a pólvora quemada, pero volvamos a la moneda.

Durante la guerra la carencia de moneda fraccionaria fue un verdadero problema, y es que ante el temor de lo que pudiera acontecer, los vecinos procuraban atesorar en sus casas todas las monedas y billetes que tuvieran a su alcance. Por esta razón hoy en día no es extraño encontrar en casas viejas o abandonadas, monedas, sellos o billetes de esta época ocultos entre las paredes, techos o huecos falsos en el suelo.

Moneda de cartón de Bigastro

Anverso y reverso de la moneda de cartón de Bigastro

Eso provocó una considerable reducción de la circulación de moneda, hasta el punto de que fuera necesario producir más monedas que dieran respuesta a la demanda.

En la zona republicana los metales comenzaban a escasear, puesto que las regiones en las que se encontraban las principales producciones de metal se encontraban en zona nacional, así pues se tomó la decisión de emitir monedas de cartón.

Fueron muchos los modelos de monedas de cartón que se produjeron, tantos como los que posteriormente se falsearon, pero entre todos ellos se encuentra uno que recoge aquellas localidades que se encontraban en el interior de la zona republicana, y es ahí donde contamos con el modelo de moneda de cartón de Bigastro.

Las monedas de cartón llevaban un dibujo en el anverso que hacía referencia a la provincia a la que pertenecían (pez, por el comercio pesquero de la provincia). Al dibujo acompañaban el nombre del lugar –Bigastro- y un lema “Cartón moneda de uso provisional”. En el reverso pegaban un sello de correos con el valor que daban a la moneda de cartón.

Como toda moneda y billete tuvo sus muchas falsificaciones, y es que las monedas estaban producidas con unos materiales tan económicos y accesibles (sellos, papel, cartón…) que las medidas de seguridad que evitaran su falsificación fueron prácticamente inexistentes. A día de hoy resulta muy complicado, por no decir imposible, certificar si una de esas monedas de cartón es auténtica o no.

De las originales sabemos que fueron fabricadas en lugares distintos, ya que en pleno conflicto bélico, y en respuesta al avance del bando sublevado, el bando republicano decidió trasladar la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre desde Madrid a Castellón, dedicando la fábrica de Madrid a producir material de guerra. Pero poco después las tropas avanzaron hacia Castellón, lo que provocó que la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre volviera a ser trasladada, esta vez al pueblo de Aspe.

Fábrica de moneda de Aspe

Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de Aspe

El avance continuo de las tropas nacionales provocó que las monedas de cartón dejaran de usarse en los territorios tomados, hasta el punto de que muchas fueran fabricadas pero jamás llegaran a utilizarse. Fue el caso de Bigastro y de muchas otras poblaciones, que por encontrarse en zona republicana tuvieron su propia moneda de cartón, pero las circunstancias de la guerra hicieron que jamás llegaran a utilizarlas.

Aun así, con todos los pormenores contrarios a la producción de este tipo de monedas, dada la facilidad con la que éstas eran reproducidas y con tan pocos conocimientos sobre el destino final que tuvieron, resulta toda una curiosidad que en un instante de la historia de nuestro país, Bigastro contara con su propia moneda.

Monedas de cartón en el Archivo Histórico Provincial de Alicante

Monedas de cartón en el Archivo Histórico Provincial de Alicante

 

FD: La Guerra Civil Española [P. Preston], Guerra Civil Española [Ed. Susaeta], La actuación municipal de Bigastro en la primera mitad del siglo XX [J.M. Cabañés]

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Bigastro y su participación en la Guerra de Sucesión Española

La semana pasada me encontraba en la vecina Orihuela haciendo unos recados cuando pasé junto al Palacio del Conde de la Granja. Estaba mirando su portada cuando me fijé en su balcón, imaginando una vez más el importante suceso que tuvo lugar en su interior.

Y es que allí, desde ese balcón en plena Guerra de Sucesión, el Marqués de Rafal, por aquel entonces Gobernador de Orihuela, proclamó a favor del Archiduque Carlos con una frase que pasaría a la historia: “Hijos míos, ¡viva Carlos III!”

Batlla de Denain. Obra de Jean Alaux

Batalla de Denain. Jean Alaux

Poco después de ese gran acontecimiento tendrían lugar otros que tendrían como escenario Orihuela, pero también las tierras de Bigastro. Y que mejor forma de conocer aquel suceso que viajar en el tiempo hasta el lugar de los hechos.

Giramos las manecillas del reloj hasta el año 1700, momento en el que fallece sin descendencia el monarca Carlos II, dando comienzo un conflicto que duraría doce años en los que los dos candidatos al trono -Felipe V y el Archiduque Carlos- se disputarían la corona española en una sangrienta guerra que pasaría a la historia como la Guerra de Sucesión Española.

Como en toda guerra los bandos participantes tenían sus apoyos y sus detractores. De esta manera a nivel nacional el candidato Felipe V tenía el apoyo de la Corona de Castilla, mientras que el Archiduque Carlos contaba con el de la Corona de Aragón. Orihuela, ciudad en la que tendrían lugar episodios de auténtico terror durante el transcurso de la guerra, apoyaba de forma tajante la causa de Felipe V, y para manifestar dicho apoyo suministraba recursos económicos y también… celestiales.

En octubre de 1705 Felipe V, conocedor de sus apoyos en nuestra comarca, envió una carta al Cabildo de la Catedral de Orihuela solicitando ayuda para el sustento de sus tropas que se encontraban en Murcia, y el Cabildo se la concedió.

Retrato de Felipe V. Obra de Jean Ranc

Retrato de Felipe V. Jean Ranc

Solo cuatro años antes el propio Cabildo había invertido grandes esfuerzos en la fundación de su Lugar Nuevo, con la intención de que éste produjera cuantiosos beneficios en forma de ganado y cereal, pero la gestión del nuevo poblado -que finalmente denominaron Bigastro- no resultó sencilla y en el mejor de los casos podían obtener 355 libras anuales de beneficio.

Aun así el Cabildo, necesitado de víveres con los que apoyar la causa de Felipe V, el 21 de diciembre de 1707 decidió que entre los suministros que se facilitarían al candidato a la corona española enviarían 50 cahíces de trigo y de cebada de Bigastro. Aquí cabe aclarar que el cahíz era una antigua medida de capacidad que variaba según las regiones.

Un total de 100 cahíces de cereal bigastrense viajarían desde su misma huerta hasta llegar a las tropas de Felipe V, una cantidad muy considerable si tenemos en cuenta que Bigastro todavía no contaba con molino propio y los colonos debían desplazarse a otros lugares para moler el grano.

Además, por aquel entonces el pósito bigastrense -emplazado donde hoy vemos la casa del párroco- apenas contaba con una reserva de 50 cahíces de cada cereal por si ocurriera alguna desgracia, por lo que podemos llegar a la conclusión de que después de esta aportación a la causa de la guerra las arcas de Bigastro quedaron más que tiritando.

Campo de trigo

Campo de trigo

Y no sólo las arcas quedaron afectadas, también su población, pues si Bigastro por aquel entonces apenas contaba con un centenar de habitantes, fueron suficientes para que sus hombres fueran llamados a la guerra.

Luís Togores Valenzuela, remplazado del gobernador D. Vicente Falcó, decidió tomar las riendas en la defensa de nuestra comarca formando una tropa de cuarenta valientes campesinos, entre los que reclutó al menos a diez bigastrenses, dispuestos a servir al rey Felipe V hasta perder la vida.

Este ejército, que se perfeccionaría hasta formar un batallón de milicias de cuatro compañías de infantes, setenta por cada una, y tres compañías de caballos, acudirían varias veces en socorro de Alicante, ciudad muy castigada ante las constantes embestidas de las tropas del Archiduque Carlos.

La Guerra de Sucesión Española llegaría a su fin seis años después, en 1713, con el conocido Tratado de Utrecht. Una guerra que casi llegó a consumir por completo a la vecina Orihuela, saqueada, maltratada e incendiada.

Una guerra que en Bigastro perturbó la vida de sus primeros pobladores, testigos del desabastecimiento de las reservas de cereal de su pósito, y encomendados a formar parte de las milicias con la honorable misión de defender la tierra en la que habían decidido vivir. Una tierra por la que hoy paseamos tranquilamente disfrutando de sus construcciones y paisajes, atisbando lugares que invitan a recordar los hechos que en esta tierra tuvieron lugar.

FD: La Guerra de Sucesión de España [J. Albareda]. El señorío eclesiástico de Bigastro [G. Canales, I. Martínez], Togores, señores de Jacarilla [M. Gálvez], La posición del Cabildo Catedral de Orihuela en la Guerra de Sucesión [G. Ruiz, A. J. Mazón, M. Cecilia]

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Bigastro y su ejemplo de tolerancia: entre la adoración religiosa y el mitin republicano

Hace poco más de una semana, a raíz de una noticia surgida en un pueblo vecino que hacía referencia a la discusión sobre el carácter político o religioso de un símbolo ubicado en su plaza mayor, un amigo me preguntaba cual era la situación actual y qué opinaba yo al respecto.

Yo que cuando quiero hablo por los codos y cuando puedo de lo que me gusta, le conté una historia que sucedió en Bigastro hace poco más de cien años. Y es que aunque no deja de ser una anécdota, tiene un carácter similar.

Giramos las manecillas del reloj hasta los primeros años del siglo pasado, exactamente hasta el 6 de julio de 1903. Por aquel entonces España se encontraba sumida en la frustración y el pesimismo propios de una nación enferma que había perdido sus colonias de ultramar. Además, con Alfonso XIII en el trono, los cambios políticos iban y venían al compás de las múltiples elecciones, que alternaban gobiernos moderados con liberales.

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Mitin político en una plaza con gran asistencia

Bigastro, pueblo que como veremos más adelante no quedaría aislado de los vaivenes políticos, estaba conducido políticamente por un conjunto de contribuyentes (Francisco Pastor, Enrique Andreu, Antonio Fuentes, Vicente Belmonte, Enrique Rubio, Joaquín Belmonte, Francisco Lorente y Agustín Fuentes) que hacían de concejales de una corporación municipal capitaneada por su alcalde, D. Manuel Vaíllo Gracia.

En esta época de desconcierto político eran muy frecuentes los mítines de todo tipo de partidos, los cuales eran pronunciados por oradores traídos de otros pueblos, por los representantes del clero o por los propios vecinos del pueblo. Y aunque fueron muchos, muchísimos, los que se pronunciaron desde el balcón en la plaza de la iglesia, uno tuvo especial repercusión por lo curioso de la situación en la que se desarrolló.

El lunes 6 de julio de 1903, justo una semana después de que la Liga Católica pronunciara su mitin semanal en la plaza de la iglesia, le llegó el turno a la Unión Republicana de Bigastro.

El mitin fue organizado por todo el distrito, y de esta manera Bigastro fue por un día el mayor centro político provincial, recibiendo entre otras a las autoridades políticas de Torrevieja, San Miguel de Salinas, Catral, Albatera, Torremendo, Beniel, y por supuesto, la vecina Orihuela.  Todos fueron llegando a Bigastro en las primeras horas de la mañana, ocupando la plaza de la iglesia con sus elegantes carruajes.

Por último y desde la ciudad de Alicante llegaron las visitas más esperadas,  los oradores republicanos José Guardiola Ortiz y Pedro Irles, concejal el primero y presidente del Círculo Republicano el segundo. Tras su llegada subieron al balcón más alto de la plaza de la iglesia, el cual habían engalanado con una bandera nacional, y ante una multitud de más de mil personas pronunciaron un discurso, como no podía ser de otra manera, alusivo a los conceptos de la doctrina republicana y la revolución.

José Guardiola

José Guardiola Ortiz, abogado y político

Una tras otra, las distintas autoridades republicanas llegadas a Bigastro desde todos los pueblos de la provincia fueron pronunciando sus discursos en la plaza de la iglesia de Bigastro cuando una imagen que no esperaban les sorprendió. Una comitiva de bigastrenses en procesión se adentró en la plaza en dirección a la iglesia con motivo de la ceremonia con la que honraban a la Virgen del Rosario.

El grupo de feligreses rezaba y caminaba, ante la atenta y respetuosa mirada de la multitud allí reunida, hasta llegar al interior de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén, y cuando dieron por finalizadas sus oraciones salieron a la plaza, cura incluido, a terminar de escuchar a los últimos oradores republicanos.

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Antigua Virgen del Rosario

Cuando el mitin acabó, las autoridades republicanas, vecinos y eclesiásticos fueron invitados a un almuerzo en la casa del bigastrense Juan Gálvez, en un acto de confraternización y respeto de ambos bandos.

Años después en la principal plaza de Bigastro soplarían vientos que levantarían oscuras polvaredas, tintas carmesí que escribirían las más sangrientas páginas de su historia, y en algunos de sus caminos y veredas se escucharían para siempre el eco de las balas. Pero esos recuerdos forman parte de otras historias, de otras gentes y de otros tiempos.

 

 

FD: La Unión Republicana bajo la presidencia de Nicolás Salmerón [Alfonso Capitán], Historia Electoral, El liberal, Historia de Orihuela [Francisco Cánovas], La actuación municipal de Bigastro en la primera mitad del siglo XX [José Mª Cabañés]

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