Archivo del Autor: Pascual Segura

Acerca de Pascual Segura

¡Hola! Mi nombre es Pascual Segura y soy Diplomado en Biblioteconomía y Licenciado en Documentación por la Universidad de Murcia, y Experto en Gestión de Información Documental por la Universidad Jaume I de Castellón. De mi pasión hacia la puesta en valor del patrimonio documental tienen gran parte de culpa mi formación (Universitad Complutense de Madrid, Universidad de Alicante, Universidad de Salamanca, Universidad Internacional del Mar, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Universidad Nacional de Colombia, ANABAD, etc.), y mis aficiones a la lectura, la fotografía, la música, la investigación y las tecnologías de la información. Gracias a ello, he podido llevar a cabo mis propósitos profesionales en el Archivo Histórico de Las Torres de Cotillas (Murcia), el Museo Arqueológico Provincial de Alicante (MARQ), en el Archivo de la Diputación Provincial de Alicante, en las Cortes Generales del Senado, así como diversos archivos y bibliotecas municipales.

Color y melodía de los cabezos de Bigastro. Ñoras y caracolas

A lo largo de la historia de Bigastro los trabajos desempeñados por sus vecinos han evolucionado, principalmente en base a la carestía y a la disponibilidad de medios de la época, así como a las circunstancias climatológicas y geográficas del municipio. El secado de las ñoras para su transformación y venta como pimentón es un buen ejemplo de ellos.

1. Agricultores junto a una cosecha de berenjenas y ñoras o pimientos de bola

Familia bigastrense de los Gallo, junto a una cosecha de ñoras y berenjenas

A mediados del siglo pasado las partes orientadas al sur de los cabezos bigastrenses eran empleadas como secaderos de pimientos de la variedad conocida como ñora o bola: de forma redonda, pequeño, maduro y de color rojo. De esta manera, grandes extensiones de cabezos como el de los pinos o lo chusco eran arrendados por el ayuntamiento a vecinos dedicados a la explotación de los mismos.

Ñoras

Ñora o pimiento de bola

De la ñora se extrae el pimentón, un elemento imprescindible en la cocina y la confección de numerosos embutidos, por su carácter de producto conservante y curativo. Durante muchos años el pimentón supuso un gran aporte a la industria alimentaria de pueblos de nuestra comarca, como Guardamar, y la vecina Murcia. Un pimiento seco que podía ser aprovechado durante todo el año en épocas en las que los pimientos grandes morrones, verdes o rojos, sólo podían ser adquirirlos en temporada de primavera verano. El nombre de ñora surgió a raíz de la gran producción de pimientos de bola en las áreas cultivadas de la localidad de La Ñora, muy cerca de la ciudad de Murcia, siendo un cultivo introducido por los frailes jerónimos en el siglo XVII.

El procedimiento consistía en primer lugar en el cultivo y recolección de las ñoras en la huerta bigastrense, para ser trasladadas en carretas a los cabezos donde se dejaban secar en los días de sol, ofreciendo a los vecinos una bonita estampa coloreada.

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Secadero de pimientos de bola o ñoras

Era un trabajo que se realizaba a partir de septiembre, principalmente por familias como los Gallos y las vecinas del municipio, las cuales acudían al cabezo a toda prisa al escuchar el sonido que emitía a modo de llamada el guardia del secadero, con la ayuda de una caracola.

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Modo de hacer sonar una caracola

Las llamadas de la caracola eran muchas a lo largo del día, pues a las llamadas que anunciaban que las vecinas debían subir a colocar las ñoras, había que añadir las que anunciaban que debían girarlas o abrirlas, con el fin de que secaran bien. La última llamada anunciaba su recogida, la cual podía adelantarse al atardecer si había probabilidad de lluvia. Una vez recogidas, las ñoras quedaban dispuestas en grandes almacenes, incluso en las propias viviendas, siempre de manera esparcida y nunca en sacos, pues necesitaban ser aireados.

 

Fuentes documentales: Guía turística del núcleo urbano. Historia de un lugar [Pascual Segura]. Universidad de Murcia [Saavedra Fajardo]

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Voces para el recuerdo

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Cartel anunciador

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Almendraos

Ingredientes

  • 1 kg. de almendra.Almendrados
  • 3/4 kg. de azúcar.
  • 6 huevos.
  • 125 gr. de cabello de ángel.
  • Obleas.
  • Raspadura de limón.

Preparación

  • Colocar la almendra en un bol.
  • Incorporar las yemas, 1 huevo y la raspadura de limón.
  • Poner en el mismo bol 3/4 kg. de azúcar y el cabello de ángel.
  • Amasar todo.
  • Dar forma de pequeñas tortas y colocarlas sobre las obleas.
  • Hornear durante 25 minutos a 160 grados.

¡Buen provecho!

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Bombardeos en Bigastro en la Guerra Civil Española

Corría el año 1936 cuando tuvo lugar la sublevación militar que desencadenó una de las mayores desdichas de la historia reciente de nuestro país: la Guerra Civil Española.

Batalla tras batalla la rebelión nacionalista fue tomando territorios, resultando una España dividida en dos bandos: el nacional y el republicano. Nuestra región quedó cercada en el interior del bando republicano, por lo que en nuestra provincia, y por ende en Bigastro, los acontecimientos ocurridos entre los años 1936 y 1939 estuvieron supeditados a las situaciones propias de la zona en la que nos encontrábamos: la zona republicana.

De esta manera, en el Bigastro gobernado por entonces por D. José Aureliano Díaz, la lealtad y la complicidad hicieron que no ocurrieran episodios tan intensos como los acontecidos en otros pueblos circundantes, aunque durante el transcurso del conflicto bélico los acontecimientos ocurridos más allá del término bigastrense provocaron situaciones de cambio, en un ambiente en el que a pocos metros no era difícil percibir el olor a pólvora quemada.

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Salvador Bañuls en compañía de las autoridades en la plaza de la Constitución

Uno de los cambios más contundentes fue la decisión del alcalde de convertir la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Belén en almacén de abastecimientos, la casa del párroco en hospital de sangre y casa de refugiados, y el antiguo asilo (conocido como las monjas), propiedad de Irene Rubio, convertirlo en casa-cuartel de los guardias de seguridad y asalto.

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Acta municipal en la que se indican los nuevos usos de los edificios religiosos

Aunque sin duda uno de los acontecimientos más notables tuvo lugar en abril  de 1938, cuando el pueblo de Bigastro fue bombardeado por el bando nacional. Un año, en el que la ofensiva nacional hacia el área republicana fue más perseverante. El 25 de mayo de ese mismo año, Alicante fue bombardeada por un escuadrón italiano con base en Mallorca, provocando 300 muertos. Tres meses después, 19 personas sucumbían en una Torrevieja bombardeada, también por un escuadrón italiano. El año 1938 se convirtió en un año de guerra, tragedia y bombardeos en nuestra provincia, pero ¿y Bigastro? Alicante era una ciudad primordial para la resistencia republicana, y Torrevieja podía entenderse como un puerto enemigo, pero, ¿por qué bombardear Bigastro? ¿qué había de especial en Bigastro que llamara la atención de la aviación afín al bando nacional?

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Escuadra de la aviación italiana

Ocurrió en abril de 1938, entre las dos y las tres de la madrugada, cuando un escuadrón de la aviación del bando nacional dejó caer una de sus bombas en la antigua yesera ubicada en Bigastro, en la parte derecha de la entrada al municipio desde Orihuela. La yesera era una factoría en la que se obtenía yeso. Para producirlo, tenía un horno de dimensiones gigantescas parcialmente enterrado, aprovechando el desnivel del terreno, con unas paredes de un espesor de más de medio metro y alrededor de 3 metros de altura. El horno se cargaba de aljez, la roca de la que se extrae el yeso, cociéndose durante periodos de 24 horas, lo que obligaba a suministrarle combustible de forma permanente. Trabajo que igualmente se realizaba de día como de noche, pues había que alimentar el horno de forma constante.

Durante la madrugada, el escuadrón nacional sobrevolaba nuestra comarca cuando uno de los pilotos observó la nube blanquecina que desprendía la yesera. Confundiendo ésta con una gran factoría  de armas o suministros del bando republicano, dejó caer una bomba con el fin de destruirla e inutilizar las fuerzas enemigas. La bomba descendió en dirección a la yesera, introduciéndose en un pozo que existía en los terrenos de una familia bigastrense apodados “los sardinas”. La explosión fue de tal magnitud que despertó a los vecinos del pueblo, cundiendo el pánico entre muchos de ellos. Lo recuerda con emoción Mariano López, nonagenario bigastrense que hoy vive a pocos metros de la antigua yesera y que siendo un niño, tras la fuerte explosión saltó de la cama y se dirigió corriendo hacia el lugar donde había ocurrido el desastre.

Cuando llegó, el pequeño Mariano vio un considerable cráter en el lugar que ocupaba el pozo, destrozado en su totalidad, así como cascotes y rocas esparcidas por los terrenos adyacentes, algunos desplazados decenas de metros hasta el otro margen de la carretera, en dirección norte.

Hoy, con una leve sonrisa, más amarga que alegre, Mariano recuerda como al día siguiente “no hubo colegio, y fuimos todos los críos a unos campos de almendros que habían junto a la yesera, para ver los destrozos que habían hecho en los árboles los cascotes lanzados por la explosión”.

Las reacciones desde el Ayuntamiento no se hicieron esperar, pues tal y como escribió el secretario Juan Gálvez en las actas municipales que hoy se encuentran documentadas, el alcalde D. José Aureliano Díaz ordenó que “ni una sola lámpara eléctrica tuviera luz en el pueblo, para evitar servir de guía a la aviación facciosa”. Una medida, que el alcalde ya había previsto un año antes ante el temor de que Bigastro fuera bombardeado, pero fue una medida más ingeniosa.

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Orden de apagado total de las lámparas dada por D. José Aureliano Díaz

El domingo 4 de abril de 1937, el alcalde bigastrense ordenó pagar un jornal a un vecino para que pintara las lámparas de cristal del alumbrado eléctrico de la vía pública, para que las luces fueran más tenues y evitar así que las lámparas sirvieran de guía a los aviones del bando nacional y que bombardearan Bigastro. Una medida por parte del alcalde, que dados los hechos ocurridos meses después, no fue exagerada, ya que si el escuadrón nacional, alertado por el humo del horno de la yesera, hubiese visto además puntos de luz en el pueblo, las consecuencias podrían haber sido desastrosas.

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Orden de pintar las lámparas para atenuar la luz dada por D. José Aureliano Díaz

Primero se pintaron las lámparas, después se ordenaron apagar, pero no fueron las únicas decisiones tomadas en favor del bando dominante en nuestra comarca, pues D. José Aureliano Díaz, destinó un porcentaje del presupuesto municipal para ayudar al ejército republicano, además de imprimir folletos en apoyo de los batallones de aviación republicana, para más tarde repartirlos por el pueblo con la finalidad de que los jóvenes bigastrenses se alistaran en dichas compañías.

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Folleto de alistamiento a la aviación republicana

Órdenes a las que acompañó el domingo 22 de mayo de 1938 con un discurso que proclamó a los vecinos, reunidos en la entonces nombrada como plaza de la República –actual plaza de la Constitución- diciendo así: “Todos unidos con nuestra fe, entusiasmo y espíritu antifascista luchemos por España para aplastar al fascismo nacional y extranjero con el triunfo de nuestras gloriosas armas, las cuales se hallan sostenidas por una muralla infranqueable de pechos antifascistas.”

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La primera sociedad mística de Bigastro. Un encuentro con los orígenes.

Podemos decir que durante el siglo XVIII, la comarca de la Vega Baja, en la provincia de Alicante, fue una región donde la colonización de territorios fue una práctica frecuente. La mayoría de las veces la colonización se llevaba a cabo mediante el establecimiento de señoríos de jurisdicción alfonsina, autoridad otorgada en 1329 por Alfonso II de Valencia y IV de Aragón, a los vecinos del Reino de Valencia.

De esta manera, para el pueblo de Bigastro, el cabildo de la catedral de Orihuela era el encargado de nombrar los cargos municipales, autorizando y presidiendo las asambleas vecinales, siendo la voz apoderada a la hora de dar el beneplácito a los acuerdos de la corporación del lugar. Y con esta serie de condiciones realizaron el juramento los nuevos vasallos en la víspera de Navidad del año 1701, dando lugar a la fundación del pueblo de Bigastro.

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Vista de la plaza de la Constitución

Una década después, la pérdida de beneficios por parte del cabildo de la catedral de Orihuela, a consecuencia de la partida de muchos de los vecinos del antiguo Bigastro, que marcharon a otros lugares ante la imposibilidad de hacer frente al pago de los impuestos, provocó que en 1715 este modificara las condiciones impuestas a los vasallos, incorporando nuevas limitaciones, tasas y la entrega de un mayor número de tierras a los vecinos.

Surge entonces una nueva oportunidad para el progreso de Bigastro, el cual se fue desarrollando y transformando con el paso de los años con nuevas condiciones tributarias, un nuevo reparto de tierras, la llegada de nuevas familias, nuevas construcciones como el molino harinero, construido en 1770 gracias a la autorización que el cabildo de la catedral de Orihuela solicitó al Consejo Supremo de Castilla, el 1 de diciembre de 1740, y la fundación de la primera sociedad mística local: una cofradía que congregaría a los vecinos más distinguidos de la renovada fundación bigastrense.

La Cofradía de Nuestra Señora del Rosario se fundó en Bigastro con anterioridad al año 1721, siendo su mayor impulsor y protector Juan Rufete, estando ubicada primeramente en la antigua iglesia de la torre (Torre de Masquefa), pasando después a ocupar un lugar principal el 31 de mayo de 1727 en la recién construida iglesia parroquial de Nuestra Señora de Belén.

Una cofradía que contaba con su propio espacio dentro del templo parroquial, pues construyó la capilla con su retablo en la parte izquierda del crucero de la iglesia, donde hoy encontramos la majestuosa capilla y retablo de la Purísima Concepción. Además, compraron manteles de altar y diferentes ornamentos para la capilla, y construyeron una fosa la cual de ahí en adelante debía alojar los cuerpos de los mayordomos de la cofradía, los de sus mujeres y sus hijos.

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Interior de la parroquia de Nuestra Señora de Belén

La relevancia de la cofradía debió ser muy significativa, además de ser la única existente en Bigastro en la época, pues el tres de mayo de 1771 Juan Francisco de Bernal remitió a Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda, un interesantísimo informe hoy conservado en el Archivo Histórico Nacional que informaba sobre las cofradías y congregaciones religiosas existentes en Orihuela y los pueblos de su partido, entre los que naturalmente se encontraba Bigastro.

Juan Francisco de Bernal tomó nota de las cofradías existentes en Bigastro, indicando la de Nuestra Señora del Rosario con un total de veinticuatro mayordomos y ciento sesenta cofrades. Teniendo en cuenta que ese año Bigastro contaba con aproximadamente ochocientos habitantes, y que los niños y las mujeres no tenían cabida en la cofradía, pues ser miembro de la misma estaba reservado a los hombres, podemos señalar que aproximadamente el 53% de los hombres de Bigastro formaban parte de la cofradía, bien como cofrades o mayordomos.

Una cofradía, la primera sociedad mística bigastrense, que a través del tiempo ha llegado hasta nuestros días con una tradición y melodía propia: la del canto de los auroros.

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