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Finita Perales: “La primera vez que pinté un cuadro, lloré de alegría…”

Finita Perales tiene 75 años y un sueño cumplido: pintar un cuadro. Un sueño que surgió cuando siendo tan solo una niña se dio cuenta de que en un cuadro, como en la vida la misma, lo que uno ve no siempre es igual que lo que ve el de al lado. Y es que detrás de sus cuadros, o sus chiguitos -como a ella le gusta llamarlos- hay toda una representación personalizada de nuestro mundo, donde se fusionan los paisajes con las escenas cotidianas o los retratos de animales, personas o divinidades. Un conglomerado artístico producto del sacrificio y de largas horas de trabajo, pues como ella misma advierte los cuadros no se pintan solos.

Como el brillante barniz de sus pinturas, la mirada de Finita resplandece cuando cuenta su historia. Una historia que germinó en la inquietud y reflexión de una niña, la cual fue prosperando y haciéndose mayor en la misma medida que su sueño por pintar su propio cuadro. Un sueño que le acompañaría durante toda su vida, y que un día, fruto de la casualidad o del destino, tuvo la ocasión de cumplir a cambio de largas horas de trabajo frente a sus lienzos, entre alegrías y desaciertos, esbozos y pucheros,  pinceladas de ilusión que dieron forma a su sueño.

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Finita posa con su primer cuadro. El que daría paso a muchos más.

Pascual Segura. Finita, además de una vecina muy querida por sus paisanos, es usted pintora aficionada. ¿Desde cuándo tiene esta afición?

Finita Perales. Pinto cuadros desde hace casi veinte años. Comencé alrededor del año 2000 y de forma totalmente casual.

PS. ¿Cómo se cruza esta afición en su vida?

FP. Tenía cerca de sesenta años cuando ocurrió. Iba con mi hija paseando por Orihuela, cerca del colegio Jesús María, cuando nos detuvimos en el escaparate de una papelería. Allí había figuritas de escayola para hacer tu propio Belén. Nos llamó la atención y entramos a preguntar.

PS. ¿Compraron las figuritas para pintarlas?

FP. Sí. Mi hija compró figuras para hacer un nacimiento, y yo compré un San Antón que me gustó. La dependienta nos ofreció pinturas y nos dijo que una vez a la semana impartían clases para aprender a pintar. Me sentía muy bien allí, pues el ver y oler tantas pinturas distintas me llamaba mucho la atención. Mi hija se percató, y me dijo que si yo quería, ella me regalaba un mes de clases para que pudiera venir a Orihuela a pintar mi figura de San Antón.

PS. ¿Se desplazaba desde Bigastro hasta Orihuela para pintar su San Antón?

FP. Eso es. Una vez a la semana cogía el autobús en Bigastro y me marchaba a Orihuela a las clases, que me encantaban aunque fueran un poco caras. Cuando llegué a las clases, había muchas mujeres pintando y yo solo me fijaba en los cuadros, pues me llamaban mucho la atención. Eran pinturas muy coloridas con bonitos paisajes, y me gustaban mucho.

PS. ¿Qué sintió al comenzar a pintar?

FP. Me sentí estupendamente. La primera vez que pinté un cuadro, lloré de alegría porque no me lo creía. La profesora me preguntó por qué lloraba y le dije… porque pintar es lo que me gusta.

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Finita muestra un cuadro muy especial. El que realizó sobre su calle.

PS. ¿Y acabó de pintar su San Antón?

FP. Sí. Lo acabé y continué las clases, pero ahora para aprender a pintar cuadros. Era mi ilusión. Pinté varios, aunque le tengo especial cariño al primero. Comencé a comprar lienzos, pinceles y pinturas, y poco a poco fui adquiriendo soltura hasta que un día decidí que quería pintar sola. Tenía una ansiedad muy grande por pintar lo que yo quisiera y como me saliera. Así pues dejé las clases y comencé a pintar en casa.

PS. Ahora ya no tenía una profesora que le indicara lo que debía hacer. ¿Cómo se le daba pintar sola?

FP. Bien algunas veces, otras decía… madre mía que feo está esto, e iba rectificando. Poco a poco.

PS. ¿Trabajaba usted? ¿Cómo lo compaginaba?

FP. Sí, claro. Yo trabajaba, y cuando volvía del trabajo pintaba un poco. Aprovechaba cualquier ocasión, y por supuesto los sábados. A veces estaba cocinando y se me ocurrían ideas que luego no recordaba, así pues me llevé los lienzos y las pinturas a la cocina y cuando se me ocurría algo lo iba pintando.

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Bodegón, obra de Finita Perales

PS. ¿De pequeña llegó a sentir esa inquietud por el arte de la pintura? ¿Lo vio en alguien de su entorno o es la primera de su familia con este arte por afición?

FP. Soy la única. Me gustaba, así pues me tiré al toro. Con edad, con hijos, trabajando y a raticos. Desde siempre quería pintar y cumplir esa ilusión. Recuerdo que de pequeña veía cuadros y me sorprendía como hacían las perspectivas. Como hacían que algunas cosas parecieran lejanas y otras más cerca. Me llamaba mucho la atención y quería saber cómo se hacía para poder hacerlo igual algún día.

PS. A día de hoy, ¿cuántos cuadros cree que ha pintado? ¿Continúa con su afición?

FP. Habré pintado algo más de cincuenta, de todos los tamaños. Algunos los pinté muy grandes y otros pequeñicos, pero no los tengo todos en casa, he regalado muchos. Algunos a mis hijos y otros a vecinos de Bigastro. Para mí los cuadros son como mis chiguitos, porque forman parte de mí. Me cuesta mucho desprenderme de ellos porque me llevan mucho trabajo hacerlos, y más ahora que apenas puedo pintarlos. Desde hace algunos años mi vista no es tan buena como lo era antes, y llevo tiempo sin pintar.

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Vista de la ciudad de Orihuela pintada por Finita Perales

PS. Dicen que pintar, relaja. ¿Está usted de acuerdo?

FP. Por supuesto, me relaja pintar. Dicho claramente, cuando pinto no recuerdo si está el cocido en marcha o no. Sin darme cuenta me meto dentro del cuadro, sin ver otra cosa, solo las cosas del cuadro. Me gusta tanto que en ocasiones he llegado a pintar hasta tres o cuatro cuadros a la vez.

PS. ¿Cómo es eso? ¿Varios cuadros iguales?

FP. No. Cuando pintas un cuadro debes dejar un tiempo para que seque la capa de pintura que acabas de dar, entonces tienes que estar un tiempo sin pintar. Yo no puedo esperar tanto tiempo, porque me gusta mucho, así pues pinto tres o cuatro cuadros a la vez. Cuando le doy una capa a uno y tengo que dejarlo secar, entonces sigo con el otro, y de esa manera siempre estoy pintando.

PS. En su salón veo pinturas que recogen todo tipo de motivos. ¿Qué le motiva a pintar?

FP. Pinto lo que veo y me gusta. Desde estampas y recortes de prensa o revistas, hasta fotografías. El único requisito es que sea una imagen agradable y me guste. Luego lo intento. Siempre dijo que mejor o peor, algo me saldrá. A veces añado cosicas que me gustan. Por ejemplo, si tengo una fotografía de un paisaje, pinto el paisaje y le añado árboles, o un pájaro, etc…

PS. Veo algunas pinturas que recogen espacios simbólicos de Bigastro.

FP. Sí. Me gustan las calles antiguas de Bigastro, y su plaza, y por eso las pinto. Lo hago tal y como las veo, o como las recuerdo.

PS. Podríamos decir que sus cuadros son una buena muestra de lo que se puede conseguir con esfuerzo e ilusión. ¿Qué le diría a aquellos que alegan falta de tiempo para cumplir sus ilusiones?

FP. El tiempo es que si solo ves la tele y toqueteas el móvil, no vas a hacer otra cosa que eso. Los cuadros no se pintan solos, y ahora muchas personas ya ni platican entre ellos, solo móvil y tele. Si quieres hacer lo que te gusta, tienes que dejar de hacer otras cosas. Tienes que sacrificarte. Yo dejé de comprar muchas cosas para poder comprar pinturas, pinceles y lienzos. Durante toda mi vida tuve la ilusión de pintar mis propios cuadros, y a mis 75 años puedo decir que la he cumplido.

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