Reseñas

Bigastro y su moneda de cartón

Días atrás tomaba café con un compañero y amigo cuando surgió el tema del patrimonio cultural de Bigastro, de Orihuela, de historia en general… y entre tema y tema hablamos un poco sobre sigilografía y numismática. Finalmente acabamos hablando de esta pequeña moneda de cartón de Bigastro emitida en el año 1937.

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Cartón moneda de uso provisional de Bigastro

Mucho y nada se puede contar sobre ella, y es que lleva detrás una historia peculiar rubricada por la leyenda y la verdad, pero para conocerla en su contexto debemos trasladarnos hasta el tiempo en el que fue creada. Una fecha que nos transporta de forma inmediata al conflicto bélico por excelencia que marcó la historia actual de nuestro país: la Guerra Civil Española.

Giramos las manecillas del reloj hasta el 17 de julio de 1936, día en el que tendría lugar en Melilla la sublevación militar que se extendería al protectorado español de Marruecos y poco después a la península.

Batalla tras batalla la rebelión fue tomando territorios resultando una España dividida en dos bandos: el nacional y el republicano. Nuestra comunidad quedó cercada en el interior del bando republicano, por lo que en nuestra provincia y por ende, en Bigastro, los acontecimientos ocurridos entre los años 1936 y 1939 estuvieron supeditados a las situaciones propias de la zona en la que nos encontrábamos, la zona republicana.

De esta manera, en Bigastro, gobernado por entonces por D. José Aureliano Díaz, se tomaron algunas decisiones favorables a este bando, como fueron las de destinar un porcentaje del presupuesto municipal para ayudar al ejército republicano, o imprimir folletos en apoyo de los batallones de aviación murciana, para más tarde repartirlos por el pueblo con la finalidad de que los jóvenes bigastrenses se alistaran en dichas compañías.

A estas actuaciones ocurridas en el pueblo se sucedieron otras en favor de uno u otro bando según soplaran los sombríos vientos de la guerra: manifestaciones, mítines, reprimendas y desfiles tuvieron sus momentos de gloria en las calles y plazas del pueblo, en ocasiones acompañados por el olor a pólvora quemada, pero volvamos a la moneda.

Durante la guerra la carencia de moneda fraccionaria fue un verdadero problema, y es que ante el temor de lo que pudiera acontecer, los vecinos procuraban atesorar en sus casas todas las monedas y billetes que tuvieran a su alcance. Por esta razón hoy en día no es extraño encontrar en casas viejas o abandonadas, monedas, sellos o billetes de esta época ocultos entre las paredes, techos o huecos falsos en el suelo.

Moneda de cartón de Bigastro

Anverso y reverso de la moneda de cartón de Bigastro

Eso provocó una considerable reducción de la circulación de moneda, hasta el punto de que fuera necesario producir más monedas que dieran respuesta a la demanda.

En la zona republicana los metales comenzaban a escasear, puesto que las regiones en las que se encontraban las principales producciones de metal se encontraban en zona nacional, así pues se tomó la decisión de emitir monedas de cartón.

Fueron muchos los modelos de monedas de cartón que se produjeron, tantos como los que posteriormente se falsearon, pero entre todos ellos se encuentra uno que recoge aquellas localidades que se encontraban en el interior de la zona republicana, y es ahí donde contamos con el modelo de moneda de cartón de Bigastro.

Las monedas de cartón llevaban un dibujo en el anverso que hacía referencia a la provincia a la que pertenecían (pez, por el comercio pesquero de la provincia). Al dibujo acompañaban el nombre del lugar –Bigastro- y un lema “Cartón moneda de uso provisional”. En el reverso pegaban un sello de correos con el valor que daban a la moneda de cartón.

Como toda moneda y billete tuvo sus muchas falsificaciones, y es que las monedas estaban producidas con unos materiales tan económicos y accesibles (sellos, papel, cartón…) que las medidas de seguridad que evitaran su falsificación fueron prácticamente inexistentes. A día de hoy resulta muy complicado, por no decir imposible, certificar si una de esas monedas de cartón es auténtica o no.

De las originales sabemos que fueron fabricadas en lugares distintos, ya que en pleno conflicto bélico, y en respuesta al avance del bando sublevado, el bando republicano decidió trasladar la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre desde Madrid a Castellón, dedicando la fábrica de Madrid a producir material de guerra. Pero poco después las tropas avanzaron hacia Castellón, lo que provocó que la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre volviera a ser trasladada, esta vez al pueblo de Aspe.

Fábrica de moneda de Aspe

Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de Aspe

El avance continuo de las tropas nacionales provocó que las monedas de cartón dejaran de usarse en los territorios tomados, hasta el punto de que muchas fueran fabricadas pero jamás llegaran a utilizarse. Fue el caso de Bigastro y de muchas otras poblaciones, que por encontrarse en zona republicana tuvieron su propia moneda de cartón, pero las circunstancias de la guerra hicieron que jamás llegaran a utilizarlas.

Aun así, con todos los pormenores contrarios a la producción de este tipo de monedas, dada la facilidad con la que éstas eran reproducidas y con tan pocos conocimientos sobre el destino final que tuvieron, resulta toda una curiosidad que en un instante de la historia de nuestro país, Bigastro contara con su propia moneda.

Monedas de cartón en el Archivo Histórico Provincial de Alicante

Monedas de cartón en el Archivo Histórico Provincial de Alicante

 

FD: La Guerra Civil Española [P. Preston], Guerra Civil Española [Ed. Susaeta], La actuación municipal de Bigastro en la primera mitad del siglo XX [J.M. Cabañés]

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Bigastro y su participación en la Guerra de Sucesión Española

La semana pasada me encontraba en la vecina Orihuela haciendo unos recados cuando pasé junto al Palacio del Conde de la Granja. Estaba mirando su portada cuando me fijé en su balcón, imaginando una vez más el importante suceso que tuvo lugar en su interior.

Y es que allí, desde ese balcón en plena Guerra de Sucesión, el Marqués de Rafal, por aquel entonces Gobernador de Orihuela, proclamó a favor del Archiduque Carlos con una frase que pasaría a la historia: “Hijos míos, ¡viva Carlos III!”

Batlla de Denain. Obra de Jean Alaux

Batalla de Denain. Jean Alaux

Poco después de ese gran acontecimiento tendrían lugar otros que tendrían como escenario Orihuela, pero también las tierras de Bigastro. Y que mejor forma de conocer aquel suceso que viajar en el tiempo hasta el lugar de los hechos.

Giramos las manecillas del reloj hasta el año 1700, momento en el que fallece sin descendencia el monarca Carlos II, dando comienzo un conflicto que duraría doce años en los que los dos candidatos al trono -Felipe V y el Archiduque Carlos- se disputarían la corona española en una sangrienta guerra que pasaría a la historia como la Guerra de Sucesión Española.

Como en toda guerra los bandos participantes tenían sus apoyos y sus detractores. De esta manera a nivel nacional el candidato Felipe V tenía el apoyo de la Corona de Castilla, mientras que el Archiduque Carlos contaba con el de la Corona de Aragón. Orihuela, ciudad en la que tendrían lugar episodios de auténtico terror durante el transcurso de la guerra, apoyaba de forma tajante la causa de Felipe V, y para manifestar dicho apoyo suministraba recursos económicos y también… celestiales.

En octubre de 1705 Felipe V, conocedor de sus apoyos en nuestra comarca, envió una carta al Cabildo de la Catedral de Orihuela solicitando ayuda para el sustento de sus tropas que se encontraban en Murcia, y el Cabildo se la concedió.

Retrato de Felipe V. Obra de Jean Ranc

Retrato de Felipe V. Jean Ranc

Solo cuatro años antes el propio Cabildo había invertido grandes esfuerzos en la fundación de su Lugar Nuevo, con la intención de que éste produjera cuantiosos beneficios en forma de ganado y cereal, pero la gestión del nuevo poblado -que finalmente denominaron Bigastro- no resultó sencilla y en el mejor de los casos podían obtener 355 libras anuales de beneficio.

Aun así el Cabildo, necesitado de víveres con los que apoyar la causa de Felipe V, el 21 de diciembre de 1707 decidió que entre los suministros que se facilitarían al candidato a la corona española enviarían 50 cahíces de trigo y de cebada de Bigastro. Aquí cabe aclarar que el cahíz era una antigua medida de capacidad que variaba según las regiones.

Un total de 100 cahíces de cereal bigastrense viajarían desde su misma huerta hasta llegar a las tropas de Felipe V, una cantidad muy considerable si tenemos en cuenta que Bigastro todavía no contaba con molino propio y los colonos debían desplazarse a otros lugares para moler el grano.

Además, por aquel entonces el pósito bigastrense -emplazado donde hoy vemos la casa del párroco- apenas contaba con una reserva de 50 cahíces de cada cereal por si ocurriera alguna desgracia, por lo que podemos llegar a la conclusión de que después de esta aportación a la causa de la guerra las arcas de Bigastro quedaron más que tiritando.

Campo de trigo

Campo de trigo

Y no sólo las arcas quedaron afectadas, también su población, pues si Bigastro por aquel entonces apenas contaba con un centenar de habitantes, fueron suficientes para que sus hombres fueran llamados a la guerra.

Luís Togores Valenzuela, remplazado del gobernador D. Vicente Falcó, decidió tomar las riendas en la defensa de nuestra comarca formando una tropa de cuarenta valientes campesinos, entre los que reclutó al menos a diez bigastrenses, dispuestos a servir al rey Felipe V hasta perder la vida.

Este ejército, que se perfeccionaría hasta formar un batallón de milicias de cuatro compañías de infantes, setenta por cada una, y tres compañías de caballos, acudirían varias veces en socorro de Alicante, ciudad muy castigada ante las constantes embestidas de las tropas del Archiduque Carlos.

La Guerra de Sucesión Española llegaría a su fin seis años después, en 1713, con el conocido Tratado de Utrecht. Una guerra que casi llegó a consumir por completo a la vecina Orihuela, saqueada, maltratada e incendiada.

Una guerra que en Bigastro perturbó la vida de sus primeros pobladores, testigos del desabastecimiento de las reservas de cereal de su pósito, y encomendados a formar parte de las milicias con la honorable misión de defender la tierra en la que habían decidido vivir. Una tierra por la que hoy paseamos tranquilamente disfrutando de sus construcciones y paisajes, atisbando lugares que invitan a recordar los hechos que en esta tierra tuvieron lugar.

FD: La Guerra de Sucesión de España [J. Albareda]. El señorío eclesiástico de Bigastro [G. Canales, I. Martínez], Togores, señores de Jacarilla [M. Gálvez], La posición del Cabildo Catedral de Orihuela en la Guerra de Sucesión [G. Ruiz, A. J. Mazón, M. Cecilia]

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Bigastro y su ejemplo de tolerancia: entre la adoración religiosa y el mitin republicano

Hace poco más de una semana, a raíz de una noticia surgida en un pueblo vecino que hacía referencia a la discusión sobre el carácter político o religioso de un símbolo ubicado en su plaza mayor, un amigo me preguntaba cual era la situación actual y qué opinaba yo al respecto.

Yo que cuando quiero hablo por los codos y cuando puedo de lo que me gusta, le conté una historia que sucedió en Bigastro hace poco más de cien años. Y es que aunque no deja de ser una anécdota, tiene un carácter similar.

Giramos las manecillas del reloj hasta los primeros años del siglo pasado, exactamente hasta el 6 de julio de 1903. Por aquel entonces España se encontraba sumida en la frustración y el pesimismo propios de una nación enferma que había perdido sus colonias de ultramar. Además, con Alfonso XIII en el trono, los cambios políticos iban y venían al compás de las múltiples elecciones, que alternaban gobiernos moderados con liberales.

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Mitin político en una plaza con gran asistencia

Bigastro, pueblo que como veremos más adelante no quedaría aislado de los vaivenes políticos, estaba conducido políticamente por un conjunto de contribuyentes (Francisco Pastor, Enrique Andreu, Antonio Fuentes, Vicente Belmonte, Enrique Rubio, Joaquín Belmonte, Francisco Lorente y Agustín Fuentes) que hacían de concejales de una corporación municipal capitaneada por su alcalde, D. Manuel Vaíllo Gracia.

En esta época de desconcierto político eran muy frecuentes los mítines de todo tipo de partidos, los cuales eran pronunciados por oradores traídos de otros pueblos, por los representantes del clero o por los propios vecinos del pueblo. Y aunque fueron muchos, muchísimos, los que se pronunciaron desde el balcón en la plaza de la iglesia, uno tuvo especial repercusión por lo curioso de la situación en la que se desarrolló.

El lunes 6 de julio de 1903, justo una semana después de que la Liga Católica pronunciara su mitin semanal en la plaza de la iglesia, le llegó el turno a la Unión Republicana de Bigastro.

El mitin fue organizado por todo el distrito, y de esta manera Bigastro fue por un día el mayor centro político provincial, recibiendo entre otras a las autoridades políticas de Torrevieja, San Miguel de Salinas, Catral, Albatera, Torremendo, Beniel, y por supuesto, la vecina Orihuela.  Todos fueron llegando a Bigastro en las primeras horas de la mañana, ocupando la plaza de la iglesia con sus elegantes carruajes.

Por último y desde la ciudad de Alicante llegaron las visitas más esperadas,  los oradores republicanos José Guardiola Ortiz y Pedro Irles, concejal el primero y presidente del Círculo Republicano el segundo. Tras su llegada subieron al balcón más alto de la plaza de la iglesia, el cual habían engalanado con una bandera nacional, y ante una multitud de más de mil personas pronunciaron un discurso, como no podía ser de otra manera, alusivo a los conceptos de la doctrina republicana y la revolución.

José Guardiola

José Guardiola Ortiz, abogado y político

Una tras otra, las distintas autoridades republicanas llegadas a Bigastro desde todos los pueblos de la provincia fueron pronunciando sus discursos en la plaza de la iglesia de Bigastro cuando una imagen que no esperaban les sorprendió. Una comitiva de bigastrenses en procesión se adentró en la plaza en dirección a la iglesia con motivo de la ceremonia con la que honraban a la Virgen del Rosario.

El grupo de feligreses rezaba y caminaba, ante la atenta y respetuosa mirada de la multitud allí reunida, hasta llegar al interior de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén, y cuando dieron por finalizadas sus oraciones salieron a la plaza, cura incluido, a terminar de escuchar a los últimos oradores republicanos.

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Antigua Virgen del Rosario

Cuando el mitin acabó, las autoridades republicanas, vecinos y eclesiásticos fueron invitados a un almuerzo en la casa del bigastrense Juan Gálvez, en un acto de confraternización y respeto de ambos bandos.

Años después en la principal plaza de Bigastro soplarían vientos que levantarían oscuras polvaredas, tintas carmesí que escribirían las más sangrientas páginas de su historia, y en algunos de sus caminos y veredas se escucharían para siempre el eco de las balas. Pero esos recuerdos forman parte de otras historias, de otras gentes y de otros tiempos.

 

 

FD: La Unión Republicana bajo la presidencia de Nicolás Salmerón [Alfonso Capitán], Historia Electoral, El liberal, Historia de Orihuela [Francisco Cánovas], La actuación municipal de Bigastro en la primera mitad del siglo XX [José Mª Cabañés]

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Frontignan y Bigastro, el vínculo histórico de dos pueblos

Hace unos meses un investigador francés, Christophe, halló entre sus búsquedas la página de Recuerdos de Bigastro, poniéndose en contacto conmigo para profundizar en la investigación que estaba llevando a cabo sobre el lugar de origen de su familia.

Christophe averiguó que algunos de sus antepasados fueron bigastrenses que en tiempos pasados emigraron a Frontignan, un bonito pueblo del sureste de Francia. Gracias a sus interesantes datos genealógicos, a la generosidad de Christophe por contarme su historia familiar y a las búsquedas que pude realizar en el Archivo de la Parroquia de Nuestra de Belén gracias a la colaboración de nuestro párroco D. Antonio, pude conocer el antiguo y singular vínculo que une los pueblos de Frontignan y Bigastro.

Giramos las manecillas de nuestro reloj hasta el primer cuarto del siglo pasado, momento en el que cientos de miles de españoles tomaron la firme decisión de emigrar a Francia en busca de una vida mejor para sus hijos y ellos mismos.

Allí encontraron un país necesitado de mucha mano de obra, puesto que millones de franceses se encontraban luchando en el frente que pasaría a la historia como la Primera Guerra Mundial. Los testimonios dicen que de cada seis soldados que iban al frente uno moría y dos volvían heridos. Con estos datos es fácil suponer que la mano de obra española fue más que bienvenida.

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Cientos de miles de españoles abandonaron sus pueblos

Puestas así las cosas comenzaría un importante movimiento migratorio a través de los Pirineos con el objetivo de llegar al país vecino. Fueron muchos los españoles que emigraron al norte de Francia, donde dedicaron sus esfuerzos a trabajar en las grandes fábricas metalúrgicas, siderúrgicas y químicas que se dedicaban a la industria de guerra, pero la mayoría acabaron instalándose en el sureste de Francia, donde era relativamente sencillo encontrar un puesto de trabajo como jornalero. Y si algo tenían en común Bigastro y Frontignan era precisamente la agricultura.

Decenas de familias bigastrenses se vieron obligadas a dejar atrás la tierra que les vio nacer – muchas para siempre- en favor de un futuro mejor. Con la razón en la cabeza, las penas en el corazón y sus recuerdos e ilusiones en maletas de cartón, abandonaron Bigastro cruzando los Pirineos hasta llegar a su nuevo hogar en la localidad de Frontignan.

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Vista actual del bonito pueblo de Frontignan

Hoy contamos con antiguos documentos que prueban la presencia de más de medio centenar de bigastrenses en este pueblo francés. Familias enteras que años después tuvieron allí su descendencia llevando consigo las historias de su pueblo, sus costumbres y por supuesto, sus apellidos.

Sabemos que los Gálvez y los Escobedo ya vivían en Frontignan a finales del siglo XIX, hace más de cien años. Seguidamente llegarían los Grau, los Navarro, los Arce, Celedonio, Arques, Perales… apellidos muy familiares e incluso primigenios para Bigastro, pues muchos coinciden con los de sus primeros colonos, encontrando además nombres como Joaquín y Joaquina. La presencia bigastrense en Frontignan es  indudable y privilegiada.

Cada familia bigastrense que emigró en tiempos pasados merece su historia, pues todas cuentan con méritos y memoria, pero la de Trinidad Arques, una bigastrense nacida en 1873 es una historia escrita con el corazón y el valor que tuvo para sobreponerse a la muerte de su marido y buscar un futuro mejor lejos de su Bigastro natal para ella y sus cinco hijos.

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Trinidad Arques, nacida en Bigastro

En Frontignan aprendió rápidamente a hablar y escribir en francés, dando una vida mejor a sus hijos (uno de los cuales participó en el conflicto social, bélico y político que pasó a la historia como la Guerra Civil Española) hasta el fin de sus días, allá por 1950.

Solo es un ejemplo de los muchos que podríamos encontrar de lo que supuso para muchos bigastrenses dejar su tierra para buscar un futuro mejor.

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Carmen, hija de Trinidad Arques

Curiosamente en octubre de 2001 Bigastro firmó un protocolo de hermanamiento con el pueblo francés de Le Vigan – situado en la comarca de Languedoc  Roussillon, la misma que Frontignan – empujados por “el deseo de fomentar un espíritu de apertura al resto de pueblos, basado en la tolerancia, la solidaridad, la profundización en los aspectos culturales y la proyección de nuestro futuro socioeconómico”, deseos muy nobles en los que sin embargo echamos en falta una connotación histórica.

Sin duda esta comarca, la de de Languedoc  Roussillon, por su semejanza con nuestra Vega Baja por ser la agricultura su principal motor económico, debió acoger a gentes venidas de todos los pueblos.

Es el caso del lazo que une los pueblos de Bigastro y  Frontignan, un pueblo francés en cuya historia un día quedaron grabados los nombres y apellidos de más de medio centenar de bigastrenses, fundando un vínculo sustentado sobre una base histórica que aún languidecida por el inquebrantable y obstinado paso del tiempo nos habla de Bigastro más allá de nuestras fronteras.

 

FD: Agradecimiento especial a Christophe, investigador francés especializado en genealogía; Un siglo de inmigración española en Francia [Crónicas de la emigración]; La emigración española a Francia en el siglo XX; Cuantificación de la emigración española a Europa

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La antigua cantera de Bigastro

Como consecuencia de las insistentes lluvias, hace unas semanas una de las principales vías de comunicación de Bigastro – carretera Bigastro a Orihuela – quedaba totalmente anegada, imposibilitando el paso de vehículos hacia la ciudad vecina. Yo fui uno de los afectados, y con mi coche parado frente a la carretera cortada al tráfico no me quedó otra que dar la vuelta y volver a Bigastro.

Mientras regresaba por dónde había venido me quedé mirando a la derecha de la carretera, donde se puede ver una hermosa vista de la loma bigastrense con un pequeño montículo delante. Recordé entonces el suceso que tuvo lugar hace más de cien años y que uniría para siempre esta pequeña colina con un camino viejo.

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Desde que surgieron los primeros asentamientos humanos en lo que hoy conocemos como Bigastro, y de todos los recursos naturales con los que cuenta el pueblo, hay dos que siempre estuvieron presentes en el discurrir de la vida diaria de las diferentes culturas que nos antecedieron. Uno es el agua y el otro su loma y los cerros colindantes. Hoy me centraré en el segundo, y en una etapa concreta de la historia, el siglo XIX. Quizás otro día avance o retroceda en el tiempo.

Giramos las manecillas de nuestro reloj hasta la segunda mitad del siglo XIX, exactamente hasta el año 1886. Por aquel entonces Bigastro contaba con algo más de 1500 habitantes dedicados en su mayoría a las labores agrícolas, y tenía por alcalde a Manuel Navarro Mesples, aunque por poco tiempo, pues al poco de serlo iría a prisión por delitos de desobediencia a la autoridad.

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Todavía siendo alcalde Manuel Navarro Mesples, un día Bigastro recibió la visita del ingeniero militar Santiago Moreno Tovillas, el cual comunicó que ante la necesidad de adecentar el camino que lleva de Orihuela a Torrevieja, iban a dar comienzo una serie de obras que afectarían al pueblo de Bigastro. Las obras formaban parte de un plan organizado por el Ministro de Fomento de la época, Montero Ríos, cuyo fin era mejorar las vías de comunicación de los pueblos, así como dar trabajo a las clases jornaleras.

Debemos apartar de nuestra memoria la actual carretera asfaltada que lleva a Orihuela, y hacer un esfuerzo en imaginar un malogrado camino de tierra colmado de socavones que entorpecían el tránsito de carruajes que atravesaban Bigastro en su camino a Torrevieja.

Tenemos constancia documental de que este camino viejo era regado periódicamente con el fin de que el paso de carruajes no provocaran auténticas cortinas de polvo, molesto y perjudicial para los vecinos que vivían junto al camino, pero eso era pan para hoy y hambre para mañana. Había que llevar a cabo una actuación más eficiente, y hasta aquí se desplazó el ingeniero militar Santiago Moreno para estudiar el caso.

5Santiago Moreno Tovillas

Comenzó recorriendo el camino, mirando con detalle cada uno de sus tramos y señalando líneas por aquí y por allá ante la atenta mirada del alcalde y los vecinos. Entonces levantó la cabeza, dirigió su mirada a Bigastro y encontró la solución: “visitemos esa colina”.

Hasta los pies de la misma se desplazaron ingeniero, alcalde y vecinos, y allí se acordó lo que iban a realizar en los días sucesivos. La loma de Bigastro y los cerros se componen casi en su totalidad de arenisca, un tipo de roca sedimentaria resultado de los depósitos de arenas marinas consolidadas en el periodo Cuaternario – hace aproximadamente 2500 millones de años- y compuesta primariamente por pequeños granos de arena, siendo especialmente buena para un tipo de uso: la construcción.

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Utilizarían parte de la loma y los cerros de Bigastro construyendo una cantera, o como lo llamaban antiguamente, una pedrera. Hasta allí se desplazaron los obreros –la mayoría reclutados entre los jornaleros bigastrenses-  los cuales ayudados probablemente por grandes cuñas de madera extrajeron grandes bloques de roca arenisca que poco después, en carros arrastrados por animales de tiro (burros, mulas, bueyes, etc…) transportarían hasta la orilla del camino. Una vez allí y a golpe de mazo descompondrían la roca en arena, esparciéndola sobre el camino dando forma y sustento a éste.

Hoy todavía podemos ver en el pueblo curiosos, bonitos y antiguos ejemplos de los bloques extraídos de la antigua cantera de la loma y los cerros de Bigastro. Algunos realizados de forma tosca e irregular, pero otros realizados con formas muy bellas, resultado de un trabajo ejecutado con una técnica exquisita. Pero esas son historias de otras épocas para otro momento…

 

FD: Vicerrectorado de Investigación y Transferencia Universidad de Málaga; Concejalía de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Orihuela; El oriolano, Apuntes sobre encuentros y congresos en los que las vías pecuarias son objeto de estudio [Tomás Herrero], Las canteras [Región de Murcia].

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