Archivo del Autor: Pascual Segura

Acerca de Pascual Segura

¡Hola! Mi nombre es Pascual Segura y soy Diplomado en Biblioteconomía y Licenciado en Documentación por la Universidad de Murcia, y Experto en Gestión de Información Documental por la Universidad Jaume I de Castellón. De mi pasión hacia la puesta en valor del patrimonio documental tienen gran parte de culpa mi formación (Universitad Complutense de Madrid, Universidad de Alicante, Universidad de Salamanca, Universidad Internacional del Mar, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Universidad Nacional de Colombia, ANABAD, etc.), y mis aficiones a la lectura, la fotografía, la música, la investigación y las tecnologías de la información. Gracias a ello, he podido llevar a cabo mis propósitos profesionales en el Archivo Histórico de Las Torres de Cotillas (Murcia), el Museo Arqueológico Provincial de Alicante (MARQ), en el Archivo de la Diputación Provincial de Alicante, en las Cortes Generales del Senado, así como diversos archivos y bibliotecas municipales.

Bombardeos en Bigastro en la Guerra Civil Española

Corría el año 1936 cuando tuvo lugar la sublevación militar que desencadenó una de las mayores desdichas de la historia reciente de nuestro país: la Guerra Civil Española.

Batalla tras batalla la rebelión nacionalista fue tomando territorios, resultando una España dividida en dos bandos: el nacional y el republicano. Nuestra región quedó cercada en el interior del bando republicano, por lo que en nuestra provincia, y por ende en Bigastro, los acontecimientos ocurridos entre los años 1936 y 1939 estuvieron supeditados a las situaciones propias de la zona en la que nos encontrábamos: la zona republicana.

De esta manera, en el Bigastro gobernado por entonces por D. José Aureliano Díaz, la lealtad y la complicidad hicieron que no ocurrieran episodios tan intensos como los acontecidos en otros pueblos circundantes, aunque durante el transcurso del conflicto bélico los acontecimientos ocurridos más allá del término bigastrense provocaron situaciones de cambio, en un ambiente en el que a pocos metros no era difícil percibir el olor a pólvora quemada.

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Salvador Bañuls en compañía de las autoridades en la plaza de la Constitución

Uno de los cambios más contundentes fue la decisión del alcalde de convertir la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Belén en almacén de abastecimientos, la casa del párroco en hospital de sangre y casa de refugiados, y el antiguo asilo (conocido como las monjas), propiedad de Irene Rubio, convertirlo en casa-cuartel de los guardias de seguridad y asalto.

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Acta municipal en la que se indican los nuevos usos de los edificios religiosos

Aunque sin duda uno de los acontecimientos más notables tuvo lugar en abril  de 1938, cuando el pueblo de Bigastro fue bombardeado por el bando nacional. Un año, en el que la ofensiva nacional hacia el área republicana fue más perseverante. El 25 de mayo de ese mismo año, Alicante fue bombardeada por un escuadrón italiano con base en Mallorca, provocando 300 muertos. Tres meses después, 19 personas sucumbían en una Torrevieja bombardeada, también por un escuadrón italiano. El año 1938 se convirtió en un año de guerra, tragedia y bombardeos en nuestra provincia, pero ¿y Bigastro? Alicante era una ciudad primordial para la resistencia republicana, y Torrevieja podía entenderse como un puerto enemigo, pero, ¿por qué bombardear Bigastro? ¿qué había de especial en Bigastro que llamara la atención de la aviación afín al bando nacional?

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Escuadra de la aviación italiana

Ocurrió en abril de 1938, entre las dos y las tres de la madrugada, cuando un escuadrón de la aviación del bando nacional dejó caer una de sus bombas en la antigua yesera ubicada en Bigastro, en la parte derecha de la entrada al municipio desde Orihuela. La yesera era una factoría en la que se obtenía yeso. Para producirlo, tenía un horno de dimensiones gigantescas parcialmente enterrado, aprovechando el desnivel del terreno, con unas paredes de un espesor de más de medio metro y alrededor de 3 metros de altura. El horno se cargaba de aljez, la roca de la que se extrae el yeso, cociéndose durante periodos de 24 horas, lo que obligaba a suministrarle combustible de forma permanente. Trabajo que igualmente se realizaba de día como de noche, pues había que alimentar el horno de forma constante.

Durante la madrugada, el escuadrón nacional sobrevolaba nuestra comarca cuando uno de los pilotos observó la nube blanquecina que desprendía la yesera. Confundiendo ésta con una gran factoría  de armas o suministros del bando republicano, dejó caer una bomba con el fin de destruirla e inutilizar las fuerzas enemigas. La bomba descendió en dirección a la yesera, introduciéndose en un pozo que existía en los terrenos de una familia bigastrense apodados “los sardinas”. La explosión fue de tal magnitud que despertó a los vecinos del pueblo, cundiendo el pánico entre muchos de ellos. Lo recuerda con emoción Mariano López, nonagenario bigastrense que hoy vive a pocos metros de la antigua yesera y que siendo un niño, tras la fuerte explosión saltó de la cama y se dirigió corriendo hacia el lugar donde había ocurrido el desastre.

Cuando llegó, el pequeño Mariano vio un considerable cráter en el lugar que ocupaba el pozo, destrozado en su totalidad, así como cascotes y rocas esparcidas por los terrenos adyacentes, algunos desplazados decenas de metros hasta el otro margen de la carretera, en dirección norte.

Hoy, con una leve sonrisa, más amarga que alegre, Mariano recuerda como al día siguiente “no hubo colegio, y fuimos todos los críos a unos campos de almendros que habían junto a la yesera, para ver los destrozos que habían hecho en los árboles los cascotes lanzados por la explosión”.

Las reacciones desde el Ayuntamiento no se hicieron esperar, pues tal y como escribió el secretario Juan Gálvez en las actas municipales que hoy se encuentran documentadas, el alcalde D. José Aureliano Díaz ordenó que “ni una sola lámpara eléctrica tuviera luz en el pueblo, para evitar servir de guía a la aviación facciosa”. Una medida, que el alcalde ya había previsto un año antes ante el temor de que Bigastro fuera bombardeado, pero fue una medida más ingeniosa.

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Orden de apagado total de las lámparas dada por D. José Aureliano Díaz

El domingo 4 de abril de 1937, el alcalde bigastrense ordenó pagar un jornal a un vecino para que pintara las lámparas de cristal del alumbrado eléctrico de la vía pública, para que las luces fueran más tenues y evitar así que las lámparas sirvieran de guía a los aviones del bando nacional y que bombardearan Bigastro. Una medida por parte del alcalde, que dados los hechos ocurridos meses después, no fue exagerada, ya que si el escuadrón nacional, alertado por el humo del horno de la yesera, hubiese visto además puntos de luz en el pueblo, las consecuencias podrían haber sido desastrosas.

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Orden de pintar las lámparas para atenuar la luz dada por D. José Aureliano Díaz

Primero se pintaron las lámparas, después se ordenaron apagar, pero no fueron las únicas decisiones tomadas en favor del bando dominante en nuestra comarca, pues D. José Aureliano Díaz, destinó un porcentaje del presupuesto municipal para ayudar al ejército republicano, además de imprimir folletos en apoyo de los batallones de aviación republicana, para más tarde repartirlos por el pueblo con la finalidad de que los jóvenes bigastrenses se alistaran en dichas compañías.

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Folleto de alistamiento a la aviación republicana

Órdenes a las que acompañó el domingo 22 de mayo de 1938 con un discurso que proclamó a los vecinos, reunidos en la entonces nombrada como plaza de la República –actual plaza de la Constitución- diciendo así: “Todos unidos con nuestra fe, entusiasmo y espíritu antifascista luchemos por España para aplastar al fascismo nacional y extranjero con el triunfo de nuestras gloriosas armas, las cuales se hallan sostenidas por una muralla infranqueable de pechos antifascistas.”

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La primera sociedad mística de Bigastro. Un encuentro con los orígenes.

Podemos decir que durante el siglo XVIII, la comarca de la Vega Baja, en la provincia de Alicante, fue una región donde la colonización de territorios fue una práctica frecuente. La mayoría de las veces la colonización se llevaba a cabo mediante el establecimiento de señoríos de jurisdicción alfonsina, autoridad otorgada en 1329 por Alfonso II de Valencia y IV de Aragón, a los vecinos del Reino de Valencia.

De esta manera, para el pueblo de Bigastro, el cabildo de la catedral de Orihuela era el encargado de nombrar los cargos municipales, autorizando y presidiendo las asambleas vecinales, siendo la voz apoderada a la hora de dar el beneplácito a los acuerdos de la corporación del lugar. Y con esta serie de condiciones realizaron el juramento los nuevos vasallos en la víspera de Navidad del año 1701, dando lugar a la fundación del pueblo de Bigastro.

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Vista de la plaza de la Constitución

Una década después, la pérdida de beneficios por parte del cabildo de la catedral de Orihuela, a consecuencia de la partida de muchos de los vecinos del antiguo Bigastro, que marcharon a otros lugares ante la imposibilidad de hacer frente al pago de los impuestos, provocó que en 1715 este modificara las condiciones impuestas a los vasallos, incorporando nuevas limitaciones, tasas y la entrega de un mayor número de tierras a los vecinos.

Surge entonces una nueva oportunidad para el progreso de Bigastro, el cual se fue desarrollando y transformando con el paso de los años con nuevas condiciones tributarias, un nuevo reparto de tierras, la llegada de nuevas familias, nuevas construcciones como el molino harinero, construido en 1770 gracias a la autorización que el cabildo de la catedral de Orihuela solicitó al Consejo Supremo de Castilla, el 1 de diciembre de 1740, y la fundación de la primera sociedad mística local: una cofradía que congregaría a los vecinos más distinguidos de la renovada fundación bigastrense.

La Cofradía de Nuestra Señora del Rosario se fundó en Bigastro con anterioridad al año 1721, siendo su mayor impulsor y protector Juan Rufete, estando ubicada primeramente en la antigua iglesia de la torre (Torre de Masquefa), pasando después a ocupar un lugar principal el 31 de mayo de 1727 en la recién construida iglesia parroquial de Nuestra Señora de Belén.

Una cofradía que contaba con su propio espacio dentro del templo parroquial, pues construyó la capilla con su retablo en la parte izquierda del crucero de la iglesia, donde hoy encontramos la majestuosa capilla y retablo de la Purísima Concepción. Además, compraron manteles de altar y diferentes ornamentos para la capilla, y construyeron una fosa la cual de ahí en adelante debía alojar los cuerpos de los mayordomos de la cofradía, los de sus mujeres y sus hijos.

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Interior de la parroquia de Nuestra Señora de Belén

La relevancia de la cofradía debió ser muy significativa, además de ser la única existente en Bigastro en la época, pues el tres de mayo de 1771 Juan Francisco de Bernal remitió a Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda, un interesantísimo informe hoy conservado en el Archivo Histórico Nacional que informaba sobre las cofradías y congregaciones religiosas existentes en Orihuela y los pueblos de su partido, entre los que naturalmente se encontraba Bigastro.

Juan Francisco de Bernal tomó nota de las cofradías existentes en Bigastro, indicando la de Nuestra Señora del Rosario con un total de veinticuatro mayordomos y ciento sesenta cofrades. Teniendo en cuenta que ese año Bigastro contaba con aproximadamente ochocientos habitantes, y que los niños y las mujeres no tenían cabida en la cofradía, pues ser miembro de la misma estaba reservado a los hombres, podemos señalar que aproximadamente el 53% de los hombres de Bigastro formaban parte de la cofradía, bien como cofrades o mayordomos.

Una cofradía, la primera sociedad mística bigastrense, que a través del tiempo ha llegado hasta nuestros días con una tradición y melodía propia: la del canto de los auroros.

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Tras las huellas del crimen de Bigastro

Semanas atrás charlaba con un amigo de historias del pueblo. Brincando de suceso en suceso, arrancando hojas al calendario y subrayando nombres y apodos, en una de esas me preguntó sobre el monolito que hay en la entrada del cementerio de Bigastro. Le conté por encima, pero le dije que escribiría sobre ello. La palabra vale, así pues ahí va la crónica, dedicada a él y a su maravillosa curiosidad.

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Vista de la fachada del cementerio municipal de Bigastro

Dicen que todo crimen deja su huella, lo que en la mayoría de los casos permite reconstruir los hechos. Y qué mejor para reconstruir la antigua historia del monolito que viajar en el tiempo y el espacio. Nuestro espacio es la entrada al cementerio municipal de Bigastro. Una vez allí dirigimos la mirada a la parte derecha de su fachada. Allí vemos un monolito sobre el que descansa una gran cruz de piedra. ¿Uno? No, realmente hay dos: un monolito grande y otro pequeño. Pero, ¿a quiénes están dedicados? Y no menos importante, ¿qué hacen allí?

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En la parte derecha de la fachada, vista de los monolitos

Ya situados en el lugar debemos ajustar el tiempo, y para ello retrocedemos las manecillas de nuestro reloj hasta el 25 de agosto de 1936, instante en el que se cometieron dos de los mayores crímenes ocurridos en la historia de Bigastro. Nos encontramos en el segundo mes del comienzo de la Guerra Civil Española, un conflicto político y social cuyo rastro de pólvora alcanzó incluso los lugares más serenos, como Bigastro, cuyos vecinos fueron testigos de un brutal acontecimiento que dejó su huella para siempre, y que ocurrió así…

La mañana del 25 de agosto de 1936, un coche entró a Bigastro por la Avenida General Bañuls. En su interior había cuatro personas: dos secuestradores y dos secuestrados. Los secuestrados eran Francisco Díe Losada, Juez de Aguas y alcalde de Orihuela en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, y Aurelio Alonso Pérez, jefe de Correos. Los secuestradores: Ramón Velasco Cases, sicario benejucense conocido por Pincelito y su compañero de faenas conocido por Cascarón.

Secuestrados y secuestradores entraron a Bigastro dispuestos a dar un paseo más corto que largo, y de esta manera atravesaron la calle Mayor llegando hasta la plaza de la Constitución, pasando por la puerta de Álvaro y por el bar del hierro con dirección a Torrevieja, pero algo llamó la atención de los secuestradores, que decidieron dar por concluido el paseo, tan pronto vieron asomar desde la carretera la fachada del cementerio municipal de Bigastro.

Pincelito y Cascarón detuvieron el coche en el arcén contrario al cementerio, metros antes de llegar al mismo, y allí obligaron a Francisco Díe y Aurelio Alonso a bajar del coche y a retirarse unos metros. Cascarón, vecino del secuestrado Francisco Díe, sacó una pistola del coche que el ex alcalde oriolano pudo reconocer: era la suya, la cual le había confiscado Cascarón días atrás. Sin mediar palabra le metió tres tiros en el pecho, cayendo el cuerpo sobre la tierra del arcén.

Por su parte, Pincelito sacó del vehículo una escopeta y apuntó hacia el jefe de Correos, matándolo de un tiro a bocajarro.

Con los dos cuerpos desangrándose en la orilla de la carretera, Pincelito quiso firmar su crimen como acostumbraba a hacerlo. Así pues se bajó la bragueta y meó sobre los cadáveres. Y en ese tiempo y lugar, frente al cementerio municipal de Bigastro, los dos criminales esperaron orgullosos a que llegaran desde Orihuela a llevarse los cadáveres de sus víctimas.

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Monolito en recuerdo de Francisco Díe Losada, muerto a manos de Cascarón

Meses antes, al inicio de la Guerra, el ex alcalde Francisco Díe había escondido su querida imagen de la Virgen de Monserrate, patrona de Orihuela, ante el temor de que fuera destruida. Pincelito la buscó, la encontró, le metió dos tiros y le prendió fuego.

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Monolito en recuerdo de Aurelio Alonso Pérez, muerto a manos de Pincelito

Finalizada la Guerra Civil Española, la ciudad de Orihuela decidió no olvidar jamás el crimen de Francisco Díe y Aurelio Alonso, y para ello construyeron dos monolitos que enclavaron en el lugar exacto en el que las víctimas fueron asesinadas a manos de Pincelito y Cascarón. Frente al cementerio, unos metros más abajo.

Con el paso de los años, la remodelación de los accesos y de la CV-95, provocó que ambos monolitos se trasladaran al lugar en el que hoy reposan: en la fachada del cementerio municipal de Bigastro, en su parte derecha, donde reposa la memoria, la crueldad y la historia en forma de piedra, expresión de lo mejor y lo peor del ser humano.

 

 

FD: Oriola vista desde el Puente de Rusia. Biografía de Francisco Díe Losada [Antonio José Mazón Albarracín] / Pincelito [José Antonio Muñoz Grau]

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Joaquín Sánchez “El uso de la bicicleta se ha transformado, pero nunca se perderá…”

La fisionomía de los pueblos es la consecuencia de su entorno y de su historia, pero sobre todo de su gente. Bigastro, con su morfología propia de los pueblos camineros, extiende sus calles y callejuelas a partir de su calle Mayor. Una calle con historia donde sus vecinos conservan antiguos y entrañables relatos de niñez. Conocido cariñosamente por todos como el Chito Lele,  Joaquín Sánchez es parte arraigada de la historia de su calle por su contribución a la misma. Y es que la bicicleta que descansa en la acera, al cuidado y cariño de su mañoso dueño, ya es parte inherente de la propia calle. Una bicicleta que se funde con el paisaje, y cuyos recuerdos se descubren acompasadamente de forma amigable y entrañable, al igual que las seguras y experimentadas pedaladas de su simpático dueño.

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El Chito Lele muestra una herramienta heredada de su padre

En el pueblo, es conocido por todos como el chito lele. ¿Cuál es el origen de su apodo?

Lo de lele tiene su origen cuando mi padre intentó salir con mi madre. Él era de la huerta, y por ese motivo algunos decían que era un lelo. Se quedó con el lele, apodo que siempre llevó con mucho orgullo. Además, cuando nací en la calle Mayor habían 28 mujeres, y yo era el único chiguito. ¡Todas eran chicas! Todas me conocían como el chiguito del lele, y de chiguito vino chito. Así pues me quedé con el Chito Lele.

¿Qué motivo inspiró su oficio? ¿desde cuándo repara bicicletas?

Mis primeros recuerdos reparando bicicletas los conservo desde los 4 o 5 años, cuando ya montaba radios de ruedas junto a mi padre. Él fue quien guió mis pasos. Era conductor de camiones de macizos: unos camiones con ruedas duras muy antiguos. Fundó un pequeño taller de reparación de coches, motos, etc… y yo me crié en ese ambiente.

¿Cómo era aquel antiguo taller?

No muy grande.  Mi padre montó el primer taller en la calle de arriba de las escuelas Unamuno, en un porche donde también reparaba coches. Años después bajamos a la carretera (calle Mayor), y lo montó frente al taller que tengo ahora.

 ¿Cómo era la calle entonces?

Muy distinta a la de ahora. Recuerdo que había tanto tráfico de coches, camiones y carros que en muchas ocasiones apenas podía cruzar la calle. Siendo niño recuerdo que junto a mis amigos me enganchaba en la parte trasera de los carros y nos paseábamos un rato, hasta que el dueño se daba cuenta y nos tiraba con el látigo. Eran todo risas, carreras y de vez en cuando nos caía un latigazo.

Además de sus recuerdos, ¿conserva algún objeto de aquel antiguo taller de su padre?

Sí, dos cosas. Una llave inglesa que tiene más de 80 años, que pesa muchísimo y guardo con cariño, además de un artilugio que sirve para centrar las ruedas. Era muy mañoso y lo construyó él desde cero soldando hierros, tornillos y tuercas. Construía cosas con ideas muy adelantadas a su tiempo.  Recuerdo siendo niño como mi padre le dijo a otro vecino que llegaría el día en que cada casa del pueblo habría un teléfono. Decía que un solo cable serviría para dar servicio de teléfono a Bigastro entero. El vecino le tildó de loco.

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Bicicleta doble con freno articulado construida por Joaquín Sánchez

Sin duda heredó su inquietud por la mecánica. ¿También ha construido cosas?

Sí. Hace poco más de diez años fabriqué una bicicleta doble con freno articulado en la que pueden subir tres personas. Fue un capricho que un día se me ocurrió y tres meses después ya paseaba montado en ella camino de Redován junto a mi hija Ana. Funciona perfectamente.

¿Actualmente tiene algún proyecto de mecánica en marcha?

Claro, a mis 73 años siempre tengo cosas en marcha. Esta bicicleta pequeña tiene más de 40 años y la han disfrutado mis hijas y nietas. Ahora la estoy poniendo a punto para que suba en ella mi nieto Mario, que tiene dos años y medio y pronto podrá montar.

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Bicicleta de niño lista para ser restaurada para su nieto Mario

La bicicleta es un medio de transporte muy antiguo. ¿Qué futuro le depara a este medio de transporte?

Pienso que nunca se perderá, aunque sí se ha transformado su uso. Antiguamente la bicicleta era una herramienta de trabajo más. Recuerdo las tardes en que veías las calles de Bigastro repletas de gente en bicicleta, que regresaban de cortar naranjas. Algunos recorrían distancias muy largas, y eso después de una larga y dura jornada de trabajo. Ahora tiene un uso más dedicado al ocio, al paseo o al deporte. Se ha transformado y continuará transformándose, pero nunca se perderá.

Veo que comparte su afición a las bicicletas con el ajedrez, y que su amigo Manolo le acompaña. ¿Quién gana?

Nos vamos turnando para ganar, porque si siempre gana el mismo, el otro se aburre. Este ajedrez lo he ido pintando yo mismo a ratos. He ido enseñado a mi nieta Carmen a jugar y ya me hace trampicas. Mi segunda nieta es una pilla, y si quisiera ya me engañaría.

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Joaquín Sánchez y su amigo Manolo juegan al ajedrez

En su taller veo bicicletas que parecen muy antiguas y pesadas. ¿Cómo llegaron hasta aquí?

La mayoría fueron abandonadas. Sus dueños directamente se deshicieron de ellas junto a un contenedor por ser viejas, y algunas las rescaté dándoles una nueva oportunidad. Otras me las regalaron porque los vecinos saben que me gustan. Ahora son parte de mi vida. Les pongo aceite para que funcionen bien, y de vez en cuando les retoco alguna cosica.

¿Cuál es la mayor ventaja de viajar en bicicleta?

Que ves el paisaje, sin duda. Las personas ya no nos paramos a ver las cosas. Lo queremos todo rápido y en nuestros coches también viajamos rápido. La bicicleta te permite ver los detalles de las cosas además de ser un medio de transporte muy cómodo. Puedes hacer largos trayectos con ella, y si te cansas te bajas y caminas un rato.

¿Algún viaje especial con su bicicleta?

Hice el Camino de Santiago en 1999 saliendo desde Roncesvalles. Pinché dos veces y fue duro, pero muy bonito.

¿Y alguno en proyecto?

Sí, siempre tengo cosas en proyecto. Me gustaría volver a hacer el Camino de Santiago, pero esta vez desde la puerta de mi casa. Sin prisas, tarde lo que tarde. Tengo la bicicleta preparada, pues le acoplé un portaequipajes para que el viaje fuera más cómodo. Tengo las herramientas y la cadena engrasada, pero me falta lo más importante.

¿Qué es lo más importante?

No me gusta viajar solo. Me falta un compañero, ¿te vienes?.

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Sémola

Ingredientes

  • 2 cebollas.1321509600_132150_1321509600_noticia_normal
  • 50 gr. de bacalao.
  • 1/4 kg. de harina de trigo.
  • Pimentón.
  • Aceite de oliva.
  • Sal.

 

 

Preparación

  • Cocer el bacalao, quitarle la piel, la raspa y desmenuzar.
  • Sofrerír las cebollas y las patatas troceadas. Añadir al sofrito el bacalao desmenuzado y el pimentón.
  • Añadir agua y cocinar 10 minutos.
  • A continuación mezclar 1/2 l. de agua junto a la harina en un recipiente y amasar.
  • Añadir la masa a la sartén del sofrito y remover lentamente durante 10 minutos.
  • Añadir agua al gusto para dar más o menos espesor al plato.

¡Buen provecho!

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