Archivo del Autor: Pascual Segura

Acerca de Pascual Segura

¡Hola! Mi nombre es Pascual Segura y soy Diplomado en Biblioteconomía y Licenciado en Documentación por la Universidad de Murcia, y Experto en Gestión de Información Documental por la Universidad Jaume I de Castellón. De mi pasión hacia la puesta en valor del patrimonio documental tienen gran parte de culpa mi formación (Universitad Complutense de Madrid, Universidad de Alicante, Universidad de Salamanca, Universidad Internacional del Mar, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Universidad Nacional de Colombia, ANABAD, etc.), y mis aficiones a la lectura, la fotografía, la música, la investigación y las tecnologías de la información. Gracias a ello, he podido llevar a cabo mis propósitos profesionales en el Archivo Histórico de Las Torres de Cotillas (Murcia), el Museo Arqueológico Provincial de Alicante (MARQ), en el Archivo de la Diputación Provincial de Alicante, en las Cortes Generales del Senado, así como diversos archivos y bibliotecas municipales.

El secreto de la calle Sol, de Bigastro

La elección del nombre de las calles de Bigastro rara vez fue fruto del azar, pues su reducido término municipal y la escasez de calles en sus primeros años como nueva fundación, exigieron que el nombre de sus calles fueran escogidos con esmero y dedicación. De esta manera, pese al paso de los siglos, la calle Sol conserva un curioso pasado, una especie de herencia genética que la delata: su nombre.

La calle Sol, una de las más antiguas del pueblo, tuvo su origen hace más de 250 años, pero no en el lugar que actualmente la encontramos, pues por entonces Bigastro no era tan extenso y no llegaba a su ubicación actual.

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La calle Sol en la actualidad

La calle Sol original se encontraba muy cerca de la Plaza de la Constitución, en la actual calle 1 de mayo (la cual se extiende desde la calle Lugar Nuevo hasta el Parque Huerto del Cura), siendo fundada originalmente con motivo de la ampliación del pueblo desde su núcleo principal (la Plaza) a través de sus calles vecinas.

Su nombre -como cabe esperar- se debe a un homenaje que los vecinos de Bigastro dedicaron al astro rey de nuestro sistema solar. Y es que en pleno siglo XVIII, la ubicación de esta calle tenía una importante carga simbólica, pues se trataba de un lugar privilegiado por el siguiente motivo.

Nos situamos en el centro de la Plaza de la Constitución del siguiente modo. Frente a nosotros las oficinas del Grupo Lysmon, a nuestra espalda la Cafetería Vaivén, a la derecha la iglesia y el ayuntamiento, y a la izquierda la calle Mayor.

Si nos situamos en esa posición, nos encontraremos mirando al norte, dejando a nuestra espalda el sur, el este a nuestra derecha, y a nuestra izquierda el oeste, donde se fundó la calle Sol (la calle Goya no se fundaría hasta mucho después).

Como suele decirse, el sol nace por el este y se oculta por el oeste. Y ahí, justo en la primera calle que surge en el Bigastro de los canónigos del siglo XVIII en la parte oeste de la plaza, se funda una nueva calle, y se nombra en homenaje al Sol.

La calle sería fundada como calle Sol, pues los bigastrenses veían los atardeceres en esa dirección. Unos atardeceres que como todos sabemos, a menudo presentan en el cielo unos espectaculares matices de color rojo y naranja. Un espectáculo natural que como en la actualidad, también debía sorprender a los vecinos de entonces.

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Rótulo de la calle Sol

El sol, un elemento enraizado en la historia económica, social y cultural de Bigastro, debido a su vinculación agrícola, tenía su merecida calle. Un astro que, además, un siglo después coronaría el primer escudo conocido de la Unión Musical de Bigastro, como se ha descubierto recientemente.

Más de un siglo después, la calle Sol original perdería su nombre para siempre, pues en mayo de 1927, el consistorio bigastrense acordó de buena voluntad por unanimidad –quizás desconociendo el pasado histórico de la calle- sustituir el nombre de la calle Sol por el de Alfonso XIII, en homenaje a la conmemoración del 25 aniversario de la coronación del monarca.

La antigua y original calle Sol había perdido su nombre, pasando a llamarse calle Alfonso XIII en 1927, calle Escudero durante la República, calle José María Maciá durante el franquismo, y 1 de mayo en la actualidad.

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Calle Sol original. Actualmente nombrada calle 1 de mayo

El nombre de la calle Sol original se desvanecería en el tiempo y la historia, siendo recuperado años después, aunque no en su lugar original. La elección del nombre de las calles muestra a los vecinos y visitantes los valores, las referencias históricas, culturales, políticas y sociales de un pueblo, y esto debió tenerse muy en cuenta cuando el siglo pasado se recuperó el histórico nombre de calle Sol.

En los años 60, el aumento de la vecindad y la proliferación de nuevas calles en Bigastro, exigieron al consistorio dar nombre a varias calles que habiendo surgido en las últimas décadas, carecían de nombre. Entonces nombraron la actual calle Sol, recuperando el nombre, aunque no la ubicación original.

La actual calle Sol se había creado poco a poco en la parte alta del pueblo, siguiendo la orientación de este a oeste.

Casualidad, o no, siguiendo la trayectoria del sol.

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Efrén Pamies “Conociendo un poco más nuestra fauna, conseguiremos poco a poco el respeto y admiración que merece…”

Efrén Pamies no es un vecino cualquiera. Dicen que en la mayoría de los casos la primera impresión es la que cuenta, y en nuestro caso debió ser así, pues la primera impresión que me produjo cuando nos conocimos fue la de una  persona cordial, sensata y enérgica. Impresión que lejos de cambiar con el transcurso de los años, se ha acentuado en vez de aminorar.

Un tipo que habla claro, escucha atento y que muestra un escrupuloso respeto hacia aquello que le rodea, sin distinciones entre personas, objetos o especies animales o vegetales, pues como muestra en sus vídeos publicados en su página personal de Facebook, para él todo merece ser respetado y admirado dentro de su entorno natural.

De Efrén Pamies y de su interés por la protección de la naturaleza podríamos hablar largo y tendido, pero quién mejor para contarnos sus inquietudes que él mismo.

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Efrén Pamies fotografía un nido de búho real

Pascual Segura. Efrén, aunque muchos te conocemos por tu faceta de amigo y/o compañero, son muchos los que te conocen por tus vídeos como “Efrén de la loma”. ¿Qué representa para ti la loma? ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de este entorno natural?

Efrén Pamies. La Loma Ancha de Bigastro significa para mí un trocito de ecosistema natural, pues ya desde niño sentí esa atracción y admiración especial por ella. Para mí es un emblema muy importante de Bigastro, donde resalta todo su esplendor a espaldas del casco urbano.

Tengo muchos recuerdos de la Loma, a la que siempre podía admirar desde la ventana de mi cuarto y la terraza de mi casa, imaginándome nuevas aventuras con los amigos. La Loma fue durante toda mi infancia mi lugar favorito de juego, donde podía permanecer hasta el anochecer, mi sitio de encuentro con los seres vivos y toda la fauna autóctona. Lo mejor de aquellos días era terminar las clases en el colegio y perderme en la Loma y sus alrededores.

P.S. ¿De dónde viene tu interés por la naturaleza?

E.P. Creo que tuvo mucho que ver el naturalista y maestro Félix Rodríguez De La Fuente, que con su famosa serie de TV “El Hombre Y La Tierra” hizo que despertara en mí ese maravilloso sentimiento de amor y respeto hacia nuestra fauna y a la naturaleza en general. Después ya fue un interés personal hacia las distintas especies de animales, siempre interesado e intrigado por los “bichos” más raros y menos favorecidos por su mala reputación: artrópodos, reptiles, anfibios, etc.

P.S. En los vídeos que realizas siempre dejas entrever un mensaje de respeto hacia la naturaleza. ¿Qué quieres contar con ellos? ¿Cómo te gustaría que influyeran en las personas que los ven?

E.P. Siempre procuro que mis videos tengan un mensaje de respeto, tanto hacia la fauna autóctona como a la naturaleza en general. Se puede dar el caso de que alguno de mis vídeos se pueda malinterpretar por ciertas personas, insinuando indirectamente que pudiera estar estresando y molestando a ciertos animales a la hora de manipularlos mientras los documento y los doy a conocer.

Pienso que a veces es necesario “molestarlos” y manipularlos un poco si con ello conseguimos que el desconocimiento humano hacia las especies que nos rodean, se vaya reduciendo y en un futuro podamos salvar estas especies de morir atropelladas, pisadas o incluso golpeadas directamente y a conciencia.

La mayor amenaza de muchas de las especies es sin duda el desconocimiento humano, como ya he comentado. Por eso el mensaje que intento transmitir es ese, enseñar y documentar las especies  que nos podemos encontrar por el monte y acabar con ciertos mitos o leyendas urbanas y poder desmitificar tanta documentación errónea o falsa que se han trasmitido de generación en generación.

Creo que conociendo un poco más nuestra fauna conseguiremos poco a poco el respeto y admiración que merece.

P.S. ¿Qué es lo primero que metes en la mochila cuando sales de ruta?

E.P. Lo primero que meto en mi mochila son toallitas húmedas o un paño para limpiarme las manos después de “acariciar” los sapos o las culebras que me encuentro (risas). Bueno, bromas aparte, además de eso nunca me olvido de llevar el móvil, para inmortalizar o filmar alguna de las especies, el gancho para inmovilizar reptiles, una navaja afilada por si algún agricultor me regala una naranja y poder pelarla (más risas), y por supuesto una botella de agua para hidratarme.

P.S. ¿Cuál es el hallazgo que más te ha impresionado?

E.P. He tenido varios hallazgos que me han impresionado bastante, como fue hace unos meses y de forma casual, encontrarme con dos polluelos de búho real en un nido situado en un acantilado mientras recolectaba “alcaparras”. Fue algo increíble y que pude documentar y compartir. Otro hallazgo y también muy cercano a la Loma Ancha de Bigastro fueron los restos de vertebras y fragmentos óseos fosilizados en una roca, posiblemente de un “manatí” o “vaca marina” de hace varios millones de años. Además de una especie única en Europa de peces ya extintos fosilizados. La Paleontología es otra ciencia que me atrae y admiro muchísimo.

 P.S. ¿Recuerdas alguna anécdota especial?

E.P. Muchísimas anécdotas, sobre todo de niño, como por ejemplo llevar a casa escorpiones para tenerlos de mascota o culebras, que finalmente me negaban en casa y tras mucho insistir solo podía convencer a mi madre para conservar en un balde alguna pequeña e inofensiva rana, que tras varios días en cautividad volvía a dejarla libre donde fue encontrada (cosas de niños).

En dos ocasiones sufrí las consecuencias alérgicas y tóxicas por manipular “bolsas” o nidos de “procesionaria”, necesitando asistencia médica y alguna que otra reprimenda en casa posteriormente. Atravesar de extremo a extremo la que llamábamos la Cueva del “Lobo”, donde apenas cogíamos los más grandes o los más rellenitos, y salir de tierra hasta las orejas y llenos de telarañas. Bañarnos en verano en las enormes balsas de riego y bien entrada la noche para no ser descubiertos (imprudencias y travesuras de niños).

Me han mordido culebras sin mayor consecuencia, pero las anécdotas que más me alegran y emocionan son la de ser requerido por conocidos o vecinos de Bigastro para rescatar reptiles, colonias de murciélagos o aves rapaces que se han extraviado, y que han sido localizadas en viviendas o lugares al que no corresponden… Eso sí son anécdotas especiales.

Otra anécdota muy simpática y divertida que me pasó junto con los amigos, fue después de varios días de la famosa riada de 1987 que afectó a toda la Vega Baja del Segura. Aquella tarde salimos como de costumbre al campo y esta vez nos alejamos un poco más de la Loma. Fuimos hasta ‘’Los Manantiales’’, en el barranco del término de Hurchillo (Orihuela), conocida la zona como el barranco de ‘‘El Saltaor’’, y nuestra mayor sorpresa fue divisar ¡¡una oveja junto a su borrego!!, y tras esperar a casi el anochecer y ver que no había ni rebaño ni pastores por la zona, decidimos llevárnoslo al pueblo. Ninguno se atrevía a acercarse a los animales hasta que uno de nosotros valientemente cogió en brazos al ‘’ borreguito’’ y la madre, simplemente, se dedicó a seguirnos por sí sola. Hasta ahí todos con la incertidumbre de cómo habían llegado los animales hasta el barranco. Las risas fueron apareciendo conforme empezábamos a negarnos a llevar en brazos al animal porque no hacía más que defecar, y no era precisamente muy agradable que te lo hiciera encima. Finalmente entre todos fuimos compartiendo el traslado del animal sosteniéndolo a pulso entre risas y al llegar al pueblo imagínate el panorama. La gente mirando y preguntando de dónde habíamos sacado a las ovejas, insinuando que las habíamos robado de algún rebaño. Mientras tanto, nosotros, gestionábamos cómo íbamos a cuidarlos y sobre todo, dónde íbamos a guardarlos. Aquella anécdota fue tan divertida que quedó guardada en la memoria de muchos amigos de la infancia. Finalmente y a la mañana siguiente, apareció un vecino, que nos había visto llegar con los animales al pueblo, junto con el pastor y dueño, vecino de Hurchillo. Éste nos comentó que perdió a la oveja madre, preñada, hacía varias semanas a consecuencia de la riada. La recompensa o donativo que éste señor nos dio fue de cincuenta pesetas y con ellas nos compramos un bollo de chocolate que nos comimos a ‘’pellizcos’’, con una decepción visible en nuestras caras y que nunca olvidaremos.

P.S. ¿Cuál es la amenaza más grande para la naturaleza de nuestro entorno?

E.P. La amenaza más grande a la que se enfrenta la naturaleza de nuestro entorno es sin duda EL SER HUMANO y sus acciones de destrucción, transformaciones agrarias y ocupación urbanística de algunos espacios. Por suerte la Loma está bien protegida y debemos de conservarla SIEMPRE.

P.S. ¿Qué podemos hacer a nivel personal para evitar este problema?

E.P. Sobre todo concienciar a los más jóvenes y en especial a los niños. Creo que los centros educativos podrían ayudar bastante con este tema, además de los ayuntamientos, organizando excursiones, jornadas de convivencia y charlas sobre el medioambiente. No se trata solamente de plantar un árbol, ser trata de cuidarlo y respetarlo también.

 P.S. Además de tu entusiasmo hacia el medio natural que nos rodea, en muchos de tus vídeos haces interpretaciones musicales. ¿Dónde y cuándo surge esta pasión hacia la música?

E.P. La música y el poder interpretarla a mi manera es otro de mis hobbies favoritos, cuya afición también me viene desde muy joven. Creo que influenció bastante un profesor que tuve en 5º de E.G.B que solía cantarnos en clase acompañado de una guitarra. En ese instante de mi vida sentí atracción por ese instrumento y posteriormente el saber que mi padre conocía algunos acordes, de los que pude aprender rápidamente. Me regalaron una guitarra que todavía conservo y empecé a “tararear” y componer mis primeras canciones.

La música siempre formará parte de mi vida y me acompaña muchísimo en mis momentos personales. Realmente creo que es una “vía” directa para poder llegar al interior de uno mismo.

P.S. Por último. ¿Qué tres palabras utilizarías para describir a un visitante el entorno natural de Bigastro?

EP. Naturaleza, diversidad e historia.

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El suceso más sangriento de Bigastro

La noche del 26 de junio de 1885 un espantoso suceso perturbó la calma de un Bigastro habitado por algo más de mil quinientas almas.

Mientras las sombras pintaban la noche bigastrense y sus vecinos dormían, de una antigua callejuela surgió un llanto desgarrador que arrancó el sueño a sus apacibles vecinos. Era el llanto de una vecina, la cual acababa de presenciar la muerte de su marido enfermo.

Su muerte se sumó a la de un vecino que murió esa misma semana, ambos fallecidos a causa de una extraña enfermedad que en primer lugar les causaba molestias intestinales, continuado con fuertes diarreas que acababan por causar una total deshidratación, y finalmente la muerte.

Al día siguiente los vecinos sepultaron el cuerpo del fallecido en el antiguo cementerio de la Cruz, donde se rumoreó que otros cuatro vecinos habían comenzado a sufrir los mismos síntomas que los recién fallecidos. La semana siguiente los cuatro vecinos enfermos fallecieron, siendo también sepultados en el mismo lugar.

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Tumbas en el cementerio

Con seis muertes ocurridas en apenas dos semanas, el terror se apoderó de los bigastrenses, que vieron en la enfermedad y muerte a la que estaban siendo sometidos un feroz castigo de Dios.

Desorientados y atemorizados, algunos vecinos se reunieron en torno a la plaza de la Iglesia, donde discutieron qué hacer. Decidieron llevar a cabo una comisión que sirviera de apoyo espiritual y humanitario a las familias que habían sufridos pérdidas. Y de esta manera la recién fundada comisión, presidida por D. Juan Pérez, párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén, recorrió el callejero bigastrense recogiendo limosnas y ofreciendo cánticos y misas a aquellas familias que habían sufrido los efectos del severo castigo divino.

El recorrido diario de la comisión por las calles del pueblo acababa en la Plaza Ramón y Cajal (puerta de Álvaro), donde realizaban una misa en la desaparecida ermita del Santo Sepulcro. En esa plaza quedaba reunido todo el pueblo, suplicando clemencia al cielo que sin piedad le enviaba una condena tan cruel.

Días después volvieron los rumores de vecinos enfermos. En esta ocasión eran ocho, los cuales fallecieron poco después. Bigastro sumaba catorce muertes en apenas un mes, y no serían las últimas, pues habían seis enfermos más.

Tras el último funeral de los catorce acontecidos, los atemorizados bigastrenses se agolparon a las puertas de la iglesia, pidiendo clemencia divina y algo más… querían a los patronos de Bigastro recorriendo las calles del pueblo, para que éstos pudieran limpiar de muerte, enfermedad y miedo el callejero bigastrense.

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Enfermos por epidemia

Entraron en la iglesia y bajaron de sus altares a la Virgen de Belén y a San Joaquín. Los sacaron a la plaza y desde allí recorrieron entre súplicas, cánticos amargos y lágrimas todas las calles de Bigastro. Pararon frente a las casas de las catorce víctimas mortales, y también frente a seis casas más, pues la condena divina continuaba su imparable labor, la de matar sin piedad.

Los patronos volvieron a la iglesia, y poco después fallecieron seis bigastrenses más. Veintidós muertes en apenas dos meses. Se trataba del cólera. Una enfermedad que se cebó especialmente con Bigastro por la miseria, hambre y falta de higiene existente en el pueblo.

El diez de septiembre del mismo año el Gobernador Civil de Alicante envió 250 pesetas para atender a las familias víctimas de las muertes acontecidas. Gracias a la ayuda se mejoró gradualmente la higiene del municipio, especialmente la de sus aguas, y la enfermedad dejó de atormentar a Bigastro, pueblo que sufrió en ese verano de 1885 uno de los sucesos más devastadores de su historia.

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Bigastro, ataques piratas y un convento perdido

Hace unas semanas tuve ocasión de visitar el Museo de Semana Santa de la vecina Orihuela. Un museo instalado en el interior del antiquísimo Convento de la Merced, del que dicen que acogió a San Vicente Ferrer a principios del siglo XV.

Paseando por su interior intenté imaginar cómo debió ser aquel convento con su claustro anexo –  ahora instalado en la Santa Iglesia Catedral del Salvador -, pues durante parte de su historia el convento perteneció al Cabildo de la Catedral de Orihuela, fundador del Lugar Nuevo de los Canónigos, el antiguo Bigastro.

Entonces recordé que en tiempos muy antiguos Bigastro pudo tener un extraordinario convento, pues debido a la autoridad de un señor muy poderoso estuvo destinado a tenerlo, pero ese convento nunca llegó a hacerse realidad. ¿Por qué motivo? Viajemos pues.

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Ataque pirata

Retrocedemos las manecillas del reloj hasta el 5 de marzo de 1639. Un día de una importancia capital para la historia de Bigastro, pues de lo ocurrido ese día dependió su fundación.

Ese día un caballero llamado Tomás Pedrós – poseedor de amplios territorios en toda la comarca de la Vega Baja – redactó su testamento. En él dejo por escrito que parte de su patrimonio debía pasar a manos de los padres cartujanos una vez aconteciera su muerte, pero con una condición, y es que los cartujos debían construir un gran convento en el lugar que él expresamente indicó. Y el lugar escogido fue el mismo corazón de Bigastro, su Plaza de la Iglesia (por entonces inexistente).

Si pasado un tiempo los padres cartujos no cumplían con su palabra de construir el convento en dicho lugar, todos los derechos de propiedad de los terrenos pasarían al Cabildo de la Catedral de Orihuela.

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Orden de los cartujos

Sucedió que cuando los cartujos – que por entonces vivían en un monasterio de San Ginés- recibieron la herencia de Tomás Pedrós, aprovecharon la ocasión para en 1654 trasladar su residencia al actual Bigastro, viviendo en una gran finca que había en lo que hoy es la Plaza de la Iglesia, donde debían construir el convento exigido por Tomás Pedrós.

Duraron poco, y es que las penurias que aquí sufrían ante la falta de alimentos y las malas condiciones higiénicas provocaron que tan solo dos años después – en 1656 – decidieran volver al monasterio de San Ginés, pero no para siempre.

Poco después – en 1662 – los frecuentes ataques piratas que sufrían por la cercanía al mar de su monasterio de San Ginés provocaron que los atemorizados cartujos se refugiaran nuevamente en el actual Bigastro, hasta que pasado el peligro pirata regresaron de nuevo al monasterio de San Ginés.

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Emblema de los cartujos

Veinte años después, debido a la falta de recursos y ante la imposibilidad de poder cumplir con su palabra, la orden de los padres cartujos abandonaron su monasterio de San Ginés y perdieron el legado heredado.

Puestas así las cosas el actual Bigastro se quedaría sin el convento soñado por Tomás Pedrós, pasando la propiedad de los terrenos bigastrenses al Cabildo de la Catedral de Orihuela, los cuales decidieron aceptar el reto y sacar partido a la antigua herencia de Tomás Pedros, pero no para construir un convento como él había soñado, sino para construir toda una nueva población. El antiguo Lugar Nuevo de los Canónigos, actual Bigastro.

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José Antonio Pérez: “Tenía unos cuatro años cuando mi padre me llevó a ver una función de cine…”

José Antonio Pérez Navarro se declara un “cinéfilo empedernido”, y por el brillo que asoma en sus ojos cuando habla del séptimo arte, puedo asegurar que lo es.

Descubrió la magia del cine siendo un niño, y desde entonces le ha dedicado parte de su vida, incluso como gerente de uno de los antiguos cines existentes en Bigastro. Sobre la amplia mesa de su despacho, colmada de maravillosos carteles antiguos y de entrañables recuerdos, José Antonio nos conduce en un viaje a través del tiempo, donde rememoramos aquellas inolvidables tardes de cine de pueblo.

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José Antonio junto a su maravillosa colección de material cinematrográfico

Pascual Segura.  Te declaras un cinéfilo empedernido. ¿Cuándo surge tu afición al cine?

José Antonio. Tenía unos cuatro años cuando mi padre me llevó a ver una función de cine a la sala existente en el pueblo, por aquel entonces era el “Cine de Alberto”. Debido a un corte de electricidad la proyección se suspendió -esto ocurría con mucha frecuencia en aquella época-, y tuvieron que aplazar la proyección para el día siguiente. La ansiedad que me produjo querer ver la función y no poder, me convirtió en un cinéfilo empedernido.

P.S. ¿Cuándo supiste cómo debía gestionarse un negocio de cine?

J.A. Tendría entre los diez y quince años. Estaba aprendiendo el oficio de mancebo en la farmacia de mi primo el farmacéutico, Antonio Gálvez.  Hubo una época en la que Antonio junto a mi otro primo Francisco Andreu, llevaron en arriendo el “Cine Pérez-Miravete”, y la programación se ejecutaba en la farmacia. La contabilizaba mi maestro D. José Nieto, que me daba acceso a la publicidad y a la programación de las pelis que se proyectaban con posterioridad. Como niño que era, me producía mucha emoción conocer de antemano las películas que se proyectarían días después en Bigastro.

PS. ¿Cuántos cines hubo en Bigastro?

J.A. Tres. Primero fue el Cine Alberto. Una vez desaparecido éste llegaron los cines Pérez-Miravete y Grau.

P.S. ¿Cómo eran aquellos cines?

J.A. Del “Cine de Alberto”  recuerdo  un grandioso salón llenos de filas de butacas, con grandes pasquines de publicidad de películas pegados a las paredes con una cartelera junto a una de las puertas de la entrada.

Del “Pérez-Miravete” recuerdo un gran patio de butacas pintadas de rojo de más de quinientas localidades. Había un pasillo central ancho y dos laterales más estrechos. En la mitad de la sala otro pasillo algo más ancho. Tenía un anfiteatro -conocido como gallinero- con butacas en la parte frontal, y detrás con cuatro o cinco grandes escalones de obra. Recuerdo que desde el último escalón los niños podíamos poner la mano para interferir en la proyección.

Las paredes tenían corcho y fibra de vidrio para conseguir un buen sonido. Frente a la pantalla había una gran cortina roja, y en el flequillo de la parte superior un letrero que ponía “Cine Pérez-Miravete”.

El vestíbulo tenía tres puertas que daban acceso al salón a través de los tres pasillos. Estaba repleto de pasquines de las próximas películas a proyectar. Había una cantina con una barra que daba al vestíbulo, donde se vendían cartuchos de pipas a real, sidras y limonadas. Junto a la cantina unos aseos independientes de los del anfiteatro, ya que se accedía por distinta puerta. Por último, había una pequeña habitación con su puerta que era la taquilla donde se dispensaban las entradas.

Del “Cine Grau “. Manuel Grau, su propietario, trasformó parte de su almacén de almendra – situado en la fachada de la calle General  Yagüe- en un cine de verano, ubicándolo en la parte interior y dejando de almacén la parte con acceso a la calle, donde con posterioridad se instalaría el cine de invierno.  Se inauguró con la proyección de la película “El halcón y la flecha” con un lleno impresionante.

Mi tío Tomás Navarro, con quien trabajé toda mi vida, se convirtió en el dueño de todas las salas, así como de la construcción del cine de invierno, y yo ejercí el puesto de gerente, derivando en mí todo lo relacionado con la contratación, programación, billetaje, transporte, contabilidad, actas de inspección, conformidad etc.

Existía una red de empleados para el buen funcionamiento del cine: taquillero, operador, acomodador, portero, personal de limpieza, etc.

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Antiguas etiquetas empleadas para el transporte de los rollos de películas

P.S. ¿Cómo traían y llevaban las películas a otros cines?

J.A. Al tener contratado de jueves a domingo, los distribuidores enviaban las películas por transporte -normalmente a través del autobús de línea-, para que obrase en nuestro poder el jueves. Lunes por la mañana la devolvíamos a través del mismo medio de transporte.

En los últimos años el transporte se organizó a través de “Transportes Films”, una empresa especializada en películas. Los empresarios las recogíamos y devolvíamos en un lugar determinado. Primero en el garaje del “Hotel Palas” y después en el garaje Duque, de la vecina Orihuela.

P.S. ¿Con qué criterio se compraban las películas que más tarde se proyectaban?

J.A. Para la contratación de las películas, las casas distribuidoras tenían su red de agentes que se desplazaban a todas las localidades del país, para presentar sus listas de contratación compuestas por varias películas. Podían oscilar entre una y veinticinco, en función de la fecha de presentación de la siguiente lista.

Por ejemplo en Bigastro, cuando el agente visitaba la plaza para contratar la lista juntos, negociábamos los precios de cada una de las películas que componían la lista y se firmaba dando conformidad por el alquiler, que normalmente era de jueves a domingo.

P.S. ¿Dónde y cómo se anunciaban las películas que iban a proyectar?

Recuerdo que las funciones que se proyectaban en la sala del “Pérez Miravete”, en programas dobles, se publicitaban a través de una cartelera rodeada de luces que se encendían un par de horas antes del comienzo, y donde se indicaban las películas a proyectar y la hora de comienzo. Estaba instalado en la casa de Paco el del Molino, ángulo de la Calle Purísima con el pasaje Dr. Fleming. Aquel que no había visto ninguna publicidad, viendo la cartelera con la luz encendida sabía que a continuación había función de cine.

Una vez que se contrataba una película era anunciada en un gran afiche que se colgaba en la pared del vestíbulo del cine. La semana de la proyección se colocaban diez o doce afiches de cartón en las carteleras, tanto en la puerta del cine como en el centro del pueblo,  tanto en la esquina del pestillo como junto al “Bar Pachicha”.

Los domingos en el vestíbulo de la iglesia se mostraban los afiches  –pequeños programas-  de las películas. Éstos venían con la calificación establecida por la censura de la época recomendada por edades del siguiente modo: un 1 para todos los públicos, el 2 para mayores de catorce años, el 3 para los mayores de dieciocho, el 3R para las películas “con reparo”, y el 4 para aquellas que solo podían ver unos pocos…

También los domingos a la salida de misa se distribuían unos afiches de mano de una de las películas a proyectar, que previamente se habían llevado a la imprenta, y por detrás se ponía la hora de las películas con un pequeño comentario. Algunas veces se publicitada en la radio.

P.S. ¿En qué momento desaparecen los negocios de cine y por qué motivo?

J.A. Fue a consecuencia de la popularidad alcanzada por la televisión, y posteriormente por ser la época en la que empezaron a florecer los llamados “videoclub”, los cuales permitían el alquiler de películas que podías ver cómodamente en el salón de tu casa, sin la necesidad de desplazarte a una sala de cine, que además era más caro. También influyó el negocio de la construcción, pues los empresarios se encontraron con enormes solares para poder edificar situados en los centros de los pueblos.

P.S. ¿Qué anécdotas recuerdas?

J.A. Recuerdo una anécdota de aquellas fechas en la que un domingo que estaban anunciadas dos películas, no sé por qué motivo no vino una de ellas y con premura mi primo Toni se tuvo que desplazar con su Volkswagen escarabajo a una casa distribuidora de las que había en Murcia. Trajo una película sustituta y no veas mi alegría cuando ví que era “Atila Rey de los Hunos”, ¡una película de acción!, que eran de las que nos gustaban a los jóvenes.

En cierta ocasión el “Cine Cano” de Jacarilla y el “Pérez-Miravete” de Bigastro compartieron películas para que saliera más económica su adquisición.  Cuando acababa una película en Bigastro tenía que llevarla rápidamente en coche a Jacarilla.

Recuerdo que un día íbamos muy pillados de tiempo y a la altura del puente de Jacarilla, al coger la curva más rápido de lo normal, el coche me dio un trompo y quedé cruzado en la carretera con el morro fuera del puente.

Intenté arrancarlo lo más rápido posible, pero como tenía una velocidad metida lo que hice fue darle otro empujón hacia el vacío. Tuve que calmarme y cuando estuve seguro de poder hacer las cosas correctamente, lo arranqué y metí la marcha atrás. Entonces pude salir de allí y llevé el rollo de la película a Jacarilla, donde me esperaban desde hacía rato.

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