Archivo del Autor: Pascual Segura

Keith Williamson: “Espero que en un futuro mis fotos ayuden a la gente a recordar el Bigastro actual”

Todo documentalista, investigador o apasionado de un lugar sabe, que no hay crónica más seductora y fiel que la del viajero extranjero. Siglos atrás cientos de forasteros/as como Richard Ford, Lady Holland, Charles Rochfort o George Borrow visitaron nuestro país en busca de conocimiento, de usanzas sociales o de simplemente una tierra exótica como era la nuestra, donde poder vivir aventuras que rompiesen en mil pedazos el rígido molde de su vida cotidiana.

El legado que dejaron a su paso por nuestro país fue cuantioso y trascendente. Y es que si un lugareño puede verse incapaz de despotricar hacia su pueblo, el viajero que llega de fuera no. De esta manera sus crónicas repletas de detalles y críticas son muy valoradas, porque en la mayoría de los casos dicen la verdad.

Bigastro tiene la fortuna de contar con un viajero. Un viajero inglés que durante años ha inmortalizado nuestro día a día con su cámara de fotos. Miles de instantáneas que hablan de tu banda, de tu San Joaquín, de tu Señora Virgen de Belén, de ti, de los tuyos, de tu calle, de tu pueblo. Pasado un tiempo no quedará nadie de los de ahora, ni tú ni yo, quedarán nuestros hijos. Y cuando sus pasos se pierdan en las callejuelas del Bigastro más antiguo se preguntarán… ¿cómo ocurrió todo? Entonces no quedarán huérfanos de historia, pues tendrán la crónica fotográfica de un viajero inglés que años atrás, quizás siglos, dedicó parte de su vida a retratarnos tal y como fuimos, tal como somos, y espero que por muchos años, tal y como seremos. Un maravilloso legado, inmortalizado en el tiempo, y solo a cambio del bello gesto que provoca sus fotografías, una sonrisa. Valga desde mi pequeño blog mi mayor gratitud. Gracias por tu trabajo amigo Keith Williamson.

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Keith Williamson. Asistente de Director jubilado. Fotógrafo

Pascual Segura: En un momento de tu vida decides venir a vivir a Bigastro. ¿Cuándo ocurre ese momento y por qué?

Keith Williamson: Después de nuestra jubilación teníamos intención de mudarnos a otro país y enfrentarnos a nuevos desafíos. Ya que habíamos disfrutado de muchas visitas a España, esta fue la elección lógica. Bigastro nos ofreció una vida en España lejos de Gran Bretaña. Nos pareció una ciudad en la que podíamos integrarnos y aprender español, además de conocer las auténticas costumbres españolas.

PS: Aunque vives muchos años en nuestro país, que ya es tuyo también, debes conservar muchísimos recuerdos de tu ciudad de origen. ¿Cuál era tu ciudad?, ¿y tu profesión?

KW: Nací en Manchester, viví en Yorkshire y después en Canadá. Regresé de nuevo a Yorkshire, y finalmente viví en Wirral. Comencé mi carrera como profesor de arte en una escuela secundaria de Liverpool. Ascendí a Jefe del Departamento de Arte y, por último, Jefe Adjunto a cargo de las Finanzas Locales y la Administración.

PS: Todos te reconocemos junto a tu inseparable cámara de fotos. ¿Cuándo surge tu afición por la fotografía?

KW: Tuve mi primera cámara a la edad de 11 años. Luego compraría mi primera cámara “seria” mientras estaba en la Universidad. Desde entonces he tenido muchas cámaras, ¡la nueva siempre más cara que la anterior!

PS: Tu trabajo con la cámara de fotos ha generado un gran legado fotográfico. ¿Sabes cuantas fotografías has realizado? ¿Cuánto tiempo dedicas a esta afición?

KW: En mi casa tengo miles de fotografías y diapositivas en películas. También tengo carretes de cine que tomé cuando mis hijos eran pequeños. Ahora tengo una cuenta Flickr online con 6.500 fotos que se han visto más de tres millones veces, y un archivo de fotos almacenado en discos duros con más de 100.000 imágenes digitales, junto con muchas horas de vídeo digital.

¡Mi esposa dice que gasto todo mi tiempo en mi afición!. Normalmente paso dos o tres horas cada día trabajando en mis fotografías. Por cada hora que paso tomando fotografías, necesito por lo menos cuatro horas de trabajo para procesarlas en el ordenador y publicarlas en internet.

PS: Durante muchos años has fotografiado las actuaciones de la Unión Musical de Bigastro. ¿Cuál es tu opinión respecto a la tradición musical bigastrense?

KW: La tradición musical de Bigastro es fundamental para la historia y la cultura de la ciudad. Es la base sobre la que está construida. Todavía existe una gran tradición musical en Inglaterra, pero la formación de bandas locales ya no existe. En el norte de Inglaterra había muchas bandas de metales creadas por los trabajadores de las fábricas -especialmente de las minas de carbón- que consiguieron ser aclamadas internacionalmente. La banda de Bigastro me recuerda mucho a ese antiguo orgullo británico.

PS: El antiguo callejero del pueblo o el uso de su huerta invitan a pensar que vivimos en un lugar antiguo. ¿Qué sabes sobre la historia de Bigastro?

KW: Sé un poco sobre la historia de la ciudad gracias a tu excelente sitio web, pero me gustaría saber mucho más. Las diferencias entre la historia de Bigastro y los pueblos en los que viví me fascinan.

PS: De sus calles, plazas, espacios recreativos o áreas naturales. ¿Qué lugar de Bigastro destacarías?

KW: Me gusta especialmente la zona de la Pedrera por su belleza natural y la huerta, que me recuerda a la horticultura de los pueblos donde me crié. Para mí los espacios verdes en las ciudades son muy importantes, y por eso me gustan mucho los jardines y los parques infantiles. Por supuesto, el Auditorio es un gran activo para la ciudad, es un lugar donde hemos disfrutado de muchos conciertos y otros eventos. ¿Sabía usted que, mi esposa y yo actuamos en el escenario para los niños de las escuelas locales? Estuvimos en dos producciones organizadas por la Escuela de Educación de Adultos. También estuvimos involucrados en una producción en el Centro Social Integrado y durante varios años cantamos villancicos a niños en las escuelas locales antes de Navidad.

PS: Bigastro es un lugar donde perduran antiguas tradiciones a las que con el paso del tiempo se han incorporado otras nuevas. ¿Qué tradición o aspecto cultural destacarías?

KW: Aparte de su tradición musical, disfruto de sus celebraciones religiosas, como el Encuentro y Corpus Christi y por supuesto las fiestas, juegos y otras celebraciones.

PS: El Bigastro de hoy debe ser un poco distinto al que viste por primera vez. ¿En qué piensas que ha mejorado? ¿Qué se ha descuidado?

KW: Cuando llegamos nuestra primera impresión fue que la ciudad estaba desaliñada en algunas partes y elegante en otras. Aunque todavía hay mucho trabajo por hacer, se han hecho muchos progresos para mejorar la ciudad. Hay ciudades más hermosas para vivir, pero sin duda no hay ninguna tan amable, acogedora y orgullosa como Bigastro.

PS: Si un amigo de tu país te pidiera que definieses a Bigastro ayudándote únicamente de tres palabras. ¿Qué tres palabras utilizarías?

KW: Amistosa, tradicional y tranquila. Pascual, si bien es importante que Bigastro busque progresar hacia el futuro, es vital que recuerde su pasado. Espero que en un futuro mis fotos ayuden a la gente a recordar el Bigastro actual. Más importante aún, espero que la gente disfrute de mi trabajo. Gracias por tu tiempo.

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Bigastro y su moneda de cartón

Días atrás tomaba café con un compañero y amigo cuando surgió el tema del patrimonio cultural de Bigastro, de Orihuela, de historia en general… y entre tema y tema hablamos un poco sobre sigilografía y numismática. Finalmente acabamos hablando de esta pequeña moneda de cartón de Bigastro emitida en el año 1937.

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Cartón moneda de uso provisional de Bigastro

Mucho y nada se puede contar sobre ella, y es que lleva detrás una historia peculiar rubricada por la leyenda y la verdad, pero para conocerla en su contexto debemos trasladarnos hasta el tiempo en el que fue creada. Una fecha que nos transporta de forma inmediata al conflicto bélico por excelencia que marcó la historia actual de nuestro país: la Guerra Civil Española.

Giramos las manecillas del reloj hasta el 17 de julio de 1936, día en el que tendría lugar en Melilla la sublevación militar que se extendería al protectorado español de Marruecos y poco después a la península.

Batalla tras batalla la rebelión fue tomando territorios resultando una España dividida en dos bandos: el nacional y el republicano. Nuestra comunidad quedó cercada en el interior del bando republicano, por lo que en nuestra provincia y por ende, en Bigastro, los acontecimientos ocurridos entre los años 1936 y 1939 estuvieron supeditados a las situaciones propias de la zona en la que nos encontrábamos, la zona republicana.

De esta manera, en Bigastro, gobernado por entonces por D. José Aureliano Díaz, se tomaron algunas decisiones favorables a este bando, como fueron las de destinar un porcentaje del presupuesto municipal para ayudar al ejército republicano, o imprimir folletos en apoyo de los batallones de aviación murciana, para más tarde repartirlos por el pueblo con la finalidad de que los jóvenes bigastrenses se alistaran en dichas compañías.

A estas actuaciones ocurridas en el pueblo se sucedieron otras en favor de uno u otro bando según soplaran los sombríos vientos de la guerra: manifestaciones, mítines, reprimendas y desfiles tuvieron sus momentos de gloria en las calles y plazas del pueblo, en ocasiones acompañados por el olor a pólvora quemada, pero volvamos a la moneda.

Durante la guerra la carencia de moneda fraccionaria fue un verdadero problema, y es que ante el temor de lo que pudiera acontecer, los vecinos procuraban atesorar en sus casas todas las monedas y billetes que tuvieran a su alcance. Por esta razón hoy en día no es extraño encontrar en casas viejas o abandonadas, monedas, sellos o billetes de esta época ocultos entre las paredes, techos o huecos falsos en el suelo.

Moneda de cartón de Bigastro

Anverso y reverso de la moneda de cartón de Bigastro

Eso provocó una considerable reducción de la circulación de moneda, hasta el punto de que fuera necesario producir más monedas que dieran respuesta a la demanda.

En la zona republicana los metales comenzaban a escasear, puesto que las regiones en las que se encontraban las principales producciones de metal se encontraban en zona nacional, así pues se tomó la decisión de emitir monedas de cartón.

Fueron muchos los modelos de monedas de cartón que se produjeron, tantos como los que posteriormente se falsearon, pero entre todos ellos se encuentra uno que recoge aquellas localidades que se encontraban en el interior de la zona republicana, y es ahí donde contamos con el modelo de moneda de cartón de Bigastro.

Las monedas de cartón llevaban un dibujo en el anverso que hacía referencia a la provincia a la que pertenecían (pez, por el comercio pesquero de la provincia). Al dibujo acompañaban el nombre del lugar –Bigastro- y un lema “Cartón moneda de uso provisional”. En el reverso pegaban un sello de correos con el valor que daban a la moneda de cartón.

Como toda moneda y billete tuvo sus muchas falsificaciones, y es que las monedas estaban producidas con unos materiales tan económicos y accesibles (sellos, papel, cartón…) que las medidas de seguridad que evitaran su falsificación fueron prácticamente inexistentes. A día de hoy resulta muy complicado, por no decir imposible, certificar si una de esas monedas de cartón es auténtica o no.

De las originales sabemos que fueron fabricadas en lugares distintos, ya que en pleno conflicto bélico, y en respuesta al avance del bando sublevado, el bando republicano decidió trasladar la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre desde Madrid a Castellón, dedicando la fábrica de Madrid a producir material de guerra. Pero poco después las tropas avanzaron hacia Castellón, lo que provocó que la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre volviera a ser trasladada, esta vez al pueblo de Aspe.

Fábrica de moneda de Aspe

Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de Aspe

El avance continuo de las tropas nacionales provocó que las monedas de cartón dejaran de usarse en los territorios tomados, hasta el punto de que muchas fueran fabricadas pero jamás llegaran a utilizarse. Fue el caso de Bigastro y de muchas otras poblaciones, que por encontrarse en zona republicana tuvieron su propia moneda de cartón, pero las circunstancias de la guerra hicieron que jamás llegaran a utilizarlas.

Aun así, con todos los pormenores contrarios a la producción de este tipo de monedas, dada la facilidad con la que éstas eran reproducidas y con tan pocos conocimientos sobre el destino final que tuvieron, resulta toda una curiosidad que en un instante de la historia de nuestro país, Bigastro contara con su propia moneda.

Monedas de cartón en el Archivo Histórico Provincial de Alicante

Monedas de cartón en el Archivo Histórico Provincial de Alicante

 

FD: La Guerra Civil Española [P. Preston], Guerra Civil Española [Ed. Susaeta], La actuación municipal de Bigastro en la primera mitad del siglo XX [J.M. Cabañés]

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Bigastro y su participación en la Guerra de Sucesión Española

La semana pasada me encontraba en la vecina Orihuela haciendo unos recados cuando pasé junto al Palacio del Conde de la Granja. Estaba mirando su portada cuando me fijé en su balcón, imaginando una vez más el importante suceso que tuvo lugar en su interior.

Y es que allí, desde ese balcón en plena Guerra de Sucesión, el Marqués de Rafal, por aquel entonces Gobernador de Orihuela, proclamó a favor del Archiduque Carlos con una frase que pasaría a la historia: “Hijos míos, ¡viva Carlos III!”

Batlla de Denain. Obra de Jean Alaux

Batalla de Denain. Jean Alaux

Poco después de ese gran acontecimiento tendrían lugar otros que tendrían como escenario Orihuela, pero también las tierras de Bigastro. Y que mejor forma de conocer aquel suceso que viajar en el tiempo hasta el lugar de los hechos.

Giramos las manecillas del reloj hasta el año 1700, momento en el que fallece sin descendencia el monarca Carlos II, dando comienzo un conflicto que duraría doce años en los que los dos candidatos al trono -Felipe V y el Archiduque Carlos- se disputarían la corona española en una sangrienta guerra que pasaría a la historia como la Guerra de Sucesión Española.

Como en toda guerra los bandos participantes tenían sus apoyos y sus detractores. De esta manera a nivel nacional el candidato Felipe V tenía el apoyo de la Corona de Castilla, mientras que el Archiduque Carlos contaba con el de la Corona de Aragón. Orihuela, ciudad en la que tendrían lugar episodios de auténtico terror durante el transcurso de la guerra, apoyaba de forma tajante la causa de Felipe V, y para manifestar dicho apoyo suministraba recursos económicos y también… celestiales.

En octubre de 1705 Felipe V, conocedor de sus apoyos en nuestra comarca, envió una carta al Cabildo de la Catedral de Orihuela solicitando ayuda para el sustento de sus tropas que se encontraban en Murcia, y el Cabildo se la concedió.

Retrato de Felipe V. Obra de Jean Ranc

Retrato de Felipe V. Jean Ranc

Solo cuatro años antes el propio Cabildo había invertido grandes esfuerzos en la fundación de su Lugar Nuevo, con la intención de que éste produjera cuantiosos beneficios en forma de ganado y cereal, pero la gestión del nuevo poblado -que finalmente denominaron Bigastro- no resultó sencilla y en el mejor de los casos podían obtener 355 libras anuales de beneficio.

Aun así el Cabildo, necesitado de víveres con los que apoyar la causa de Felipe V, el 21 de diciembre de 1707 decidió que entre los suministros que se facilitarían al candidato a la corona española enviarían 50 cahíces de trigo y de cebada de Bigastro. Aquí cabe aclarar que el cahíz era una antigua medida de capacidad que variaba según las regiones.

Un total de 100 cahíces de cereal bigastrense viajarían desde su misma huerta hasta llegar a las tropas de Felipe V, una cantidad muy considerable si tenemos en cuenta que Bigastro todavía no contaba con molino propio y los colonos debían desplazarse a otros lugares para moler el grano.

Además, por aquel entonces el pósito bigastrense -emplazado donde hoy vemos la casa del párroco- apenas contaba con una reserva de 50 cahíces de cada cereal por si ocurriera alguna desgracia, por lo que podemos llegar a la conclusión de que después de esta aportación a la causa de la guerra las arcas de Bigastro quedaron más que tiritando.

Campo de trigo

Campo de trigo

Y no sólo las arcas quedaron afectadas, también su población, pues si Bigastro por aquel entonces apenas contaba con un centenar de habitantes, fueron suficientes para que sus hombres fueran llamados a la guerra.

Luís Togores Valenzuela, remplazado del gobernador D. Vicente Falcó, decidió tomar las riendas en la defensa de nuestra comarca formando una tropa de cuarenta valientes campesinos, entre los que reclutó al menos a diez bigastrenses, dispuestos a servir al rey Felipe V hasta perder la vida.

Este ejército, que se perfeccionaría hasta formar un batallón de milicias de cuatro compañías de infantes, setenta por cada una, y tres compañías de caballos, acudirían varias veces en socorro de Alicante, ciudad muy castigada ante las constantes embestidas de las tropas del Archiduque Carlos.

La Guerra de Sucesión Española llegaría a su fin seis años después, en 1713, con el conocido Tratado de Utrecht. Una guerra que casi llegó a consumir por completo a la vecina Orihuela, saqueada, maltratada e incendiada.

Una guerra que en Bigastro perturbó la vida de sus primeros pobladores, testigos del desabastecimiento de las reservas de cereal de su pósito, y encomendados a formar parte de las milicias con la honorable misión de defender la tierra en la que habían decidido vivir. Una tierra por la que hoy paseamos tranquilamente disfrutando de sus construcciones y paisajes, atisbando lugares que invitan a recordar los hechos que en esta tierra tuvieron lugar.

FD: La Guerra de Sucesión de España [J. Albareda]. El señorío eclesiástico de Bigastro [G. Canales, I. Martínez], Togores, señores de Jacarilla [M. Gálvez], La posición del Cabildo Catedral de Orihuela en la Guerra de Sucesión [G. Ruiz, A. J. Mazón, M. Cecilia]

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Bigastro y su ejemplo de tolerancia: entre la adoración religiosa y el mitin republicano

Hace poco más de una semana, a raíz de una noticia surgida en un pueblo vecino que hacía referencia a la discusión sobre el carácter político o religioso de un símbolo ubicado en su plaza mayor, un amigo me preguntaba cual era la situación actual y qué opinaba yo al respecto.

Yo que cuando quiero hablo por los codos y cuando puedo de lo que me gusta, le conté una historia que sucedió en Bigastro hace poco más de cien años. Y es que aunque no deja de ser una anécdota, tiene un carácter similar.

Giramos las manecillas del reloj hasta los primeros años del siglo pasado, exactamente hasta el 6 de julio de 1903. Por aquel entonces España se encontraba sumida en la frustración y el pesimismo propios de una nación enferma que había perdido sus colonias de ultramar. Además, con Alfonso XIII en el trono, los cambios políticos iban y venían al compás de las múltiples elecciones, que alternaban gobiernos moderados con liberales.

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Mitin político en una plaza con gran asistencia

Bigastro, pueblo que como veremos más adelante no quedaría aislado de los vaivenes políticos, estaba conducido políticamente por un conjunto de contribuyentes (Francisco Pastor, Enrique Andreu, Antonio Fuentes, Vicente Belmonte, Enrique Rubio, Joaquín Belmonte, Francisco Lorente y Agustín Fuentes) que hacían de concejales de una corporación municipal capitaneada por su alcalde, D. Manuel Vaíllo Gracia.

En esta época de desconcierto político eran muy frecuentes los mítines de todo tipo de partidos, los cuales eran pronunciados por oradores traídos de otros pueblos, por los representantes del clero o por los propios vecinos del pueblo. Y aunque fueron muchos, muchísimos, los que se pronunciaron desde el balcón en la plaza de la iglesia, uno tuvo especial repercusión por lo curioso de la situación en la que se desarrolló.

El lunes 6 de julio de 1903, justo una semana después de que la Liga Católica pronunciara su mitin semanal en la plaza de la iglesia, le llegó el turno a la Unión Republicana de Bigastro.

El mitin fue organizado por todo el distrito, y de esta manera Bigastro fue por un día el mayor centro político provincial, recibiendo entre otras a las autoridades políticas de Torrevieja, San Miguel de Salinas, Catral, Albatera, Torremendo, Beniel, y por supuesto, la vecina Orihuela.  Todos fueron llegando a Bigastro en las primeras horas de la mañana, ocupando la plaza de la iglesia con sus elegantes carruajes.

Por último y desde la ciudad de Alicante llegaron las visitas más esperadas,  los oradores republicanos José Guardiola Ortiz y Pedro Irles, concejal el primero y presidente del Círculo Republicano el segundo. Tras su llegada subieron al balcón más alto de la plaza de la iglesia, el cual habían engalanado con una bandera nacional, y ante una multitud de más de mil personas pronunciaron un discurso, como no podía ser de otra manera, alusivo a los conceptos de la doctrina republicana y la revolución.

José Guardiola

José Guardiola Ortiz, abogado y político

Una tras otra, las distintas autoridades republicanas llegadas a Bigastro desde todos los pueblos de la provincia fueron pronunciando sus discursos en la plaza de la iglesia de Bigastro cuando una imagen que no esperaban les sorprendió. Una comitiva de bigastrenses en procesión se adentró en la plaza en dirección a la iglesia con motivo de la ceremonia con la que honraban a la Virgen del Rosario.

El grupo de feligreses rezaba y caminaba, ante la atenta y respetuosa mirada de la multitud allí reunida, hasta llegar al interior de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén, y cuando dieron por finalizadas sus oraciones salieron a la plaza, cura incluido, a terminar de escuchar a los últimos oradores republicanos.

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Antigua Virgen del Rosario

Cuando el mitin acabó, las autoridades republicanas, vecinos y eclesiásticos fueron invitados a un almuerzo en la casa del bigastrense Juan Gálvez, en un acto de confraternización y respeto de ambos bandos.

Años después en la principal plaza de Bigastro soplarían vientos que levantarían oscuras polvaredas, tintas carmesí que escribirían las más sangrientas páginas de su historia, y en algunos de sus caminos y veredas se escucharían para siempre el eco de las balas. Pero esos recuerdos forman parte de otras historias, de otras gentes y de otros tiempos.

 

 

FD: La Unión Republicana bajo la presidencia de Nicolás Salmerón [Alfonso Capitán], Historia Electoral, El liberal, Historia de Orihuela [Francisco Cánovas], La actuación municipal de Bigastro en la primera mitad del siglo XX [José Mª Cabañés]

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Monas de Pascua

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  • 3 kg. de harina de trigo.
  • 12 huevos.
  • 1 kg de azúcar.
  • 250 cc. de aceite de oliva virgen.
  • 250 g. de levadura de pastilla.
  • 250 g. de masa de levadura.
  • Raspadura de limón.

Preparación para 12/14 unidades

  • Se deshace la levadura de pastilla con un poco de agua tibia y se mezcla con la masa de levadura para que fermenten. Luego se deposita en un lebrillo y se le van añadiendo uno detrás de otro el resto de los ingredientes: los huevos , el aceite, el azúcar, la raspadura de limón y por último la harina.
  • Amasar hasta lograr una pasta uniforme. Cuanto más se amase mejor saldrán. Si la masa quedase blanda se añade más harina hasta que quede con la firmeza buscada.
  • Se deja en reposo 2 o 3 horas, la masa debe subir y quedar esponjosa. Cuando la masa está a punto se toman pequeñas porciones formando bolas en el cuenco de la mano, agitando la masa pero sin aplastarla. Se colocan sobre una llanda de horno previamente aceitada o sobre papel parafinado en la forma que se desee (alargadas, redondas, en trenza) y en el centro se coloca un huevo duro.
  • Se tapan con un paño de algodón y se espera a que de nuevo suba la masa.
  • Una vez transcurrido el tiempo se cuecen a horno medio: 180 grados.
  • Cuando se sacan del horno, en caliente, se pintan con huevo batido y se espolvorean de azúcar.

¡Buen provecho!

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